La mamá llamó a comer tres veces pero los niños no bajaron. El padre se acercó al segundo llamado después de apagar el televisor y levantarse de la cama. Cuando llegó, preguntó por ellos. ‘No sé, deben estar con el compu’, respondió la madre casi sin mirarlo porque sus ojos estaban en la cuchara con la que servía el consomé. ‘Bajen, se enfría’, gritó el padre. Los niños se acercaron a la escalera y dijeron que no bajarían, que estaban chateando con sus amigos. Ellos comieron solos y quedó la mitad del consomé en la olla.

Las nuevas tecnologías y las redes sociales, dos actores principales de la era digital, han penetrado fuertemente en las prácticas más cotidianas de las personas. Situación que se traduce, por ejemplo, en menos niños en las plazas y más encerrados en los cuartos jugando Counter Strike. Sí, quizá pensándolo así podemos darle una mirada fatalista al escenario. Pero expertos indican que se trata de “nuevas prácticas que reemplazan a las anteriores y que no es bueno analizar este nuevo mundo en términos de bueno/malo aunque sí hay que tener en cuenta que hay ventajas y desventajas a las que son importantes prestar atención”.

Dentro de los miedos al que se enfrentan los padres por los dispositivos electrónicos y la penetración de internet en los hogares es, sin duda, la exposición de sus hijos con el mundo de lo público, al que, en otros tiempos, les era mucho más “lejano” llegar. “Hoy en día hay una familia que es más o menos la misma de antes pero que está muy intervenida por estímulos externos que antes no influían”, sostiene Anastasia Fernández, sicóloga infanto-juvenil. Y, agrega, “antes lo que decía el papá y la mamá era lo que se hacía en la casa, hoy en día los niños están muy expuestos a opiniones de terceros y a conocimientos ilimitados que hay con el acceso a la tecnología”.

El cambio es real, la clave radica en cómo se vive en esta nueva forma de ser social. Por su parte, el sociólogo Rodolfo Martinic entiende que “ante todo, depende del uso, y sobre todo de las normas que enmarquen su uso”. Con esto, la necesidad de que las tecnologías estén, como todas las prácticas de la vida, reguladas por límites sería una de las grandes soluciones.

Asimismo, el sociólogo propone pensar desde dos aristas: los beneficios y las consecuencias negativas por la falta de límites en el uso, elevando la situación al control real de los padres, lo que se traduce en un alivio para los que creen que no existe. Dentro de las consecuencias negativas, el experto sostiene que una de las más importantes es la del uso intensivo, en donde se puede encontrar cierta dependencia o adicción a los dispositivos tecnológicos.

Y otro problema importante es la exposición individual que conllevan las redes sociales, generan las condiciones precisas para que los infantes sean objeto de engaños, abusos y extorsiones. “Durante el 2016 existieron cerca de 300 casos donde hubo involucrados niños. El delito que se repitió fue el abuso sexual impropio, siendo las redes sociales el medio de contacto de abusadores con niños o adolescentes”, relata a Caras Temas José Muñoz Maulén, subcomisario de la Brigada Investigadora de Cibercrimen Metropolitana.

El subcomisario también explica que la mayoría de las veces los abusadores llegan a tener contacto con los chicos a través de plataformas de juegos online que cuentan con espacios de chats. Es allí en donde se intercambian números de teléfonos, mails o cuentas de Facebook, plataformas que pertenecen al mundo privado, a partir de las que se concretan los contactos. Con este panorama, Martinic sugiere que es necesaria la adaptación de los padres y el ajuste de los estilos de crianza.

El experto explica que la forma más inteligente es no luchar en contra de las tecnologías, ya que son parte de las sociedades contemporáneas, sino establecer normas a sus hijos sobre qué contenidos ver, en qué momentos y por cuáles canales. Por otra parte, dentro de los beneficios de la era de internet está la posibilidad de acceder a un sinfín de información a un clic de distancia, lo que, según el sociólogo, es una oportunidad para estimular tempranamente la reflexividad y el pensamiento crítico de los niños/adolescentes. Además, el uso de la tecnología también facilita de forma exponencial la generación de redes y de vínculos.

Actualidad chilena en el mundo

Un estudio realizado por Google en Chile acerca del comportamiento de los padres frente a la tecnología en casa sostiene que el 65% de ellos permite a sus hijos utilizar sus propios móviles y tablets para acceder a internet y sólo el 18% utiliza Google Safe Search, herramienta que pone límites de búsqueda pensada especialmente para niños.

Además, el estudio revela que sólo el 35% de los padres usa perfiles restringidos en Google Chrome para sus niños y que ese mismo porcentaje dice que su mayor temor es el contacto de sus hijos con extraños a través de internet. Sin dudas, estos números son alarmantes debido a que dentro del registro de la PDI, las denuncias por abuso van en ascenso desde los últimos años.

“Los padres no son conscientes de los peligros que existen hoy en día en internet. Esto es una responsabilidad compartida y ellos desconocen el mundo, ese es el principal problema”, declaran desde la Brigada de Investigaciones de Cibercrimen dando cuenta que, en realidad, el problema no es sólo de los niños.

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Los colegios y sus desafíos

No es novedad que los colegios y sus pedagogos han tenido también que afrontar nuevas formas de enseñar porque los niños con los que se encuentran prefieren leer desde una pantalla touch antes que entrar a la biblioteca. Claro, uno de los aspectos fascinantes de la era 2.0 es el mundo multipantalla en el que vivimos. Nuestros sentidos están híper-estimulados, creándonos capacidades que nunca antes habíamos pensado. No es raro escuchar decirle un padre a un hijo: “¿Cómo te concentras con el televisor prendido?”.

Sí, el niño se concentra porque puede leer y estudiar con una pantalla prendida. La vida hoy se describe así y son los hijos los que les enseñan a sus padres cómo sobrellevarla. “Más que afectar el rendimiento académico de los estudiantes, las nuevas tecnologías desafían las prácticas de enseñanza y aprendizaje de las instituciones educativas”, sostiene Martinic.

Esta aseveración no tiene otra explicación de que en realidad lo que naturalmente tiene que pasar es que los colegios y sus profesores deben incorporarse a un mundo que los deja atrás sin preguntarles antes. Chile, siendo el país más conectado de Latinoamérica, según lo anunciaba el año pasado el ex subsecretario de Telecomunicaciones, Pedro Huichalaf en entrevista con CNN Chile, no se quedó atrás y ya cuenta con plataformas innovadoras que lo posicionan como pioneros digitales en el Cono Sur.

El caso de Papinotas en Chile

Papinotas es un sistema de comunicación que permite a los profesionales de las escuelas comunicarse con los apoderados con mensajes de texto directo al celular. ¿Cómo funciona? El profesor ingresa a su cuenta, redacta su mensaje, selecciona a los papás y ellos lo reciben instantáneamente al teléfono, sin importar si éste tiene internet o no.

Así, junto con permitir al colegio pasar del papel a un canal mucho más eficaz, Papinotas transforma el tipo de comunicación que se envía a los padres, con herramientas tecnológicas que promueven que sus usuarios no sólo interactúen con los padres como mediadores de problemas o proveedores de recursos sino que éstos sean parte de los maravillosos logros que sus hijos consiguen día a día.

Esta plataforma lleva un año en Chile y ya cuenta con 250 escuelas dentro de sus clientes, distribuidas en las 15 regiones del país, esperando que su crecimiento sea constante en relación a los números del primer año.

“Lo que nos falta, si queremos estar más conectados con nuestros hijos, es entender la importancia de la creación de los lazos. Saber que es importante para ellos que sus padres los acompañen, porque la vida pasa y con ella el tiempo necesario para construir puentes de calidad con ellos”, finaliza Natalia Espinoza, fundadora y gerenta general de Papinotas.