Si se buscara una definición de la palabra matrimonio tendríamos que decir que su origen etimológico no es claro. Se suele derivar de la expresión ‘matris munium’ que proveniente de dos palabras latinas: la primera matris, que significa ‘madre’ y, la segunda, munium, ‘gravamen o cuidado’, igual a ‘cuidado de la madre por el marido/padre’, en tanto se consideraba que la madre era la que contribuía más a la formación y crianza de los hijos. Desde el mundo oriental, según la traducción del árabe al español, es entendido como ‘contrato de coito’.

“El matrimonio surge por un tema de cuantificar y nace de la Iglesia Católica para contabilizar a sus fieles y así hacer un registro y control de la natalidad”, sostiene la terapeuta de pareja de Fundación eNpareja Chile, Luz Poblete Coddou.

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Según la especialista, esta unión tiene dos aristas desde donde es preciso abordarlo. La primera se relaciona con el rito o la tradición, es decir el anclaje es puramente social: hacer público y compartir con otros el compromiso que una persona adquiere con otra. Y, la segunda, se relaciona al fallo íntimo de querer compartir una vida con alguien. A juicio de la experta el matrimonio “debería estar dado por una determinación interna de cada pareja que busca comprometerse y crear un proyecto de vida donde pueden pasar muchas cosas”. Agrega que casarse también tiene una connotación social “a veces miras para el lado y te das cuenta que llevas cinco años pololeando o conviviendo, lo que hace pensar que ha llegado el minuto”.

Cuando se toma la decisión, lo óptimo es que exista un equilibrio entre el ‘ser’ y el ‘deber ser’, pues de esa manera puede darse la tan anhelada felicidad o el camino hacia ella. Cabe señalar que el matrimonio es uno de los ritos más importantes dentro de la existencia, por eso, Luz Poblete lo enmarca entre los 10 sucesos vitales más estresantes del ser humano, siendo la pérdida de un hijo o decidir tenerlo algunas otras.

Pero, ¿qué pasa si alguien dictaminó casarse, pero se arrepiente? ¿Es un acto de cobardía o de valentía? ¿Tiene que ver con miedos al compromiso o con la falta de necesidad de asumir un siguiente paso?

Al ser consultada sobre estas interrogantes, la especialista sostuvo que el decir SI no se trata de una mera respuesta a un requerimiento, sino de aceptar un acuerdo que ya había sido evaluado con anticipación. Lo mismo sucede cuando alguien se arrepiente: “lo que hay que evaluar es que si pasa repetidas veces, quizás existe un problema con vincularse seriamente”. En este sentido, la experta en pareja sostiene que siempre es más sano arrepentirse, pero cuando él o ella ya ha dicho NO varias veces tiene que preguntarse qué le pasa con su nivel de compromiso y de elección.

Un problema que detalla Luz Poblete es que “quizás ese alguien está eligiendo un camino en común con ese otro para autoboicotearte y no es lo que realmente quiere”. Dentro de las claves para generar cualquier relación, no sólo de pareja, es la comunicación. “Conversar con el otro es siempre una salida moderada y ayuda a poder ‘negociar’ lo que se quiere llevar adelante juntos. Así, los índices de frustración por ‘lo que no hizo por mí’ el otro se reducen a casi cero si es que se dialoga”.

La historia del desamor… por la decisión

Anita llevaba 4 años pololeando y vivía sola en Santiago desde los 18 porque era de Concepción. Conoció a Jorge por ser amigo de un amigo. El estudiaba odontología y ella historia. El último año prácticamente vivían juntos. “La convivencia me muestra lo que tendré que esperar de él”, decía Anita cuando le preguntaban sobre el tema. “Igual es bueno conocerse antes de dar el gran paso”, concluía.

El año pasado Jorge le pidió matrimonio un fin de semana de noviembre en que se fueron a San Pedro de Atacama. Ella respondió un SI seguro y le hizo saber a todo el mundo que se casaría a través de fotos de su anillo en todas sus redes sociales.

Mientras Jorge terminaba su práctica profesional y ella preparaba su examen de grado, sus familiares los ayudaban con los preparativos del matrimonio que sería en abril del año siguiente.

Los meses pasaban y la pareja estaba cada vez más distanciada. Al principio ella creyó que podía ser el estrés del matrimonio y de su examen de grado, aunque sentía un dolor en el pecho cuando lo pensaba que no era “normal”. Jorge parecía no notarlo y ese año obtendría su título con distinción máxima.

El verano pasaba y Anita estaba muy angustiada. Aquello que creyó que sería el gran evento de su vida, se había convertido en una pesadilla y ese dolor en el pecho no se iba con ninguna charla ni beso de quien pensaba adoraría para toda su vida. “Sentía un profundo rechazo, no quería ni siquiera verlo. Me sentía culpable por lo que estaba sintiendo pero tenía que sincerarme, no pude más”.

Antes de ir a firmar el contrato con el salón y la banquetera, Anita le pidió a Jorge conversar seriamente. “Le dije que no quería casarme y él rompió en llanto. Una angustia acongojada que me partió el corazón pero me liberó de mi culpa por no querer dar ese paso”. “Yo te amo, Ana”, me dijo con tono de resignación. “Ahí sentí verdaderamente que había soltado”.

La conversación fue en buenos términos, aunque él decidió terminar la relación aquella tarde sentados sobre la mesa del living que compartían en un departamento entre las calles Colón y Manquehue.

“Si hubiese sido por mí, no hubiese terminado la relación aunque sí los preparativos para el matrimonio. Siento que esa determinación mató mi relación”, sostiene Anita. Y finaliza: “Con Jorge hubiese seguido feliz con la vida que llevábamos aunque no se hubiera podido, ni por su familia, ni por la mía, ni por él”.

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El lado más sincero y racional del amor

José Ignacio Abad es de Linares pero vivió en Santiago por algunos años en el proceso casi natural de migración de las personas de provincia a las universidades de la capital. Mientras estuvo en la ciudad estudió, trabajó, emprendió y también pololeó. El final de esa relación fue en buenos términos, aunque con un arrepentimiento de haber dicho que “sí” de por medio, antes de darlo en el altar de un registro civil o en el de una iglesia. Aquí te contamos su historia.

“Conocí a mi ex, porque teníamos en común un grupo de amigos. Fue en el cumpleaños de uno de ellos que empezamos a salir. Nuestro pololeo fue muy entretenido, estuvimos casi cuatro años juntos”, cuenta José Ignacio con un tono de superación y respeto que, por momentos, llama la atención.

“Cuando decidí casarme estaba todo normal en mi vida personal, familiar y en el trabajo. Entre que me sentí preparado y el día en que quería entregarle el anillo (que era una fecha muy especial porque mis papás y sus papás coincidentemente cumplían 50 años de matrimonio), quería que esa fecha marcara un antes y un después en nuestras vidas, tal como lo fueron en un momento nuestros padres, que eran referentes para ambos y admirábamos como personas y como matrimonio”.

José Ignacio recuerda con cariño el tiempo en que se preparaba para pedirle matrimonio a su pareja: “Le conté a una gran amiga, la Nicky… Le pedí un par de consejos y tips, ella fue la primera que supo. Después le conté a un par de amigos, aunque dos días antes… cuando ya era súper difícil aguantarse. Y un par de horas antes le conté a mis papás para que supieran, ya que si llegaban a saber por otro lado… me mataban”.

La historia de José y su ex pareja concluyó tras dos años de noviazgo y unos últimos meses definitivos: “Un tiempo antes de terminar fueron momentos súper difíciles, nos tuvimos que distanciar por temas laborales/familiares/personales, todo junto. Lo pasamos los dos muy mal por la distancia y el cansancio físico y emocional que conllevaba tener que estar lejos de alguien en contra de tu voluntad. La relación se fue desgastando y se hizo insostenible”.

“El tiempo se encargó de que cada uno siguiera su propio camino, más allá de quién terminó, fue una decisión que ambos sabíamos que era la mejor para los dos”, cuenta José con prestancia.

“En ese momento sentí mucha incertidumbre. Empiezas a dudar si realmente fue lo mejor, si quizás hubieses hecho esto o lo otro y cosas así… pero una vez que asumes y aterrizas que finalmente lo que pasó fue lo mejor que pudo haber pasado, luego todo es más fácil. Te empiezas a concentrar en tus metas, en tu familia, en tus amigos, en las cosas que te apasionan, te vas reencontrando con tu esencia”.

Lo cierto es que José y su ex tienen muchos círculos de amigos en común. “Sólo hablamos ciertas cosas puntuales y nada más, es raro, porque ambos sabemos que podemos contar con el otro para cualquier cosa, pero también sabemos que sólo somos parte del pasado”.

“El anillo se lo quedó ella, no sé qué habrá hecho con él. Ojalá lo haya guardado, no porque lo espere, sino por el sentido que le dí cuando hice la elección”.

“Sigo creyendo en la familia y sé que algún día me voy a casar. Pero haber terminado casarme y luego arrepentirme es una experiencia que me enseñó a pensar muy bien las cosas que quiero y también me liberó de un amor que, evidentemente, no era para mí”.