Los adultos nos asombramos cuando vemos que los niños se manejan con total destreza frente al computador, también nos llama la atención la agudeza de sus visiones ante la vida y qué decir, las respuestas que dan frente a temas complejos. Justamente porque los chicos ya no son como los de antes y exigen respuestas sólidas y verdaderas a sus capciosas preguntas es que los padres ya no pueden relatar el cuento de la abejita o de que las guaguas vienen en un repollo cuando preguntan acerca de cómo nacen los bebés.

Hablar de sexualidad con los mas chicos de la casa no es un tema menor, de hecho, los padres deben prepararse para cuando llegue el minuto que los hijos les hagan saber algunas de sus interrogantes. La sicóloga infanto juvenil Jessica Sosa del Centro de Terapia del Comportamiento señala que primero es conocer las fases de la sexualidad, “ésta se inicia desde muy temprano, incluso desde los primeros días de nacido un bebé, y siendo ésta vital en el desarrollo de la vida síquica. Cabe señalar que se va gestando en las distintas interacciones que establece el bebé con el adulto que lo cuida, ya sea en el amamantar, limpiar y asear”, dice la profesional, quien aclara que esta situación no se reduce al placer que tiene vinculación con los genitales, sino a todas aquellas actividades destinadas a producir gozo.

Desde la teoría sicoanalítica es posible distinguir varias etapas: oral, anal, fálica, latencia, etapas pregenitales y sucesivamente el ciclo genital adulto. La primera  se extiende desde el nacimiento hasta el momento del destete. Aquí la satisfacción está ligada a la boca y a toda la zona aerodigestiva, el bebé si bien mama para alimentarse, luego de estar ya satisfecho, continúa chupando todo aquello que está a su alcance, incluso a su madre, ligándola al deleite de mamar y de otras instancias agradables donde se involucran la vista, el sonido y el tacto, siendo éstas el baño, canto y caricias.

Alrededor de los 2 años, sin dejar totalmente de lado la fase previa, se comienza a hablar de la fase anal, la cual está relacionada con el control de esfínter, el niño que ha logrado mayor desarrollo, siente complacencia al poder retener sus heces o su orina. Cuando la madre lo asea, es importante que se mantenga un ambiente tranquilo, evitando malas caras o expresiones de desagrado.

Posterior a este periodo aparece la fase fálica, acá las zonas genitales se erogenizan a través del contacto, la limpieza, la masturbación y otras actividades que dan espacio al Complejo de Edipo (el objeto de deseo es la madre), el que debido a represiones propias de la cultura hace que el menor deje de lado sus pulsiones sexuales y dé paso al ciclo de latencia, comprendida entre los 7 y los 13 años. Aquí, el niño se aparta en cierta forma de la investigación sexual previa y comienza a operar con más fuerza la represión en torno a estos temas. Su interés se dirige hacia la escuela, los pares y el aprendizaje. En este periodo se produce un desarrollo de los genitales internos y el crecimiento de los externos.

Se hace vital aclarar que las etapas no se presentan de forma estrictamente delimitadas, ya que suelen permanecer elementos de fases previas en las fases subsiguientes. Los padres verán que la forma como el menor enfrenta los conflictos y elementos de cada fase van configurando su sexualidad y por tanto su relación con los otros y su subjetividad.

La autoexploración

Estas conductas pueden comenzar siendo los niños muy pequeños, lo que es esperable, es importante abordar el tema con cierta naturalidad, ya que efectivamente, el menor siente placer al tocar sus zonas erógenas, sería un error que los padres insistiesen en prohibirlo o decirle cuán mala es su actitud, o las tan escuchadas frases “eso es sucio, es cochino”, porque no lo es, generando así sentimientos de culpa y ambivalencia excesivo.

Es importante explicarles a los chicos que si bien sienten placer en lo que hacen, les gusta, es algo privado, que no debe hacerse frente a la gente o con otras personas, ni con tanta frecuencia. Ahora bien si los padres observan que las conductas autoexploratorias se presentan de forma muy insistente o frente a otras personas, aun habiendo abordado el tema con el niño, es recomendable asistir a un especialista para abordar algún conflicto existente en el desarrollo sicosexual y afectivo del menor. Asimismo, es primordial que los padres investiguen qué tipo de programas televisivos está viendo el niño o qué información está manejando, pues pueden influir en este tipo de conductas excesivas.

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¿Cómo y cuándo hablarle?

Más que sentarse a conversar de sexualidad con los niños la sicóloga opina que lo mejor es entregar en el día a día valores como el respeto y el amor que se debe tener a otros, hacia él mismo y hacia su propio cuerpo, siendo fiel siempre a sus convicciones y principios familiares “es importante que los padres sean un soporte estable, contenedor y consistente que permita al menor pasar por todas las etapas de su sexualidad de la forma más integrada posible, considerando que siempre habrá dificultades”, enfatiza.

Respecto de la genitalidad o sexo propiamente tal, se aconseja a los padres ser activos y una manera de serlo es no hacer participar a los hijos de sus encuentros sexuales, pues aunque les parezca que el niño duerme, ellos sí perciben ruidos y sensaciones.

La especialista estima que otro punto a considerar son los medios de comunicación, que bombardean continuamente no sólo imágenes sexuales, sino con la comercialización de la sexualidad. Ante ello los papás tienen la misión de estar atentos a los programas televisivos que ven sus hijos y a su navegación por Internet. Se les advierte ser críticos, reflexivos, y comentar que no siempre los medios representan la verdad acerca de la sexualidad.

La facultativa invita tanto a las madres como a los padres a hablar acerca de la aparición de los caracteres sexuales secundarios antes de que ocurran. La forma debe ser relajada y muy normal, ya que ellos se asustan por el hecho de su aparición o su ausencia. En el caso de las niñas es recomendable tratar el tema de la menstruación y todo lo que ello implica.

“A los infantes es sustancial explicarles desde bien pequeños que su cuerpo es privado y que no debe ser tocado ni visto por ninguna otra persona. Hablarles acerca de las diferencias entre hombres y mujeres, el respeto a sus genitales, y los roles de género, tema que va a tener un matiz determinado dependiendo de cada familia”, dice la sicóloga.

En cuanto a los detalles que se deben entregar el consejo es siempre dosificar la información. Ojo que ésta será contundente en la medida que permita enfrentar con cierta seguridad la etapa de vida en la que se encuentre el infante respecto a la sexualidad.  Si aun así los padres se sienten muy inseguros y complicados, al hablar de algunas materias, sería bueno, por ejemplo, consultar con un especialista frente a temas determinados, o ayudarse de algún manual que le entregue más confianza.

Al minuto de indicar las diferencias entre un hombre y una mujer, Jessica Sosa enfatiza: “Se les puede explicar que por ser distintos las madres son quienes tienen a los bebés en su útero y justamente es donde nacen (no es necesario mostrarles). Dependiendo de cada familia, también se les puede hablar acerca de las características de cada género”.

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Datos: evitando el abuso

En casa se aprende a respetar la intimidad por ejemplo, los límites corporales, no dañar al otro, no agredir. Trabajar la confianza con el niño, es importante, por eso no es beneficioso castigar fuertemente y de forma continua. Es preciso aceptar sus errores y ayudarle a enfrentarlos.

Es conveniente no generar ansiedades en el niño respecto al tema del abuso, pero sí, desde muy chicos enseñarles, por ejemplo, a no andar desnudos en lugares públicos, o frente a otras personas, y explicarles que nadie lo puede tocar, ni amenazar, ni obligar a hacer nada con su cuerpo y con sus partes íntimas. Es de responsabilidad de los papás estar pendientes de las personas con las que comparte su hijo.

El cuento de la cigüeña

“Creo que el cuento de la cigüeña debe sonarles un poco raro a los niños. Va a depender de la edad, y quizá no sea preponderante entregar todos los detalles. Si vamos a crear una historia, o pensamos modificar la existente, ojalá sea lo más parecida posible a la realidad, incluso pienso que el cuento de la semillita que pone el padre es mucho más cercano a la realidad”, dice la especialista. A su vez, recalca que el evadir dichos temas y ocultar información genera dudas y ansiedades, haciendo que se creen respuestas propias, las cuales muchas veces están alejadas de la realidad.

Por otra parte, es bastante normal que los padres se cuestionen sobre si es necesario hablar de homosexualidad, cuando en la actualidad el tema es tan palpable y evidente, la sicóloga opina que depende mucho de cada familia, “por supuesto que si existe alguien en el entorno que mantenga una relación homosexual y comparta con el niño, se hace ideal comentarles la realidad, sin maquillaje. En caso contrario aconsejo no evadir la pregunta y comentar en qué consiste esta vinculación entre personas del mismo sexo, con el objeto de que cuando crezca lo pueda comprender mejor”.