A eso de las 10 de la mañana, Nicol Allende (26) como todos los días mezcla avena, plátanos y frutos secos, además de una bebida vegetal en la juguera, para preparar el batido que consume a diario junto a Alfonso, su hijo de 2 años y 8 meses.

Ella es nutricionista y vegana, y quiere que su nene también lo sea. En el almuerzo, comen diferentes legumbres, ‘para aportar las proteínas que no recibe de la carne’, dice, y las acompaña con verduras, quinoa, arroz o papas. A pesar de su edad, el chico sigue tomando leche materna a libre demanda para acompañar sus comidas. Además, incorpora en las noches un suplemento de vitamina B12 que sagradamente ambos consumen cotidianamente.

“Lo mío es un tema animalista, quiero derribar el mito de que las personas veganas tenemos deficiencias y que se puede llevar una alimentación de este tipo durante el embarazo, la lactancia y luego la crianza”, asegura, quien periódicamente le realiza exámenes a su hijo para medir sus niveles de nutrientes. Así como ellos, los veganos han aumentado en los últimos años en Chile. Si bien no existe un catastro del número exacto que hay en el país, este grupo de personas ha adquirido visibilidad en la sociedad gracias al acceso a internet y el uso de las redes sociales, en donde comparten diferentes tips, que van desde recetas rápidas hasta datos de lugares donde comprar productos especializados a precios más bajos.

Los veganos en general son gente joven que está comenzando a tener sus primeros hijos y por tanto, a criar una nueva generación de niños que no ingieren productos de origen animal desde el nacimiento. Lo que se convierte en un desafío durante el crecimiento, ya que se requiere una alimentación con un alto nivel de nutrientes y proteínas. La responsabilidad empieza antes de nacer Susana Concha (28), es educadora de párvulos y hace dos años que dejó de consumir alimentos provenientes de animales, debido a que su pareja –también vegano- “la hizo ver” que existe una ética de protección de los animales detrás de la dieta. Dejó los huevos, la leche de vaca y las carnes para incluir en su alimentación semillas de zapallo, quinoa y linaza, entre otros productos. Hace seis meses llegó a sus vidas su hijo Giuliano, que seguirá las mismas costumbres alimenticias de sus padres.

“Hemos recibido el apoyo desde el embarazo del médico y la nutricionista, queremos demostrar que se puede llevar una dieta vegana, sin estar carentes de nutrientes, vitaminas y no tener ningún problema”, dice Susana Concha. Tener una alimentación de este tipo requiere de asesoría profesional, no tan solo cuando el niño ya ha nacido, sino que desde el momento en que la mujer sabe que tendrá un hijo. Así lo explica Catalina Le Roy, pediatra de la Red de Salud UC Christus: “Antes de que veamos que un niño va a recibir una dieta de este tipo, la madre tiene que estar muy bien alimentada. Muchas veces nos encontramos con embarazadas que no tienen la asesoría suficiente o no están suplementadas durante la gestación, por lo que ya está incubando un bebé que está naciendo con menos depósitos de estos nutrientes, para luego alimentarse con una leche que puede estar disminuida en B12 –que solo se encuentra en productos de origen animal-, zinc o hierro”. Si bien no descarta la opción de una dieta vegana desde el momento de la lactancia, la profesional reconoce que las familias que eligen esta alimentación tienen que ser flexibles para que puedan poner en práctica las recomendaciones de los expertos y a la vez, estos estén abiertos a conocer nuevos productos, revisar las etiquetas y calcular las porciones para distribuirlas en la semana.

Le Roy asegura que después de estas reuniones y al escuchar los argumentos de los especialistas, son muchos los que ceden y deciden hacer un paso paulatino hacia el veganismo. “Es bastante más fácil comenzar con una alimentación ovoláctea, cuando se agrega el huevo y se incorpora la leche, porque es un alimento que está muy fortificado para cubrir la falta de nutrientes que se han encontrado en los niños de nuestro país. Mejor todavía si pueden incorporar pescado, lo que nosotros llamamos semivegetariano, en los cuales ya tenemos menos riesgo de deficiencias de micronutrientes. Básicamente, vamos planificando las porciones y las veces a la semana, con los mismos productos o ingredientes que la familia ha decidido incorporar en la dieta”, explica la profesional.

En el caso de que los padres quieran llevar la dieta vegana en su totalidad, la especialista agrega: “Lo que hacemos es que incorporamos principalmente las legumbres muy precozmente, pero con suplementación de micronutrientes, generalmente gotas o jarabes, porque va a ser muy difícil que a través de una alimentación vegana podamos llegar a los requerimientos que los niños necesitan”. La mirada integrativa de los alimentos “Combinar terapias médicas formales y aquellas ligadas a la medicina complementaria para las cuales deben existir datos científicos de alta calidad sobre su seguridad y eficacia”. Esta es la visión de la nutricionista Nelba Villagrán, quien propone incorporar las semillas de amapolas, de sésamo o almendras, entre otros productos, para suplir los micronutrientes que entregan los alimentos como la leche y la carne.

Además, considera necesario extender la lactancia hasta los dos años. “Se utilizan algas, hongos, semillas, legumbres, alimentos germinados y fermentados, hay una serie de cereales enriquecidos para veganos. Otro ejemplo es la espirulina o el cochayuyo, que las familias habitualmente no consumen y que los veganos sí”, dice Villagrán. Al igual que la medicina tradicional, la experta coincide en que es necesario un asesoramiento médico a base de controles de peso, estatura, medición de niveles de nutrientes, entre otros parámetros Asimismo, asegura que el equipo médico tiene que capacitarse para ayudar a este tipo de personas que cada vez están siendo más comunes en su consulta. “Uno no puede interferir en una decisión de vida, es por eso que el abanico de alimentos se amplía para ellos, en donde el menor no solo va a comer las mismas verduras con carne molida todos los días como muchas veces pasa con la alimentación tradicional”, asegura Villagrán.

Cuando las cosas no andan bien Las repercusiones de no asesorarse por un equipo médico pueden traer consecuencias graves en los niños que están en una etapa de rápido crecimiento. La pediatra Catalina Le Roy asegura que “más allá de la alimentación, existe el factor de biodisponibilidad de los nutrientes, que si bien pueden ser generados en el reino vegetal, estos poseen una concentración mucho menor o el cuerpo las utiliza de otra forma”.

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Según la especialista, dentro de las consecuencias visibles que puede generar la falta de nutrientes esenciales, está la falta de crecimiento. Puede ser en talla, como déficit de peso para la estatura que tiene el menor, desnutrición y en algunos casos se puede desarrollar anemia. En situaciones más aisladas y que son a causa de un periodo más extenso de falta de nutrientes -como por ejemplo si las madres fueron mal asesoradas desde el embarazo- podrían existir complicaciones neurológicas. “Son poco frecuentes, pero muchas de ellas son irreversibles, debido a que es un menor que está en constante crecimiento. Específicamente en falta de B12 puede ir desde un retraso del desarrollo psicomotor, en donde puede crecer más lentamente hasta sufrir crisis convulsivas bastante severas. Tal vez ese chico con otro tipo de alimentación hubiera llegado a un punto más alto de su desarrollo, es difícil saberlo”, asegura la profesional de la Red de Salud UC Christus.

DATOS

¡NO recomendado!

Según Catalina Le Roy, pediatra de la Red de Salud UC Christus, existen casos en los que este tipo de dietas son incompatibles con los menores que a partir de los seis meses empiezan a consumir alimentos diferentes a la leche materna. Uno de los casos mencionados por la profesional es cuando los bebés nacen prematuros, ya que la falta de nutrientes podría aumentar la probabilidad de que el desarrollo físico y psicomotor sea más lento en estos niños. Aquellos lactantes que nacen con alguna enfermedad de mala absorción tanto a nivel intestinal o hepático podrían tener un riesgo nutricional muy alto solo por el hecho de tener algún padecimiento de este tipo.

Leches y leches

La leche de soja, de almendras o de coco, deberían llamarse bebidas vegetales según los especialistas: “La gente cree que por ser de color blanco es una leche, pero es una bebida vegetal utilizada con otros fines, pero no se puede usar como una fórmula láctea”, asegura la pediatra Catalina Le Roy. Con ello concuerda la nutricionista Nelba Villagrán: “Nunca se ha pensado que se pueda suplir la función de la leche de vaca, no hay un reemplazo para el mundo vegano de este producto”. Otra precaución que debe tener la gente según Le Roy es el etiquetado de los productos y las guías que circulan en internet para veganos. “Muchas veces las personas se rigen por una guía hecha en países desarrollados que cuentan con productos que ya vienen complementados y que son muy distintos a los que se encuentran acá”, explica.

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Consecuencias de la abstinencia

Restar de la dieta productos de origen animal, como la carne y la leche trae sus complejidades, la nutricionista de la Clínica Santa María, Marcela Cosentino: “Las carnes rojas aportan un 20% en proteínas de alta calidad, esto quiere decir que contiene los aminoácidos esenciales que el organismo no sintetiza. Además, la carne de vacuno es rica en hierro hemínico, que favorece la absorción”. Además, Cosentino asegura que “contiene en menor cantidad B12, vitamina que combate la anemia y fortalece la formación de glóbulos rojos, y zinc que permite un buen funcionamiento del sistema inmunológico”. Por su parte, la leche de vaca, independientemente de si son enteras o descremadas, todas contienen un alto porcentaje de calcio, variando en ellas el porcentaje de grasa que poseen. “Un dato no menor, es que en una taza de leche existen 7 grs. de proteínas, además de fósforo y potasio. En menor medida aporta vitamina B1, B2 y B12″, dice la nutricionista.