Durante un año, la periodista y productora de televisión Janice Kaplan tomó la decisión de “Vivir en gratitud”. En esa época no tenía muchos proyectos y se dio cuenta de que no se sentía feliz con la vida que llevaba, así fue como en un cuaderno comenzó a anotar todas las noches algo por lo cual se había sentido agradecida ese día. El cuaderno, que fue rigurosamente escrito, la llevó a interesarse por los temas de Gratitud más allá que un simple ejercicio personal. Kaplan, autora de más de 12 bestseller que han llegado a las listas de los más vendidos en el diario The New York Times, decidió investigar sobre el tema de la gratitud en las diversas esferas de la vida como: matrimonio, amor y familia; dinero, trabajo y cosas que poseemos; gratitud y salud; afrontar, cuidar y conectar. Y adivinen, no sólo logró dar con los estudios de vanguardia en este tema, sino que publicó un libro cuya edición en español la tenemos hace pocos meses en Chile, y que por cierto llegó a estar en los primeros lugares del ranking de libros de uno de los diarios más prestigiosos del mundo.

Sucede que a la periodista le tocó supervisar hace un par de años un estudio sobre la gratitud en Estados Unidos. Fue a varios programas de televisión a explicarlo y ese fue el gatillante para decidirse a cambiar ciertas cosas en su vida.

“Dicho estudio me hizo pensar e investigar mucho sobre las actitudes positivas, por lo tanto sabía que mis sentimientos respecto a los 12 meses que venían por delante probablemente tendrían menos que ver con lo que me ocurriese de verdad y más con el estado de ánimo, el espíritu y la actitud con la que abordase cada nuevo día. Lo importante no eran las circunstancias sino mi reacción ante estas”, cuenta Kaplan.

En los días siguientes, cuando la periodista empezó a explicarle a la gente su plan de valorar más la vida, la mayoría asintió con complicidad, incluso muchos insistieron en que ellos también querían ser más agradecidos y adoptar perspectivas más optimistas.

“La vida es maravillosa, sin duda, pero ¿en qué medida te sentiste agradecido el pasado martes por la tarde cuando saliste de la oficina? Pregunté a varias personas. Todas esbozaron una sonrisa incómoda y una incluso me preguntó: ¿Cómo sabes lo que me ocurrió el martes pasado? (…) Ahí entendí que me habría dicho lo mismo si le hubiera preguntado por el lunes. Cuando pensamos en el conjunto resulta más fácil sentirse agradecido. En cambio, en el día a día, un cliente se enfada, el jefe responde mal, hay un episodio de piojos en el colegio de los niños…, y nos perdemos en los detalles negativos (…) En definitiva, la mayoría de nosotros sufrimos un enorme vacío de gratitud. El estudio que me llevó a esta temática y que había sido financiado por la Fundación John Templeton, demostraba que la mayoría sabemos que deberíamos sentirnos agradecidos, pero hay algo que nos lo impide. Según ese estudio, el 94% de los estadounidenses piensan que las personas agradecidas son también personas más satisfechas y con una vida más plena. Pero menos de la mitad de las personas que participaron en ese estudio afirmaron que expresan su gratitud de manera habitual. No es necesario ser un genio de las matemáticas para entender que esas cifras son incongruentes”, asegura la periodista.

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Gratitud v/s felicidad

En su libro Janice Kaplan también hace una distinción entre la gratitud y la felicidad. “Me di cuenta de que no son lo mismo. La primera tiene repercusiones más profundas. (…) La gratitud no depende de hechos específicos, y por eso es duradera e inmune a los cambios y a las adversidades. Exige una implicación emocional activa: no es posible sentir gratitud de manera pasiva, es necesario hacer una pausa y sentirla, experimentar la emoción”, insiste Kaplan. La periodista se percató que uno de los elementos constantes de las investigaciones era escribir un diario de la gratitud.

“Las investigaciones demuestran que las personas que anotan cada noche, o varias veces por semana, tres cosas por las que se sienten agradecidas mejoran su bienestar y reducen sus probabilidades de sufrir depresión”, explica Janice Kaplan. Uno de los sicólogos que dirigió esta investigación fue el doctor Robert Emmons, de la Universidad de California en Davis, y uno de sus descubrimientos fue que no es necesario que nos ocurran cosas buenas para sentir gratitud. Las personas agradecidas redefinen lo que sucede.

“No se centran en aquello que no tienen, sino que se preocupan de ver lo bueno en lo que tienen”, asegura Emmons. Desde otra perspectiva, el economista y premio Nobel Daniel Kahneman afirma que dar vueltas a lo que ha ido mal tiene sentido desde el punto de vista evolutivo. Nuestros antepasados sobrevivieron porque recordaron aquellas bayas venenosas que encontraron e informaron a sus iguales. La descripción de las otras diez bayas sabrosas no hubiera servido de mucho. Algunos psicólogos que han analizado esto afirman que se necesitan cuatro afirmaciones positivas para contrarrestar una negativa. Y en ese sentido llevar un Diario de Gratitud es un antídoto contra la atracción natural del cerebro por las bayas dañinas y los bichos.

La gratitud es profunda En la siguiente entrevista a Juan Flores, psicoanalista y director del Magíster de Psicoanálisis de la Universidad Adolfo Ibáñez podemos sacar una radiografía sobre la gratitud.

CARAS TEMAS/ Existe un movimiento a nivel mundial que ha puesto la gratitud como el gran cambio de perspectiva en la vida. En un planeta donde lo fundamental es la queja. ¿Qué piensa de este boom de la gratitud?, ¿Desde el punto de vista psicológico que hace la gratitud en nuestra siquis?

JUAN FLORES/ La gratitud real es aquella que surge de una vivencia del mundo interno. Es generada por una experiencia de satisfacción que está a la base de la gratitud. Por satisfacción me refiero no al mero “cumplimiento impulsivo”, sino a aquella que surge a partir del vínculo con un otro y la capacidad de amar. Por ello, la gratitud real no puede surgir de una imposición, de un decreto o de una política. Si este es un movimiento que sólo expresa una corriente de una moda transitoria o de un cumplimiento de una exigencia moral, no tendrá mucho sentido. En la gratitud pueden haber presencia de ciertos sentimientos de culpa, pero la culpa no es lo fundamental. Por el contrario, tener la base en la culpa, genera ansiedad, sentimientos persecutorios y la sensación de una deuda impagable y angustiosa. Así entonces la aparente gratitud se vive como una resignación invalidante y una fatalidad, sólo como una conducta a cumplir.

CT/ ¿Es posible estar agradecido si a uno le está afectando una enfermedad o se queda sin trabajo?

JF/ La gratitud no se contrapone con la realidad. Tener una relación de gratitud con la vida, por ejemplo, no excluye tener conciencia de los dolores, fracasos o insatisfacciones. Más aún, una actitud de negación de estos factores (de insatisfacción) impediría una gratitud real. Ella sólo es posible si se han procesado y elaborado los sentimientos de frustración y de límites que la vida genera. Estos son verdaderos procesos de duelo (es decir, de aceptar que hay cosas que no estarán, no llegarán o se fueron). La gratitud no excluye el deseo de cambio y modificación. No es por lo tanto resignación alienada de las necesidades y deseos. Una actitud así puede ser fuente de rabia, agresión y malestar. La gratitud, como está compuesta por la generosidad y la capacidad de dar y recibir, hace que el dolor propio y el ajeno no nos sea indiferente. Por ello, la relación con ideales y proyectos de cambio es una expresión también de la gratitud.

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CT/ Hay estudios que hablan que, teniendo asegurado el bienestar económico, no hace mucha diferencia tener millones de dólares en cuán agradecidos se sienten los seres humanos, pero si hace la diferencia vivir en gratitud. ¿Qué piensa?

JF/ El bienestar económico es necesario en la medida que se vincula con la posibilidad de acceso a cubrir las necesidades básicas necesarias para la vida. También ese bienestar se vincula a la posibilidad de compartir conjuntamente los beneficios de la vida colectiva. En este sentido la principal amenaza a esta vivencia es la existencia de las grandes diferencias entre los sujetos. Ella es la fuente de conflictos y violencia y exacerba la exclusión, dificultando las experiencias de gratificación y gratitud. Por ello, los objetos no reemplazan las ausencias de otro orden, sino que son un refugio frente a un mundo interno que se siente vacío y despojado de satisfacciones profundas.

CT/ Está de moda llevar diarios de gratitud, que equivalen a escribir tres cosas por las que se está agradecida en el día, y según estudios de importantes universidades estos cambiarían las redes neuronales y se produciría un bienestar o un cambio más rápido que por ejemplo, ejerciendo la meditación. ¿Por qué?

JF/ No tengo seguridad que esas técnicas operativas puedan servir como experiencias reales de gratificación. Ellas surgen de una vinculación que se ha tenido a un otro o con un otro y es fruto de una reflexión y un proceso. Si es usado como mecanismo para poner en palabras algo interno pudiera tener algún sentido.

CT/ ¿Cuál es la diferencia entre gratitud y felicidad?

JF/ Es muy compleja la respuesta, pues a la base hay valores e ideologías diversas. Básicamente podríamos decir que felicidad no es euforia. La felicidad tiene a la base procesos reflexivos, contiene también bordes, es decir, los límites que tengo que incorporar para poder acceder a ella. Creer que la felicidad se remite a las intensidades transitorias es una mirada que expone a continuas frustraciones. Por ello, toda mirada de felicidad genera además la noción de futuro, de proyecto y sentido desde donde inscribo mi presente. La gratitud es consecuencia de esta “experiencia feliz” y es condición necesaria para que esta se constituya. Es decir hay un círculo virtuoso entre ambas.