Una historia de evidencia y objetividad.

A mediados del siglo pasado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kioto, el profesor Kyugo Sasagua y el Dr. Yoshio Natakani, investigador en neurofisiología, emprenden la tarea de evaluar la Medicina Tradicional Oriental desde un enfoque científico. Deciden estudiar y analizar la acupuntura enfocándose en el sistema nervioso autónomo, lo que dio como resultado una aproximación objetiva y científica de esta técnica conocida como Sistema Ryodoraku, por lo que la acupuntura china clásica, cuyo sistema de diagnóstico es a través de pulsos, tenía ahora una versión japonesa que incorporaba una medición específica dada por la gráfica Ryodoraku, un diagnóstico comprobable a través de la electroconductividad de la piel.

Aterrizando en Chile.

Pablo Valdés conoció este sistema hace 38 años en México, donde lo estudió, y al volver al país en la década de los 80 comienza a implementarlo. Actualmente se mueve entre Chile, México y Brasil practicando e instruyendo acupuntura japonesa, y entre su larga fila de pacientes figuran algunos de la talla de Alejandro Jodorowsky. Según explica, esta técnica “se basa en la detección de puntos en el organismo que tienen la particularidad de ser electroconductores, es decir, tienen menor resistencia eléctrica que el resto de la piel. Esto permite realizar un diagnóstico con la gráfica Ryodoraku, que muestra el estado de excitación o inhibición de los doce órganos y funciones del organismo humano, lo que hace posible saber con precisión la sintomatología de la persona y es la principal diferencia con el sistema de diagnóstico chino”.

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Aterrizando en Chile.

La medicina tradicional china postula que la enfermedad se manifiesta cuando la circulación de energía se estanca en algún punto de los 12 meridianos del cuerpo, debido a factores patógenos externos, emocionales o desequilibrios en el estilo de vida. La terapia consiste en restablecer el normal flujo de energía, mediante la inserción de agujas sobre puntos específicos del cuerpo.

La técnica Ryodoraku, por su parte, también trabaja sobre los meridianos, y regula el sistema nervioso autónomo -simpático y parasimpático, el que activa o desactiva las distintas funciones y órganos, y es el acelerador y desacelerador del organismo humano. “Lo básico es regular este sistema del cual depende la salud, incluidas las emociones y su relación con cada órgano y su función”, dice Valdés.

Para lograrlo y con el fin de estimular o inhibir los determinados órganos y funciones, se trabaja con acupuntura sobre los correctos puntos utilizando agujas extremadamente finas y estímulos eléctricos muy suaves en micro amperes, lo que da como resultado una técnica indolora y ultraefectiva.

Ryodoraku paso a paso.

El tratamiento consiste en la estimulación eléctrica, térmica, magnética o digital de puntos específicos en la piel para regularizar el sistema nervioso. Pero lo primero es el diagnóstico. Para esto, antes de preguntar la sintomatología al paciente, el terapeuta mide la cantidad de energía existente en cada meridiano con un micro amperímetro.

“Esta medición se hace mediante la aplicación de electrodos en diferentes puntos del cuerpo, lo que permite elaborar una gráfica que contiene las 12 funciones de los órganos y  manifiesta cómo está funcionando cada uno de ellos”, explica Pablo Valdés. Esta medición se realiza antes, después y al inicio de cada sesión, lo que permite corregir y medir los avances obtenidos.

Una vez hecha la medición y la gráfica Ryodoraku se procede a la regulación de la misma “mediante la estimulación de puntos de tonificación y sedación. Estos han sido previamente localizados, y a través de un émbolo que contiene una aguja (pluma Nakatani) se transmite una estimulación eléctrica en micro amperes por veinte segundos en cada punto”, cuenta Pablo Valdés.

El estímulo eléctrico es uno de los que se usan para estimular los puntos, al que se suman el de presión, el lumínico, el térmico y la aguja.

“La técnica escogida dependerá de la condición de cada paciente y de su padecimiento, siendo la aguja la más habitual. Estas son microscópicamente lisas por la aleación metálica con la que son elaboradas, son extremadamente delgadas, flexibles, electroconductoras, termoconductoras y desechables”, puntualiza el experto.

Al terminar la sesión se realiza nuevamente la medición, lo que permite ver los avances y corregir la técnica en caso de ser necesario.

Habitualmente un tratamiento dura cinco sesiones, pero dependerá del estado que muestre la gráfica Ryodoraku.

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“Esta era la medicina que necesitaba para sanarme”

Pedro Santis encontró en Ryodoraku el diagnóstico y tratamiento que la medicina alópata no le dio. Su caso fue tan exitoso que incluso médicos japoneses vinieron a estudiarlo. “Comencé a tener fuertes dolores de estómago que duraron meses y luego empecé con sangrados al ir al baño. Durante un año consulté muchas opiniones con médicos de clínicas privadas, donde me hicieron miles de exámenes y tratamientos sin conseguir solución para mi problema”, cuenta. Mientras escuchaba supuestos diagnósticos catastróficos, su problema seguía agudizándose y condición de salud empeoraba. “Llegué a pesar 38 kilos, estaba demacrado, con los ojos hundidos y las ojeras muy marcadas”. Tras un año y medio soportando las hemorragias tuvo la primera aproximación con la acupuntura japonesa. “Pablo me realizó un diagnóstico, conversamos sobre lo que me pasaba y me puso las agujas”.

Las primeras dos semanas me hizo acupuntura todos los días y luego día por medio. Al cabo de un mes y medio la hemorragia había parado. Después de eso siguió pinchándome día por medio durante mucho tiempo, hasta que bajamos a una vez por semana y eso por bastantes años. Empecé a recuperar mi peso, pero religiosamente tenía que mantener la terapia de acupuntura. Cuando ya estaba mejor, me recomendó practicarme una sesión semanal en marzo, abril, octubre y noviembre. La razón: estos eran meses críticos en materia laboral lo que influía directamente en mi estado emocional y por ende, de salud. Durante 12 años me realicé acupuntura japonesa y nunca más volví a sangrar. Vi que funcionaba y me di cuenta de que este era el tipo de medicina que yo necesitaba”, cuenta.

Indicaciones y recomendaciones

Según la OMS la acupuntura está validada para tratar alrededor de 230 enfermedades. Como es una técnica energética que tiene que ver con los ciclos, Valdés comenta que se ha ido especializando en enfermedades de la mujer como  problemas menstruales, amenorrea, dismenorrea, síndrome pre menstrual, disfunciones sexuales, reproductivas y gestacionales, donde tiene muy buenos resultados.

Son varios los factores que influyen en el desequilibrio energético de la gente. “Pueden ser endógenos, exógenos, congénitos, climáticos, estacionales, por hábitos, etc. Varía de persona a persona, de ahí la necesidad de medir a cada paciente y equilibrar su energía en los meridianos según su condición. El hecho de mantener la energía balanceada optimiza la capacidad de adaptarse a las distintas variables”, dice Valdés.

Por eso recomienda realizar esta técnica en forma preventiva, en cada cambio de estación o cada tres meses durante el año para obtener la estabilidad del organismo.

Cuando hay sintomatología o alguna enfermedad específica “los cambios importantes se sienten en forma gradual, pues la idea no es tratar solo el síntoma, sino el problema de fondo, lo que no es inmediato y depende de cada condición”, comenta.