
Revista CARAS se suma a la red que se ha tendido a través de Internet para que las personajes obtengan noticias de parientes, amigos y seres queridos.
Este blog queda en manos de los internautas para dejen sus mensajes de búsqueda.
(Foto: Claudio Doenitz)

Pensé que ya había visto todo sobre la Quinta. Pero el martes recordé obligada que siempre queda algo por aprender. Cuando creí que lo freak había sido desterrado de ese escenario, cuando ya casi había olvidado el gaviotazo de Enrique Iglesias, el velo ‘guadalupe’ de Miryam Hernández, la levantada de pierna de Bolocco (¿acierto fotográfico o accidente bochornoso?), al hombre láser y otros lamentables números, la pantalla me indicó que estaba equivocada. ¡Adiós esperanza!

Foto Gentileza TVN.
Todo comenzó bien. Los mellizos de la magia estuvieron correctos, sobrepasaron el nivel del ilusionismo nacional… pero vino el final del acto: aparecieron los animadores. ¡Cómo quise que en realidad fueran falsos, sólo unos dobles!. Él, que tiene porte y gracia, vistió de chaqueta azul y pantalón blanco sin corbata… me recordó a Zalo Reyes y su Festival en Bote. Ella, se fue por la transparencia. Aunque tenga ‘calugas’, aunque la tela sea finísima y el corte de diseñador… daba la impresión de négligé. Cuando Onetto remató con el ‘koala’ tuve que haber intuído que la noche terminaría mal, sin embargo di el beneficio de la duda… creí por instantes que las pintas eran sólo para enfrentar más cómodos el truco de magia, pero volvieron de comerciales y los trapos eran los mismos. Desilusión.
Después de haber probado por varios años el matrimonio, soy una convencida de que no da para segundas partes. De todas maneras no me declaro agnóstica del ‘vínculo’, civil o sagrado, por el contrario creo que todo ser humano debe dar el paso alguna vez y poner a prueba su temple. Las últimas cifras entregadas por el Registro Civil no son alentadoras: los chilenos se casan cada vez menos y se divorcian más (al 30 de septiembre de 2009 se habían registrado 42.142 matrimonios y 41.415 divorcios) sin embargo para mí siempre hay una buen motivo para casarse… 
Están los ‘casorios’ por conveniencia, que se funden con los por dinero y poder. La aristocracia de antaño, no se desposaba sin alcance político… nada de amor, eso con suerte podía venir después. Unir reinos, fortalecer alianzas, aunar fortunas e incluso reestablecer la paz entre países eran meta suficiente para unir la vida de dos personas, aunque jamás se hubieran visto la cara. Hoy los nobles prefieren casarse con plebeyos y ‘divorciaos’, y los matrimonios por conveniencia quedan relegados a arribistas, políticos de capa caída con necesidad de reflotar su imagen, uno que otro refugiado anhelante del sueño americano, y para las esposas rusas que prefieren venir a vivir al otro lado del mundo a casarse con un ruso, que lo más seguro es que pase la mitad del día en un bar.
También están los matrimonios que se realizan “porque era el paso lógico”. Parejas con escasa química, pero que se llevan bien y para quienes vivir acompañados es prioridad. Extrañamente, si ninguno de los dos sufre un cambio inesperado de personalidad múltiple, es de las uniones más duraderas (fome, pero extensas).
La Navidad será un suspiro entre la primera y la segunda vuelta de la elección presidencial. Ya en las calles la congestión de estas fechas es un hecho consumado; los oficinistas no almuerzan para lanzarse a los malls y a estas alturas, todos se resisten a creer que falta sólo una semana para la Nochebuena.
Escribir sobre Navidad sin caer en lugares comunes es una misión imposible. Así que al igual que en Miss Congeniality, diré: “World Peace”, antes de que me apedreen. Independiente de las creencias religiosas, muy respetables todas, para mí los protagonistas de la jornada son los regalos. Al que no le guste abrirlos, ya sea rasgando el papel o despegando la cinta adhesiva, según la personalidad, es porque francamente es ‘inhumano’, en el sentido textual. Todos alegan del exceso de consumismo, de la cantidad de ‘amigos secretos’ que surgen de un minuto a otro, del gasto enorme que ni el aguinaldo compensa, pero cuando recibes tu regalo, olvidas el taco que te mandaste, la fila enorme, la probable ineptitud del cajero a la hora de pagar (entendible con los largos horarios del comercio) y hasta los más avaros pierden la noción del dinero gastado. La alegría frente al regalo recibido, responde al mandato que rige el amor: da lo mismo la edad, el cosquilleo es el mismo.
Le llamaban la epidemia rosa. Fue considerada una enfermedad de homosexuales, una lepra que se suscribía a una minoría que además, era considerada en esos años tan promiscua como pecaminosa. Pero el Sida, que no entiende de condiciones sociales ni preferencias sexuales, dejó al descubierto la conducta de una sociedad descuidada, arrogante e hipócrita a la hora del sexo.

A principios de los noventa el SIDA se había transformado en una enfermedad aterradora. Hombres, mujeres y niños se habían contagiado por todo el mundo. Recuerdo un matrimonio que entrevisté en esa época… pobres, resignados a morir. Nunca olvidaré el rostro anguloso de ese hombre, que un día decidió recurrir a mí para pedirme plata… ¡a qué grado de desesperación habrá llegado para pedir ayuda a una desconocida!
El fin de semana leí la entrevista que el ex tenista Andrée Agassi dio a la revista Der Spiegel. Sorprende saber que un ex número uno del mundo, un ícono del deporte ha confesado que odiaba el tenis. Detrás del éxito y los millones de dólares había un tipo traumado, frustrado, inseguro e infeliz. Culebrón venezolano… no obstante podría ser la realidad diaria de muchos. ¿Cuántos son felices con la labor que desempeñan en la vida? ¿Cuántos tienen la valentía del dar el salto y cambiar el switch?
Hace algunas semanas se dio a conocer la última versión del Estudio Zoom al trabajo 2009, el que detectó que después de la familia y la vida afectiva, el trabajo es una de las preocupaciones principales de los chilenos. Sin embargo lo que más sorprendió a los realizadores (consultora Visión Humana y la Universidad A. Ibañez) es que los trabajadores priorizan más la estabilidad laboral que las posibilidades de desarrollo profesional, de hecho un 87% de las personas prefiere un empleo estable en vez de éxito profesional. Además un 92% confesó que trabaja fundamentalmente para ganar dinero. ¿Los resultados hablan de mediocridad o malas elecciones?
El jueves tenía una reunión en el Alto Las Condes a eso de las siete de la tarde. Pasando la puerta de entrada me cruzo con un grupo de guardias que corre presuroso. Detrás una pareja de pololos los siguen con cara de susto. Mmm les deben haber robado a estos lolos, me digo. Sigo mi camino y llego hasta el café, donde mi ex marido NO me está esperando.
–¿Dónde estás?, le pregunto por celular.
–Acá en el estacionamiento, ¡ya voy, pero es que parece que están persiguiendo a unos ladrones!, reclama.
En fin… hay quienes sienten delibilidad por ser testigos de acontecimientos de este tipo. Es como un acto reflejo, si no fuera así, cada vez que hay un choque no se producirían esos tacos enormes, que al final no son causados por la obstrucción del camino, sino por los sapos que bajan la velocidad para ver qué pasó. Morbo puro.
El domingo pasado escuché la siguiente frase: “¿Mamá podemos ver contigo los ‘80 … para que nos cuentes si son verdad las cosas que aparecen? Extraña, viniendo de un adolescente de 14 años… pero me hizo sentido, ya que desde la muerte de Michael Jackson, Thriller y el paso Moonwalker son parte del diaro vivir. Nos instalamos. Me cuestiono por qué la curiosidad de mis dos hijos, a esa altura el de 12 se nos había sumado. ¿Será para ellos como presenciar un documental? Es una realidad tan alejada a la que viven, tan jocosa como inverosimil. En los ‘80 no había teléfono en todas las casas, el comercio cerraba a mediodía, no existían los mall. No podían entender que los tupperware eran ¡una novedad! y claro si ahora hasta los potes de margarina son plásticos. Ufffff cómo han cambiado las cosas. El protagonista tuvo que luchar con dientes y uñas para que le dieran una chequera (y del Banco O’Higgins)… pensar que hoy los bancos y las multitiendas nos persiguen, nos acosan, nos tientan a toda hora con millonarios créditos … automotriz, hipotecario, ¡de consumo!
Anoche me repetí el plato, pero esta vez en el canal de la competencia. “TVN 40 años” era la oferta y me capturó después de Dónde está Elisa. Me gustó la sensación de contraste, mismo efecto de los 80′. Ahí estaban Pancho Melo, Amaro Gómez-Pablos, Mónica Pérez, Enrique Maluenda, todos recordando desde el Festival de la Una hasta el Jappening, pasando por Magnetoscopio Musical, pero las notas eran intercaladas con las noticias de ese momento: atentados, protestas, declaración de Estado de Sitio, toque de queda, tanquetas en las calles, miedo. ¡Impresionante! Y la vida continuaba para una generación que no había conocido otra cosa.
Me pregunto por qué miramos con tanta nostalgia aquellos años y los recordamos en fiestas especiales, revivals de grupos, remakes de videos y hasta el regreso de la moda… tal vez fue una época en la que se vivía con más pasión, con menos indiferencia…tiempos de blanco y negro, de fuertes contrastes, un país sin lugar para los matices. Quienes vivimos aquellos años en la flor de la juventud sabemos que fuimos testigos de momentos cruciales en todos los ámbitos … pero más que eso los ‘80 fueron ‘nuestra época’ –como decían nuestros padres– tal vez sólo por eso, no los dejamos ir.
Son casi las seis de la tarde cuando pongo la primera línea de este post. Afuera el tráfico está que arde. Los taxis enarbolan banderas, las oficinas fueron literalmente abandonadas por los machos-futboleros, el país entero corre a casa. Da lo mismo si la TV es grande o chica, plasma o LCD. Chile-Ecuador es la consigna. Sudáfrica la siguiente parada. Bielsa, el próximo santo.
La última vez que el país contrajo el síndrome fue en 1998. La Roja día noche. Los chilenos se deleitaban con los paisajes parisinos. Paulina Nin cocinaba cheak-to-cheak con Pancho Toro y la Torre Eiffel como escenografía de fondo (Cosita aún vivía). En TVN Camiroaga arremetía con La Noche del Mundial y Luciano Bello cobraba vida. La dupla Za-sa funcionaba. A Bam-Bam aún no se le cortaba la respiración por Kenita, El Matador no sabía de penas de amor ni de modelos de discotheque… todo era miel sobre hojuelas.
Hace años se me ocurrió soltar en plena terapia que me parecía atractivo ser la mujer de un político. La sicóloga, con el rostro en rictus, me miró sobre sus anteojos en la punta de la nariz y me aseguró (según su experiencia) que las señoras de los políticos eran las que se sentían más solas en el universo femenino. Mmmm sí… podría ser reflexioné: El hombre siempre está en reuniones, de viaje, inagurando una carretera, asistiendo a algún foro internacional, duerme poco en casa, si lo hace llega muerto, no hace asado los domingos… demasiada espera y poco retorno. Me pareció que la opción no era rentable. Y claro eran los tiempos de la tranquila señora Leonor Oyarzún, la época en que Martita Larraechea sólo manifestaba su apoyo tomando la mano de Frei a todo evento (lo sigue haciendo), o de una Luisa Durán que con sólo una mirada parecía dar su beneplácito a Lagos. Es decir que, a pesar de que comandaron proyectos importantes (no quiero desconocer su labor)… tuvieron un rol secundario, bajo la máxima (machista a mi gusto): “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.