Esta vez se les pasó la mano, pero las agresivas “totemizaciones” en la tropa scout Stella Maris no tienen nada de nuevo. Es más, vienen hace décadas. Yo salí de los Sagrados Corazones de Viña del Mar en 1994 y ya en esa época, ésa era historia antigua. Estuve en la tropa scout toda la Educación Básica y hasta Primero Medio. Todos sabíamos del famoso ritual por el que “totemizaban” a los ruteros, en una ceremonia secreta en la que sólo participaban los jefes. Sacaban a los aspirantes de noche de sus carpas, con los ojos vendados, y los devolvían un día después, usualmente cojos, con heridas o magullados. Era considerado un honor, en la sui generis lógica Stella Maris, una tropa que históricamente se ha jactado de no pertenecer a la Asociación de Guías y Scouts de Chile.
Digamos las cosas como son de una vez: la tropa es un club, tipo militarizado, de “niñitos bien” de Viña que no acepta compararse con otras, donde hay transversalidad social. ¿Compartir con las de liceos y escuelas? Ni hablar. Siempre se sintieron superiores al resto, y no me extraña que dicha sensación permanezca. Su filosofía se opone, en lo esencial, a la que predican los scouts alrededor del mundo.
Pantallas widescreen, en alta definición, se ven al fondo. El escenario es colorido y está bien armado, pero el estudio es un congelador con el termostato malo y la prensa, espectadora de segunda, es ubicada en una tarima con sillas, que no alcanzan para la totalidad de reporteros y gráficos. La voz de Piñera se escucha antes que aparezca, algo vocifera el candidato de la Alianza tras bambalinas, pero no alcanzo a entender qué dice hasta que pasa raudo rumbo a su atril: “Oiga, ¿no tiene una cosa para poner papeles aquí?”, lanza al aire y alguien corre a buscar algo con qué sujetar el block Colón con los apuntes. Cecilia Morel y los hijos, Cecilia y Cristóbal, lo saludan cariñosamente. Luego aparece Marta Larraechea y ‘las niñitas’. Frei entra al estudio casi al final. Los jefes de comunicaciones —Fernanda Otero y Juan Carvajal— conversan por última vez con sus pupilos.
No he visto La Nana pero hace rato que ‘corto las huinchas’, como se dice en buen chileno. Ya está en dvd, pero me soplaron que la repondrán en la cartelera. Excelente. Me tinca el argumento y el talento del director, los guionistas y, sobre todo, de Catalina Saavedra, el que ya está archi comprobado. Bien por ellos y por el cine chileno, que hasta ahora no conoce Globos de Oro. La verdad, es que apenas subsiste. Por eso entiendo la euforia de los realizadores con los reconocimientos internacionales que ha tenido la película, premiada en festivales tan importantes como Sundance y La Habana.
Lo que no entiendo muy bien —o no quiero entender— es por qué tanto escándalo con el Oscar. Últimamente todo gira en torno a por qué el honorable consejo escogió a Dawson, Isla 10 y no a La Nana para postular al premio de la Academia de EE.UU. Sebastián Silva, director de la cinta, insiste en lanzar dardos contra los que votaron, los críticos que opinaron, el público que no repletó las salas —fueron menos de 100 mil personas, ni tanto ni tan poco— y contra Chile en general, país donde espera no seguir viviendo: “La verdad es que Chile se farreó los Oscar (…) Así es como espanta a sus artistas, por no apoyarlos.

¿Qué dirá Obama cuando llegue a Copenhague el próximo lunes y se vea viejo y demacrado en gigantografías a todo color? Lo más probable es que se haga el leso con la nueva e impactante campaña de Greenpeace, que urge a los líderes mundiales para que asuman compromisos en la cumbre sobre el cambio climático. Porque en esto las buenas intenciones no sirven, como tampoco sirvieron cuando en 1997 se estableció el Protocolo de Kyoto, donde 37 potencias se comprometieron a rebajar sus emisiones de gases en cinco por ciento hacia 2012. Estados Unidos y China no firmaron. Esta vez tampoco lo harán. El apretado abrazo que Obama se dio con Hu Jintao a mediados de noviembre en Beijing —después de visitar la Muralla China—, selló el pacto entre los dos grandes contaminantes mundiales: juntos aportan el 40 por ciento de los gases que provocan el calentamiento global, con las consecuencias que ya sabemos. Inviernos calurosos y veranos con lluvia. Pero ninguno de estos grandes está dispuesto a reducir su poderío o a sacrificar crecimiento económico en favor del medioambiente, sobre todo China, que no perdona ni en crisis: se calcula que emitió casi la totalidad del carbono extra liberado a la atmósfera en el último año.
Malo el final de Donde está Elisa? Ya sé que no es para tanto… es una teleserie no más. Me enganchó casi al final, enloquecido por la actuación de Volpato (Consuelo Domínguez), lejos lo mejor. Seguramente es el papel de su vida, aunque una actriz como ella pronto se sacará el traje de asesina… sin embargo aún le queda un tiempo para aguantar a los desubicados que le gritan “¡criminal!”, cada vez que va de compras. El punto es que hace unos días me acordé de la Consuelo cuando pasé por una panadería, apostada en una típica esquina de Santiago Centro. Hasta hace un año vivía allí una mujer de carne y hueso, una mujer conocida en el barrio por sus maldades, que actuaba lejos del ojo público, hasta que algo falló en sus planes y su nombre saltó hasta los titulares de los diarios. De hecho –dicen– fue una de las fuentes para la fértil imaginación del guionista Pablo Illanes.
Buen golpe el del piñerismo y sus cuatro carillas defendiendo las uniones civiles entre parejas de hecho. Pero la idea no es nueva y hasta ahora no ha tenido destino. Si una ‘progresista’ como Bachelet prometió una ley al respecto en su mismísimo programa de gobierno y no cumplió, ¿lo hará la Alianza, donde ni siquiera hay consenso en este tema?
“Propondremos legislar para entregar estabilidad jurídica básica a las parejas de hecho, independiente de sus composición”—, la presidenta rubricó en su plan: “El Chile que queremos debe saber acoger a todos los ciudadanos sea cual fuere su orientación sexual. Tenemos que reconocer que como sociedad hemos sido injustos en esta materia. Muchas veces nos hemos burlado, muchas veces hemos discriminado”.
Por un lado, este tema no fue prioridad frente a problemazos como los pingüinos o Transantiago, y por otro, el país no parecía muy preparado para esta discusión. Sin embargo y a pesar de que otro gallo canta hoy día, el asunto sigue postergado: ¿por qué las transformaciones sociales se demoran tanto en reflejarse en leyes, normas y estatutos?
Paso 1 En las inmediaciones de un gran parque, al lado de un barrio tan antiguo como bohemio (casas de fachada continua, cités y restaurantes), levante por favor elevadas torres de departamentos, de 20 pisos… ojalá más. Que sean por lo menos cuatro. Si construye una cantidad menor echa por tierra esta receta. No se le ocurra poner ni pizca de elementos arquitectónicos, no son necesarios, basta con un par de murallones.
Paso 2 Cerca, muy cerca de esa zona, dinamite parte de un cerro y ubique la entrada y salida de un túnel (¿le suena familiar?). Instale pórticos para el tag, son símbolos de una ciudad ‘moderna’. Donde había frondosos árboles y parques, donde jugaban los niños, haga la masa para una rotonda o bandejones centrales… deje macerar y se convertirá en caldo de cultivo para ambulantes, delincuentes y avezados carteristas. Ellos se encargarán de romper vidrios a los automovilistas desprevenidos o bien atorados en los tacos que llegaron de la mano del túnel.
El actor inglés Russell Brand se los dijo en la cara durante la última entrega de los premios MTV: ‘‘Nosotros los ingleses decimos desperdicio en vez de basura y micro en vez de bus… pero la gran diferencia es que tenemos salud gratis para todos y Estados Unidos no’’.Lo que no pudo hacer la crisis económica, Irak ni Afganistán —talones de Aquiles de Estados Unidos en los últimos años—, lo está logrando la salud: la popularidad de Obama roza el 50 por ciento, anotando una de las bajas más rápidas para un presidente en su primer año. La gente teme que la reforma sanitaria que él impulsa, signifique un alza de impuestos. En realidad, el objetivo de la reforma es establecer un sistema público de atención en salud, algo así como un Fonasa, en lugar de los carísimos seguros que son la única alternativa. Hoy, aparte de los consultorios y servicios de urgencia, si una persona no tiene póliza simplemente debe endeudarse para acceder a un buen tratamiento, en buenas cuentas “atenderse particular”, como decimos en Chile.

En las últimas semanas me tropecé con letreros de micro y paletas camineras que alientan a los jóvenes a anotarse en el Registro Electoral. Si hasta un ‘rostro’ de TV se me apareció camino a casa, llamando a participar de esta elección. Lógico, pensé, si el período para inscribirse termina este domingo 13 de septiembre, ya que el gobierno rechazó la petición de Piñera para dar un mes más de plazo. La cosa es seria: se estima que 3.800.000 personas podrían votar y no lo hacen, situación especialmente sensible para el candidato de la Alianza porque, según la última encuesta CEP, Piñera tiene un 41 por ciento de apoyo entre jóvenes de 18 a 24 años.
¿Por qué un veinteañero querría inscribirse en esta pasada?, me pregunto. ¿Por qué razón ahora si no lo hizo antes y no quedó ‘preso’ del voto obligatorio (se supone que dejará de serlo)? Hace años que no veía una elección tan latera. Partamos por los candidatos: un ex presidente, un ex abanderado y senador. Ambos “ex”. No hay novedadad, salvo la quijotesca y hasta majadera aparición de MEO, que representa más un voto de rechazo que nuevas posturas. ¿Dónde está la voz de la gente, si ni siquiera hubo primarias competitivas? Hoy varios usan la imagen de Obama, pero ¿nadie se acuerda de que tuvo que competir con Hillary Clinton y que más encima empezó con desventaja?.