Como un proceso cultural, es definida la actividad física por los expertos y a su vez, sostienen que es un gran componente para contribuir a la calidad de vida y por ende, a la salud. Este pensamiento tiene estudios de larga data que lo avalan y así también lo deja estipulado la Organización Mundial de la Salud (OMS) en sus recomendaciones sobre la actividad física: “Una persona adulta debe realizar dos veces o más por semana, actividades de fortalecimiento de los grandes grupos musculares”.

Esto suena sencillo si no fuera porque en países como el nuestro, la cifra de población sedentaria alcanza un 80,1%, según la Encuesta Nacional de Hábitos de Actividad Física y Deportes, realizada por el gobierno chileno en 2015. Encontrar una forma distinta de hacer ejercicio ha sido la tendencia este último tiempo, cuando ir al gimnasio no está siendo efectivo o literalmente “aburre”. Esto ha obligado a que las personas cada vez estén buscando maneras de entretenerse mediante el ejercicio.

Así lo explica Alejandro Díaz, psicólogo deportivo de la Red de Salud UC Christus: “Hay personas que al día siguiente de haber realizado actividad física recreativa amanecen contracturadas y más cansadas. Y en realidad estuvieron haciendo muchas cosas de forma secundaria, sin darse cuenta. Ellos están haciendo ejercicio mediante el juego, a través de actividades en las que se tienen que centrar en otra persona o en algo específico y de forma implícita viene toda la parte muscular y el trabajo aeróbico”.

Además del tema físico, el profesional deportivo asegura que en general este tipo de actividades más lúdicas son realizadas en grupo, lo que permitiría desarrollar habilidades comunicativas que pueden traspasar a su vida cotidiana; como el liderazgo, el manejo de situaciones de estrés y la toma de decisiones. Otro factor que influye en las altas tasas de deserción en un deporte es la dificultad de mantener una rutina, por lo que una actividad más entretenida sería uno de los factores para proyectarse en el tiempo.

“Al no tener tantos tipos de normas, como son los deportes en general, el tipo de compromiso que ellos pueden generar son más a largo plazo porque el tipo de exigencia no lo va a comprometer a una especie de rendimiento. Además, existen otros aspectos sociales que tienen que ver con el sentido de pertenencia, ya que es muy importante que la persona se sienta valorada solo por el hecho de participar”, dice Díaz.

Sea cual sea la elección de las personas que quieran empezar a innovar en actividades físicas, la recomendación del profesional es siempre asesorarse con un equipo médico: “Cuando una persona ha sido sedentaria por mucho tiempo debe comenzar con ejercicios suaves como una caminata, clases asistidas, ya que si opta por actividades como el crossfit y no ha tenido una preparación adecuada al largo plazo va a generar más abandono que adhesión al deporte”.

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Acrobacias en el aire

A las siete de la tarde como cada martes, jueves y viernes, Cristina Marambio (28) sale de la fundación en la que trabaja para dirigirse a sus clases de acroyoga. Hace dos años que lo conoció gracias a una amiga y si bien, al comienzo estaba temerosa de poder lograrlo, hoy no lo dejaría por nada del mundo. “El acroyoga tiene eso de que haces posturas muy rápidamente y que se ven desafiantes, y lo son, pero cuando te das cuenta de que las puedes hacer, se siente una emoción tan grande. Entonces es más desafiante que ir al gimnasio, ya que no trabajas por sectores del cuerpo, sino que está todo en juego al mismo tiempo y los avances se ven de forma concreta, ¡estás de cabeza sobre los pies de otra persona!”, dice la trabajadora social que ya ha incentivado con éxito a varios amigos para que se unan a la práctica de esta disciplina.

El acroyoga nació en San Francisco (EE.UU.) en 2002 y mezcla yoga, el masaje tailandés y acrobacias circenses parecidas al del “mano a mano”, pero se diferencia de este último, ya que persiguen fines diferentes. El acroyoga tiene un objetivo mucho más espiritual y orientado a las relaciones humanas. Camila Schneider, instructora de esta metodología en el Centro de Yoga Khuyay en La Reina, explica que “es interesante para la gente que quiere los beneficios del yoga en temas de meditación y calmar la mente, pero es mucho más inquieta. Estas personas prueban una clase de acroyoga y se dan cuenta de que efectivamente en un lapsus de una hora y media estuvieron con la mente solo puesta en la clase y eso también es meditación. Pueden callar su mente y no estar pensando en el futuro, ni en lo que pasó, es un tipo de meditación camuflada”.

Se necesita un mínimo de tres personas para practicar esta disciplina, debido a que mientras uno hace de base, sosteniendo el peso de la persona que hace de volador, existe un tercer individuo que tiene la misión de observar y cuidar que el volador no se caiga y así evitar las lesiones. Según la instructora, son las mujeres universitarias y profesionales jóvenes las que más practican acroyoga y que desde finales de 2015 repletan sus clases en el centro. Tal ha sido el éxito de este tipo de yoga con acrobacias que los más fanáticos se organizan -vía redes sociales- para realizar encuentros gratuitos en distintos parques de Santiago, como el Parque de las Esculturas o el Inés de Suárez en Providencia.

El tiempo como eje central

Actualmente, la gente está cada día más exigente a la hora de escoger una disciplina que los acompañe a largo plazo. Los gimnasios han tenido que innovar y reinventarse agregando distintas clases para llegar a este público objetivo. Una de las metodologías más pedidas este último tiempo se denomina Entrenamiento de alta intensidad a intervalos -HIIT por su sigla en inglés- que consiste en olvidarse del ejercicio que se está haciendo y preocuparse por el tiempo que se le dedica a cada ‘estación’ del entrenamiento.

“El HIIT tiene variantes controladas, como la intensidad y la recuperación, y lo que se busca es generar un estrés metabólico y un déficit de oxígeno en tu cuerpo. Este se produce por el ejercicio que se está generando en ese momento. Se basa en distintos protocolos, hay algunos que pueden ser corriendo, otros empiezan a implementar objetos de gimnasio como pesas rusas o balones y así se ha ido modificando y la gente los va tomando dependiendo de sus necesidades”, dice Diego Belmar, personal trainner en SmartFit y profesor de Educación Física. Según Belmar, esta forma de hacer actividad física, se comparte entre hombres y mujeres que mayoritariamente tienen entre 25 a 40 años, los cuales optan por protocolos en los que se mezclen distintos ejercicios, algo más parecido al crossfit en donde se utilizan saltos, arranques de pesas, movimientos de coordinación y cambio de dirección, entre otros.

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Una clase no dura más de 45 minutos por la intensidad del trabajo y el profesional recomienda partir con un entrenamiento básico en lo que denominó un “4×4”, es decir, cuatro sesiones de cuatro estaciones, donde los tiempos de trabajo varían dependiendo de la persona y el instructor, pero que en general van entre los 20-30 segundos con 15-20 segundos de recuperación. Así con el tiempo y las mejoras en el estado físico las personas pueden ir aumentando las rondas y las distintas estaciones. Belmar explica que no cualquier entrenamiento a intervalos es un HIIT, ya que para que se considere como parte de esta metodología, las personas tienen que estar trabajando a un 80-90% de su capacidad en consumo de oxígeno, lo cual se mide constantemente por medios electrónicos o la frecuencia cardiaca.

Otro aspecto importante a considerar, según el personal trainner, es que en una disciplina como esta, es fundamental el asesoramiento médico: “No cualquier persona puede hacer ejercicio de alta intensidad. Porque puede pasar lo que ocurrió con el crossfit que hoy en día tiene la mayor cantidad de lesiones en el mundo y eso pasa porque se dio a conocer de una manera irresponsable. No todos van a estar capacitados o van a necesitar hacer HIIT”.

El tiempo y ser una forma efectiva de bajar de peso, estos fueron los motivos por los que Patricio Lopetegui (28), prefirió esta disciplina y la practica hace cinco meses. “Básicamente con los entrenamientos HIIT quemas las mismas calorías, que si trotaras una hora. La gracia es que tú puedes ir escogiendo y definiendo lo que vas a hacer cada sesión, lo que hace que la clase sea mucho más entretenida y el tiempo se te pasa más rápido”.

Ciento por ciento actitud

“Me haces parecer locamente enamorada” dice el clímax del coro de la canción Crazy in Love de Beyoncé, que mezcla ritmos como el hip hop, el funk de los años 70 y el soul. La canción de la cantante estadounidense fue una de las pioneras en poner de moda lo que hoy llamamos “Girly”, una forma de baile que ya cuenta con sus propias clases y que seduce principalmente a adolescentes que quieren parecerse a sus ídolos del pop y que al mismo tiempo quieren realizar actividad física.

“El girly es un street jazz mucho más femenino, en donde puedes ocupar técnicas de suelo, danza, giros y saltos y eso lo aplicas con una música pegajosa que generalmente es pop. Además, esto va acompañado de una actitud de ‘aquí estoy yo’, muy diva y empoderada, por más que tengas una excelente coordinación, si tu cara no refleja el estilo se va todo a las pailas”, dice Denisse Ortiz, profesora de baile que da clases de Girly.

Según la profesional, este tipo de bailes varía mucho dependiendo del profesor, pero por lo general intenta llevar a la realidad las coreografías de los videoclips de artistas como Rihanna o Ciara en una hora de trabajo, que parte con una pasarela en donde los alumnos tienen que ‘creerse el cuento’. Continúan memorizando las coreografías que tienen distintas dificultades y que también varían dependiendo de la parte del cuerpo que se quiera trabajar, para terminar con elongaciones.

Ortiz explica que los hombres también se han sabido integrar a esta disciplina, teniendo como referente al bailarín Yanis Marshall, quien dio un gran salto llevando este baile un paso más allá al hacerlo con tacos. “Me gusta la idea del show”, asegura Francisca Troncoso (19) quien es estudiante de Pedagogía en Biología y lleva alrededor de dos años tomando clases de baile como el hip hop y dancehall, pero que en este último tiempo se ha enfocado en el Girly. “Lo único que hago es bailar y lo hago porque siento que enfoco todo mi cuerpo en algo. Siento que bailando uso todo el cuerpo, no puedo utilizar solamente mi centro para realizar un giro sino que necesito mis brazos y mis piernas, siento que es mucho más integral”, asegura la joven.

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Profesionalizando la zumba

En septiembre de 2015, Solange Militzer (47) y su hija Bárbara (18) buscaron la forma de hacer ejercicio juntas. En pleno boom de la zumba decidieron tomar clases, pero con el paso del tiempo, Solange tuvo que seguir asistiendo sola. Fue a finales de 2016 cuando su instructora la invitó a probar una nueva metodología de zumba que requería mucho más esfuerzo, a lo cual accedió y no se decepcionó. Hasta el día de hoy practica tres veces a la semana. “Me gustó Strong by Zumba porque en el fondo tiene la música, pero es netamente acondicionamiento físico, entonces me siento trabajando la musculatura y sudando la gota gorda. Termino tan cansada a diferencia de la zumba tradicional que muchas veces si uno no hace los pasos bien hechos puede ser un simple baile”, asegura Militzer.

Solange fue una de las primeras personas en probar el Strong by Zumba, una disciplina que se acerca más al mundo fitness que a una clase de baile y que fue lanzada en julio del año pasado en Miami, Estados Unidos. Esta nueva forma de ejercitarse también se basa en el entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) y existen cuatro cuadrantes y tiempos fijos para llevar a cabo la serie de ejercicios. “En el fondo lo que hicieron fue incorporar el método comprobado del HIIT, pero junto con ello le pusieron un toque de zumba. Igual que una clase de zumba normal con baile, pero donde se ponen a prueba los músculos y todo el sistema cardiovascular. Digamos que busca un objetivo súper distinto: potencia, fuerza, movilidad, fortaleza, velocidad”, dice Heather Kuhl, instructora de Strong by Zumba en el Centro Nova Vida. Las clases que desafían los límites físicos de las personas duran una hora y existen cuatro etapas separadas por ‘recargas’.

Después del calentamiento, el primer cuadrante se llama ‘Actívate’, etapa en la cual recién se están poniendo en juego los músculos y ligamentos que se van a ocupar en la clase y que dura generalmente 8 a 10 minutos, al igual que todos los demás cuadrantes. La clase continúa con una ‘recarga’ que es donde se utiliza un toque de zumba con un par de pasos de baile que se realiza por aproximadamente un minuto. ‘Enciéndete’, es la segunda fase en donde se empieza a exigir un poco más y sube la intensidad del trabajo; ‘Desafía tus límites’ es el tercer cuadrante y el más fuerte de la clase en cuanto a la exigencia del cuerpo. La etapa cuatro denominada ‘Todos al piso’, consiste en el uso de colchonetas y el trabajo se enfoca en los glúteos y abdominales.

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Trabajo con delicadeza

En 2010 fue estrenada la película “El cisne negro”, protagonizada por Natalie Portman en el papel de Nina Sayers, una bailarina del ballet de Nueva York que fue sometida a una estricta rutina de entrenamiento para convertirse en el cisne negro y el blanco al mismo tiempo en la obra El Lago de los Cisnes, cinta por la cual la actriz ganó un Oscar por su gran interpretación.

Tal fue el éxito de esta película que poco a poco empezaron a desarrollarse en Estados Unidos academias de entrenamiento ligadas al Beautifull Ballet -y la doctrina recibida por Portman- que desencadenó en la elaboración de una nueva disciplina conocida como el Ballet Fitness. “No es necesario saber de ballet o ser flaca para practicarlo, estas clases están orientadas para aquellas mujeres que quieren tonificar, pero a la vez no quieren tener una musculatura gruesa que a veces pasa con disciplinas como las pesas o el crossfit”, dice Malú Pérez, quien trajo esta disciplina a Chile hace tres años con ciertas variaciones e imparte clases en la academia que lleva su nombre. Y agrega: “Buscamos alargar los músculos y que el cuerpo se asemeje al de una bailarina”.

La metodología a la que llamó Cool Barra usada por Malú, mezcla el ballet, el Pilates y el fitness en donde sus alumnas trabajan los primeros 15 minutos en una especie de calentamiento que consiste en un trabajo con pesas en posición de ballet clásico, para seguir con 30 minutos en la barra también en posición de ballet y en donde en paralelo se trabaja con una pelota entre las piernas con lo que se busca ejercitar la musculatura interna y los glúteos; para finalizar con 15 minutos de Pilates en modo de relajación.

Según Malú, debido a esta rutina, son muchas las modelos que toman estas clases, ya que fortalecen sus músculos sin engrosarlos. A las ocho de la noche de un día martes Josefina Quer (21), estudiante de sicología, asiste con unas calzas apretadas y una polera cómoda para recibir las correcciones de postura por parte de la instructora. Entra a la sala repleta de vidrios descalza con unos calcetines que se adhieran al piso y disfruta de la clase. Así lo ha hecho desde hace tres años, cuando empezó en esto y, según dice, no podría dejarlo.

Hoy asiste a la clase del nivel avanzado cada martes y jueves. “He notado los cambios principalmente en mis piernas y mi abdomen, el cuerpo en sí se pone mucho más fino. Además, también me sirve sobre todo para el estudio porque bajo el estrés inmediatamente y de esta forma, estoy con más energía durante el día. Espero a que sean las ocho de la noche para ir a la clase”, sentencia Quer.