No por nada hay archivos académicos que sostienen que las mujeres son más fuertes que los hombres en algunos aspectos. Varios estudios, según la BBC Mundo, han demostrado que, por ejemplo, el sistema inmune femenino es más resistente. Esta característica femenina se debe a un cromosoma específico, afirman los científicos de la Universidad de Gante, en Bélgica.

Así, la BBC Mundo explica que las mujeres poseen dos cromosomas X, los hombres tienen sólo uno. Y este cromosoma adicional es el que les ofrece una mayor resistencia tanto para combatir enfermedades como para vivir una vida más larga. Sería un pecado pasar por alto la polémica pero cariñosa declaración del Papa Francisco en enero de este año cuando dijo que “las mujeres son más fuertes que los hombres”.

Lejos de caer en una mera cuestión de guerra de géneros, la máxima autoridad de la Iglesia Católica hizo alusión en plena misa a su profunda admiración por las mujeres y su eterna valentía. Hablando de valentía, otro ejemplo es la declaración en vivo de Nabila Rifo, caso que conmocionó a Chile entero y que no hace más que demostrar la fortaleza y la integridad de una mujer, víctima de los más atroces agravios que puede sufrir cualquier persona. Así, podrían enumerarse miles más. Pero este artículo pondrá el foco en tres historias que, sea en on o en off, vislumbran qué resulta de una situación de desastre si es que hay una mujer detrás. ¿Vivir las catástrofes sería diferente sin ellas? Seguro que sí.

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El aluvión de Maipo y la señora sentada en la vereda

Llegar al estero de San José no es una odisea. La ruta llega perfectamente aunque ahora, después del aluvión, cuesta un poco más. Se desplomó una parte del camino y la están reconstruyendo, lo que genera un poco de caos con el tránsito, nada de lo que no estemos acostumbrados. La tarde de un sábado en “El Cajón” llena de energía el alma. Además, pareciera que en ese lugar la gente es mucho más feliz. Quizá la naturaleza y la imponente cordillera tengan algo que ver con eso.

En el estero hay una casa -cerca de otra que vende miel, a la que es casi imposible acercarse por la cantidad de abejas que habitan en esos panales y también porque hay tres Rottweilers cuidándolos en la puerta- que se quedó sin una parte importante de sus paredes. Afuera estaba sentada una mujer. Se nota que no hablaba mucho con gente, o que quizá no quería hablar con nosotros. Le preguntamos si era dueña de la casa, pero no quiso decirnos más que “perdí parte de mi casa, la gente de Santiago no lo entendería”.

Quizá tenga razón, esa idea de la empatía resulta un poco difícil de llevar adelante cuando el problema es tan grande que ahoga el alma. “Mi casa era lo único que tenía, no tengo familia”, nos dijo con voz enojada. “El agua fue ingrata, aunque no les pasó a todos, yo tuve mala suerte”, remató. El pueblo no tiene muchas pistas del aluvión salvo en la parte del estero, en donde está la casa de la señora de la vereda. Ella no nos saludó cuando nos fuimos, sólo se quedó allí, se prendió un cigarrillo y nos dejó de mirar. Una vecina del barrio, que vive un poco más abajo, nos dijo que la señora vive sola y que siempre está allí. Ahora un poco más sola, sin parte de su casa.

Pilar, la bombera que fue a Santa Olga

No es más que una niña de 23 años pero bombera desde hace 5. Pilar forma parte del cuerpo número 2 de Iquique y asegura que eligió ese camino por la admiración que le tiene a un tío, que ahora vive en Santiago, pero que la cuidó cuando era chica y hoy lo lleva en el corazón. El sigue siendo bombero y ahora ella también. “Para mis papás fue terrible cuando les avisé que iba a ser bombera y peor aún cuando les comenté que me iba a ir al sur”, nos dijo comenzando la conversación, casi como aclarando que no está “todo bien” con su familia cuando tiene que partir a apagar alguna llama o rescatar a alguna persona. Pilar aclara: “Siempre me apoyaron en todo, pero cuando se dieron cuenta de que tomé la decisión de ir para allá -Santa Olga-, les generó mucha preocupación, miedo e incertidumbre”.

Caras Temas/ ¿Por qué crees que quedaste seleccionada para ir a Santa Olga?

Pilar/ La verdad que nunca me pregunté eso. Nosotros postulamos, yo salí elegida dentro de los 110 que se inscribieron. De Iquique viajaron aproximadamente 40 bomberos al sur.

CT/ ¿Cómo manejas el tema de ser voluntaria y profesional?

P/ Yo trabajo en forma independiente, haciendo capacitaciones y relatorías. Hago psicología de emergencia, de hecho me he capacitado porque me enamoré de esta área estando en el cuerpo de bomberos. Esto me apasiona. Durante la universidad me he especializado mucho.

CT/ ¿Trabajar en Santa Olga fue la catástrofe más difícil que te tocó afrontar?

P/ La verdad es que sí. La primera vez que viajé como bombera fue a Tocopilla, cuando tenía 21 años. Tuvimos que ir a buscar a una persona que estaba desaparecida, pero fueron solo dos días. Pero el tema de la zona sur fue agotador física y emocionalmente. Además, vimos una realidad muy distinta a la que estamos acostumbrados, acá en el norte todo es árido, me causó mucha impresión ver cómo se quemaban los bosques.

CT/ ¿Qué fue lo más duro?

P/ El primer paso fue dejar la familia, la preocupación que quedó acá. Cuando llegamos a Santa Olga estuvimos días completos sin comunicarnos con nadie porque no había electricidad ni donde cargar un teléfono. Tengo la suerte de estar pololeando con otro bombero, que me entiende un poco más y no se preocupa tanto.

CT/ ¿Sentiste miedo en algún momento?

P/ Me llamaron a las 12 de la noche para decirme que me tenía que ir al otro día a las 7 am, obviamente me dio miedo. Traté de no demostrarlo, por mis papás y por mi hermano chico, que tiene 8 años. Recuerdo que cuando me fui me dijo: por favor, no te acerques al fuego. Sentí miedo, pensaba que tenía que hacerme fuerte.

CT/ ¿Cómo enfrentas el temor de tu familia?

P/ Mi papá tiene miedo porque soy su niñita. Sé que se preocupa porque yo, siendo mujer, no haga tareas de hombre. Eso, para él, es lo más grave. A él le costó asumirlo. Yo creo que se fue acostumbrando pero la preocupación no se le pasa. Aunque estoy segura de que me apoya pero siempre con muchos recaudos.

CT/ ¿Con cuántas personas llegaste a Santa Olga y cómo fue la experiencia?

P/ Nosotros llegamos a Florida. Yo destaco el apoyo de mi compañía. Cuando supieron que yo me iba, varios me llamaron y me preguntaron si me sentía segura. Eso para mí fue muy bueno, me tranquilizó. Cuando llegué allá, me encontré con Coté y Caro, dos bomberas a quienes admiro demasiado porque son muy “aperradas”. Obviamente siempre existió un respeto, de verdad a nosotros nos consideraron para todo, éramos unas más en el equipo. Yo siempre me sentí segura y además considerada: me incluían, me daban tareas y, lo más importante, me preguntaban mi opinión y a mis compañeras también.

Con 1.54 metro de altura y siendo hoy teniente cuarta de su compañía, Pilar es muy segura de ella misma: “yo sé hasta dónde puedo dar, dónde me tengo que detener”. Además, asegura que no podría haber llegado a donde está sin la ayuda de sus compañeros y que lo más importante es el apoyo que ellos le han entregado. Con un carácter fuerte, las cosas bien claras y el afán de vivir de la psicología de emergencia, Pilar no hace más que destacar que no teme por su vida sino por dejar de querer ayudar a la gente que más la necesita.

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Alejandra, víctima de los incendios

“Yo tengo 26 años de casada”, fue la contestación a la pregunta de su edad. Evidenciando que le molestaba un poco decir la edad, no tardó en mentirnos unos “51″. Alejandra era la peluquera de Santa Olga, además de hacer medio turno como ayudante de cocina. Su marido, mencionado al menos diez veces durante la conversación, era mecánico de autos en el pueblo y conductor de ambulancias como segundo trabajo. Con esos cuatro sueldos, el matrimonio mantenía los estudios de su hijo más grande en Santiago y el de los otros dos en Santa Olga. Ahora la situación cambió. Viviendo en una casa alquilada por el gobierno en Constitución, Olga cuenta la historia de lo que “fue” su vida y se le desplomó en un encender y apagar de llamas. 51 y 56 años. 3 hijos: el mayor 23, la hija del medio 21 y el menor 18. Los tres bailarines de cueca. Una peluquería, un taller mecánico y dos trabajos part time en relación de dependencia. Así se resume la historia de Alejandra.

Caras Temas/ ¿Qué perdió usted?

Alejandra/ Casa, peluquería y taller mecánico. En Santa Olga estábamos convencidos de que íbamos a salvar las casas, esperamos hasta el último minuto. No pudimos salvar nada, salimos corriendo casi con el fuego encima. Sin luz y sin agua. No pudimos sacar nada.

CT/ ¿Qué hicieron cuando dejaron su casa?

A/ No sabíamos para dónde ir. Estaba todo incendiado, al final decidimos ir a Constitución, la familia entera y el perro.

CT/ ¿Dónde estaba la ayuda?

A/ Como ya no había nada más que hacer nos teníamos que defender solos. Ellos no nos ayudaban en nada. La indicación era evacuar, pero uno con 30 años de trabajo, y lo poco que teníamos, no queríamos dejar todo ahí.

CT/ Después del desastre, ¿alguien le ofreció ayuda?

A/ El gobierno no me ayudó en nada, pero un día llegó un señor muy amable que me preguntó todo y me dijo: ¿están apadrinados?, respondí que no, entonces me dijo: yo los apadrino. Quién es usted, le pregunté. Soy el gerente de Desafío Levantemos Chile, me dijo, día por medio me llama y está muy preocupado por mí.

CT/ ¿Usted está dentro de los beneficiarios de las casas?

A/ Sí, presenté todo. “Desafío” va a hacer el 80% de las casas que se quemaron. Además del colegio y bomberos.

CT/ ¿Qué sabe de sus vecinos?

A/ Todos son beneficiarios de “Desafío”. Estoy más tranquila, son más humanos, están preocupados por uno.

CT/ ¿Es la primera vez que sufre una pérdida tan grande?

A/ Sí. Uno no podía dormir. Hubo una semana completa en la que no se dormía. Mi marido pensaba que íbamos a salvar todo, pero cuando llegó el momento del incendio lo único que quedaba por hacer era cerrar la casa con llave y salir corriendo. Lo bueno es que todo fue bien humano, porque en ese momento éramos todos uno, hubo mucha unión. La sensación es espantosa, el solo hecho de pensar que uno puede haber muerto ahí… quemada… es un espanto.

Alejandra está esperanzada, dice que tienen que esperar unos 8 o 9 meses para que “Desafío” les entregue su casa en Santa Olga. Mientras tanto su marido sigue manejando las ambulancias que llevan a los enfermos a Constitución y ella cocina en un casino. Piensa en reabrir su peluquería ni bien esté lista la casa, aunque ahora sigue atendiendo, con lo que tiene, a sus clientes de siempre. “La esperanza nunca se pierde y estoy segura de que mi marido va a poder tener su taller mecánico como le gustaba”, sostiene.