Chile sigue siendo un país bastante conservador y tradicional en diversos ámbitos, pero de acuerdo con los resultados de varios estudios la visión hacia el consumo y cultivo de la cannabis no es uno de ellos. La encuesta Attitude Towards Drug Policies in Latin America, realizada en conjunto por la Universidad Andrés Bello y la Universidad de Londres y publicada en el Journal of Drug Policy, constató que Chile se ubica con el más alto reconocimiento de consumo (40%) y con la mayor aceptación hacia el uso medicinal (7,9 puntos en una escala del 1 al 10). Países cercanos a nuestras fronteras, como Perú y Bolivia, se mostraron mucho más conservadores (14% y 6%, respectivamente).

La relación entre el consumo de la marihuana con la delincuencia y la rebeldía parece ser una idea cada vez más alejada de la visión de los chilenos, dando paso a una aceptación y apertura de mente muchísimo mayor. “Si hacemos una comparación entre hoy y principios de los noventa, vemos que existe una tolerancia bastante relajada respecto a los distintos usos y consumo”, dice el doctor en Ciencia Política y sociólogo de la Universidad de Chile, Octavio Avendaño. “Plantean sus usos alternativos y se comienza a hablar de algo que en un principio sufría una condena social y que generaba un rechazo en amplios sectores de la sociedad”.

¿Qué es lo que ha provocado este cambio de mente? ¿Hay información pertinente al respecto? ¿Cuán responsable es realmente el consumo y con cuánto detalle se conocen los posibles efectos secundarios de la marihuana? 

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Nuevo consumo

Avendaño explica que el cambio frente a la aceptación de la marihuana lleva más de una década en proceso. En los años ochenta, consumir e incluso hablar de la marihuana tenía un grave estigma social, hoy, en cambio, hay una mayor recepción a los distintos usos y hacia el consumo, cosa que se vincula directamente con otro giro fundamental de la sociedad nacional y el mundo: la globalización. “Los medios de comunicación, las redes sociales y todo el intercambio que eso conlleva, genera una transformación cultural”, afirma. Una mayor presencia de población extranjera, no solo inmigrantes, sino que turistas, una frecuencia más intensa en los viajes y un crecimiento de los espacios de esparcimiento, como bares y cafés, amplían el punto de vista de la comunidad, permitiendo el cuestionamiento. Asimismo, la presencia cada vez mayor de pacientes e instituciones que apoyan el consumo medicinal, cosa que inevitablemente provoca que las personas comunes y corrientes abran los ojos. Es lo que sucede, por ejemplo, con la Fundación Mamá Cultiva, que afirma: “tener por objeto agrupar a madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías que no han encontrado una mejoría con la medicina tradicional; buscando impulsar el uso de resina de cannabis, atendiendo a los maravillosos resultados que esta terapia ha logrado”.

Paulina Bobadilla, la fundadora de dicha entidad, dice que desde hace cuatro años han usado la cannabis en distintos formatos, y que han visto una gran reducción de los efectos secundarios de ciertas enfermedades. “En el caso particular del cáncer, se aminora las consecuencias de la quimioterapia: el dolor, náuseas, vómitos y falta de apetito. Actúa de mejor manera que los medicamentos tradicionales que son recetados para mitigar estos molestos efectos”, dice. 

Asimismo, la fundación apoya a niños con otro tipo de patologías y todos ellos han experimentado grandes avances respecto a su calidad de vida. “Creemos que si se respetara el espíritu de la actual ley bastaría para que sus usuarios, ya sean medicinales, espirituales o recreativos, pudieran hacer uso de sus derechos fundamentales en un país democrático como el nuestro”, dice Bobadilla.

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Porque las modificaciones legislativas ya han sucedido, y es muy probable que sigan ajustándose de aquí hasta los próximos diez años. “Estas variaciones dentro de la humanidad podrían perfectamente derivar en una legislación para legalizar el consumo. Diversas iniciativas nacen de la sociedad civil y luego se convierten en temas de gobierno”, dice Avendaño. 

Así fue precisamente cómo ha ido sucediendo, ya que solo dos años atrás la Corte Suprema declaró que la declaró que el cultivo en comunidad de 7 plantas de cannabis, sin dicha autorización, no constituía delito. “En resumen, la Corte falló que las conductas sancionadas deben ser aquellas en que se pone en riesgo la salud pública, por lo que el autocultivo, sin autorización del SAG, destinado a autoconsumo no implicaría peligro alguno para este bien jurídico tutelado”, dice Francisco Herane, abogado de HMMC Abogados. “En el fondo, se modificó el Reglamento de Estupefacientes y Reglamentos de Psicotrópicos, ambos de Ministerio de Salud, y se estableció la posibilidad que el Instituto de Salud Pública podrá autorizar y controlar el uso de cannabis, resina de cannabis, extractos y tinturas de cannabis para la elaboración de productos farmacéuticos de uso humano”, añade. A la vez, los productos farmacéuticos que contengan cannabis, resina de cannabis, extractos y tinturas podrán estar a disposición de las personas, siempre y cuando sea con receta y esta se retenga. De la misma forma, se pueden autorizar la elaboración de productos que contengan cannabis, pero siempre con anterior autorización del ISP, y la venta de productos elaborados con cannabis para fines de investigación científica.

Sin duda este es un gran avance, pero si hablamos de legalización total, aún queda un largo camino por recorrer. La ley establece que: “se sanciona las acciones relacionadas con el cultivo de la planta de cannabis su transformación, tráfico y el uso, consumo, porte y tenencia de cannabis en lugares públicos o de libre acceso al público y en lugares privados, si las personas se hubieren concertado para tal propósito”.

Igualmente, Herane comenta: “Hoy existe un proyecto de ley que propone que sea considerado autocultivo autorizado por ley, la existencia, en un mismo domicilio, de un máximo de 6 plantas individuales, o de una plantación de un máximo de 1 metro cuadrado en interior con luz artificial, y la tenencia, en un mismo domicilio, de un máximo de 500 gramos de sumidades floridas cosechadas secas sin aditivos”.

Jóvenes

No obstante la apertura mental y legal que se ha dado respecto al cultivo y consumo de la marihuana, no toda la sociedad chilena piensa de la misma forma. Los jóvenes son, sin lugar a dudas, los más receptivos y los que tienen una disposición más favorable a los cambios. “Las personas jóvenes en general están más abiertas al cambio, tanto tecnológico, sexual o a distintos hábitos. La aceptación de la marihuana es mucho más evidente en la población más joven que en los adultos, sobre todo los mayores de 50 años”, dice Avendaño. Por esta misma razón, el apoyo y orientación que debieran recibir los jóvenes respecto al uso de la marihuana es fundamental.

A principios de septiembre de 2017 hubo un caso que impactó profundamente a los medios y a los establecimientos escolares: el suicidio de un joven estudiante de segundo medio. Este caso llama particularmente la atención, porque menos de un mes antes el colegio (Alianza Francesa de Vitacura) sorprendió al joven en un baño con marihuana, lo denunció y fue luego detenido por Carabineros. Este caso genera muchas reflexiones respecto a las medidas que tienen los colegios, la información que están recibiendo los jóvenes respecto a la marihuana y cómo afrontar el conjunto de la mejor manera. “Debiera ser una política de Estado informar a los jóvenes sobre los efectos de la marihuana. Tal como debería serlo el enseñar una adecuada sexualidad”, dice Avendaño.

Frente a esta creciente apertura de mente hacia la marihuana, centrada principalmente en los jóvenes, la información y el trato en colegios debiera ser uno de los puntos de partida clave. Hasta el momento, todavía son pocos los establecimientos que cuentan con un círculo de apoyo, entre psicólogos y apoderados, hacIa los adolescentes. La mayoría sigue imponiendo drásticas sanciones que incluyen la expulsión y la detención por Carabineros. Asimismo, la principal información que se les entrega tiene que ver con la criminalidad, en vez de lo que provoca y los posibles efectos secundarios que podría tener. El Dr. Daniel Seijas, siquiatra experto en adicciones de Clínica Las Condes asegura: “Estudios extranjeros y nacionales han demostrado que la marihuana afecta cognitivamente a los usuarios mientras fuman, y en el caso de un inicio precoz antes de los 18 años, estos efectos serían permanentes”.

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Percepción de los riesgos

La idea más generalizada que se tiene del cannabis es que es absolutamente natural. Por ende, la noción que se tiene de los posibles efectos secundarios es mínima. El Observatorio de Políticas de Drogas y Seguridad Humana demostró que Chile tiene la cifra más baja respecto a la percepción del riesgo del consumo de marihuana dentro de los países latinoamericanos. Solo un 7,9, mientras que los riesgos asociados al tabaco y al alcohol superan los ocho puntos. En una sociedad donde el consumo y la aceptación se abren cada vez más, ¿cuánto realmente se sabe de los efectos secundarios de esta droga?

Es fácil centrarse solamente en los efectos placenteros que provoca, como: “efectos hedónicos o placenteros con cambios de percepciones visual, estéticas y cognitivas, aminora la ansiedad (por efecto en receptores GABA) pero no la trata, altera regulación sistema neurovegetativo, reduce parcialmente el dolor, aumenta el apetito (visto en pacientes con cáncer)”, dice el Dr. Seijas. El consumo, sin embargo, conlleva variados efectos secundarios, particularmente para aquellos que sufren de ataques de pánico. “Al afectar el sistema neurovegetativo regulador de la respiración, ritmo cardíaco y aspectos cognitivos, el sufrir una intoxicación severa” aumenta el riesgo de padecer un trastorno de pánico en un plazo de 5 a 10 años. Si bien componentes de la marihuana aminoran la ansiedad, otros desestabilizan el sistema y gatillan o mantiene síntomas del trastorno de pánico”, complementa el Dr. Asimismo, las personas que tienen antecedentes familiares de esquizofrenia u otras enfermedades anímicas, deberían tener mucho cuidado con el consumo y la adicción. 

Otro dato que en general se desconoce, es la reacción distinta que tiene la marihuana en el cuerpo, dependiendo si se fuma o come. Al comerla, dura más tiempo en el organismo porque tiene una absorción mucho más lenta. “Tiene un efecto más demorado, por lo que no se logra regular bien la dosis. Una vez que se ingirió ya no se puede parar el efecto”, dice el Dr. Seijas.

No hay lugar a dudas de que Chile está cambiando su percepción y juicio respecto al consumo de la marihuana. Las leyes ya han obedecido a este cambio y es muy probable que haya más modificaciones a futuro. Sin embargo, aún existe una gran desinformación al respecto, principalmente cuando hablamos del conocimiento que tienen los jóvenes y cómo esta droga les puede afectar el desarrollo. Es así como el cannabis se presenta como un profundo desafío político y social para los próximos años.