Hace unos días vi en YouTube la entrevista que Sky News le hizo al magnate de NewsCorp, Rupert Murdoch. Es sin duda uno de los actores principales del sistema de medios mundial y un personaje que ha sabido desarrollar con éxito el antiguo modelo de negocio medios-avisaje-audiencia. Los medios que controla su compañía son: FOX, Wall Street Journal, The Sun, New York Post, entre docenas de otros medios impresos y audiovisuales. Lo que diga o haga siempre será relevante para la industria.
Creo que hoy Murdoch ya no se levanta tan tranquilo como hace 15 años. Todo iba bien hasta que se topó con la revolución de Internet. Los medios tradicionales habían coexistido con los avances tecnológicos y mantuvieron sus estándares durante años, sin embargo, Internet le ha complicado la vida más de lo esperado.
Malo el final de Donde está Elisa? Ya sé que no es para tanto… es una teleserie no más. Me enganchó casi al final, enloquecido por la actuación de Volpato (Consuelo Domínguez), lejos lo mejor. Seguramente es el papel de su vida, aunque una actriz como ella pronto se sacará el traje de asesina… sin embargo aún le queda un tiempo para aguantar a los desubicados que le gritan “¡criminal!”, cada vez que va de compras. El punto es que hace unos días me acordé de la Consuelo cuando pasé por una panadería, apostada en una típica esquina de Santiago Centro. Hasta hace un año vivía allí una mujer de carne y hueso, una mujer conocida en el barrio por sus maldades, que actuaba lejos del ojo público, hasta que algo falló en sus planes y su nombre saltó hasta los titulares de los diarios. De hecho –dicen– fue una de las fuentes para la fértil imaginación del guionista Pablo Illanes.
El jueves tenía una reunión en el Alto Las Condes a eso de las siete de la tarde. Pasando la puerta de entrada me cruzo con un grupo de guardias que corre presuroso. Detrás una pareja de pololos los siguen con cara de susto. Mmm les deben haber robado a estos lolos, me digo. Sigo mi camino y llego hasta el café, donde mi ex marido NO me está esperando.
–¿Dónde estás?, le pregunto por celular.
–Acá en el estacionamiento, ¡ya voy, pero es que parece que están persiguiendo a unos ladrones!, reclama.
En fin… hay quienes sienten delibilidad por ser testigos de acontecimientos de este tipo. Es como un acto reflejo, si no fuera así, cada vez que hay un choque no se producirían esos tacos enormes, que al final no son causados por la obstrucción del camino, sino por los sapos que bajan la velocidad para ver qué pasó. Morbo puro.
El resultado será un dilema, pero la única certeza que entregará la próxima elección presidencial es que, buena parte de esa envejecida manada política que ha acompañado al país durante largo tiempo, deberá despedirse de sus pares, saludar por última vez a sus electores y comenzar a ver qué actividades de adulto mayor tienen organizadas sus municipalidades.
Los mismos que sueltos de cuerpo han dicho que Gabriel Valdés, al dar una honesta opinión personal, sufriría problemas seniles, no entienden que son ellos y no el ‘Conde’ los que están más cerca de pasar a los cuarteles de invierno.
Me chocó —y me tentó— el titular de The Wall Street Journal (miércoles 28) sobre nuestro país: “La cultura política en Chile se ha vuelto soporífera”. Lo leí al tiro. La columna en cuestión decía que la estabilidad alcanzada aburría y que el único elemento destacable de la campaña presidencial era Marco Enríquez-Ominami. “El hijo de un líder guerrillero se postula a presidente y sacude la campaña electoral”, apuntaba agregando que “el ascenso de Enríquez-Ominami, de opiniones fuertes en temas que van desde el aborto hasta Hugo Chávez, está remeciendo” al país.
El domingo pasado escuché la siguiente frase: “¿Mamá podemos ver contigo los ‘80 … para que nos cuentes si son verdad las cosas que aparecen? Extraña, viniendo de un adolescente de 14 años… pero me hizo sentido, ya que desde la muerte de Michael Jackson, Thriller y el paso Moonwalker son parte del diaro vivir. Nos instalamos. Me cuestiono por qué la curiosidad de mis dos hijos, a esa altura el de 12 se nos había sumado. ¿Será para ellos como presenciar un documental? Es una realidad tan alejada a la que viven, tan jocosa como inverosimil. En los ‘80 no había teléfono en todas las casas, el comercio cerraba a mediodía, no existían los mall. No podían entender que los tupperware eran ¡una novedad! y claro si ahora hasta los potes de margarina son plásticos. Ufffff cómo han cambiado las cosas. El protagonista tuvo que luchar con dientes y uñas para que le dieran una chequera (y del Banco O’Higgins)… pensar que hoy los bancos y las multitiendas nos persiguen, nos acosan, nos tientan a toda hora con millonarios créditos … automotriz, hipotecario, ¡de consumo!
Anoche me repetí el plato, pero esta vez en el canal de la competencia. “TVN 40 años” era la oferta y me capturó después de Dónde está Elisa. Me gustó la sensación de contraste, mismo efecto de los 80′. Ahí estaban Pancho Melo, Amaro Gómez-Pablos, Mónica Pérez, Enrique Maluenda, todos recordando desde el Festival de la Una hasta el Jappening, pasando por Magnetoscopio Musical, pero las notas eran intercaladas con las noticias de ese momento: atentados, protestas, declaración de Estado de Sitio, toque de queda, tanquetas en las calles, miedo. ¡Impresionante! Y la vida continuaba para una generación que no había conocido otra cosa.
Me pregunto por qué miramos con tanta nostalgia aquellos años y los recordamos en fiestas especiales, revivals de grupos, remakes de videos y hasta el regreso de la moda… tal vez fue una época en la que se vivía con más pasión, con menos indiferencia…tiempos de blanco y negro, de fuertes contrastes, un país sin lugar para los matices. Quienes vivimos aquellos años en la flor de la juventud sabemos que fuimos testigos de momentos cruciales en todos los ámbitos … pero más que eso los ‘80 fueron ‘nuestra época’ –como decían nuestros padres– tal vez sólo por eso, no los dejamos ir.
Viernes 23 de octubre. 02:07 am.
Me desperté de un sobresalto. Un fuerte ruido en la calle, frenazos y gritos me hicieron temer algo grave. Vivo en una tranquila calle de Las Condes, y el alboroto activó mi alerta.
Pensé que eran alucinaciones, tal vez un mal sueño…: ¡70 jóvenes!, de no más de 15 años, se habían tomado la calle como si la pista fuera un sector de baile y mi tranquilo vecindario se había convertido en discoteque. Con la puerta de sus autos abiertas (apuesto que ninguno tenía licencia), la música a todo volumen, tomaban en las cunetas, recostados muy cómodos sobre los otros autos estacionados, sin que les importara nada, ni la tranquilidad de los vecinos o la limpieza.
¡Mi calle se había convertido en un centro de eventos! En el objeto de una indeseada y peligrosa plaga, envalentonada por el trago y desafiante dada su evidente supremacía numérica.
Hasta hace unos días lo llamaban ‘el Príncipe’, ‘el Conde’…respetadísimo por su brillante carrera. El registro de un político serio, digno de imitar por las nuevas generaciones: fundador de la falange, de la Concertación, ministro, senador, embajador, miembro de la ONU, sólo le faltó ser presidente (hay quienes dicen que le faltó una pizca de ambición por el sillón presidencial). Hace unas semanas lo aplaudían a rabiar en el lanzamiento de su libro Sueños y Memorias, en el que Gabriel Valdés Subercaseaux, como testigo de primera línea, relata inéditos episodios políticos y sociales de Chile…
Pero bastó una frase, un simple comentario de pasillo —más encima sacado a tirabuzones—, para que su trayectoria y respetabilidad se viniera al suelo, y lo que es peor, la lluvia de críticas vino de parte sus correligionarios que lo habían elevado a ‘prócer’. “Creo que (Piñera) sería un buen presidente”, fue la frase fatal. La dijo a la salida del Consejo Chileno para las Relaciones Internacionales, donde había expuesto el candidato por la Coalición por el Cambio. No era tan difícil darse cuenta que lo suyo fueron palabras de buena crianza para el hijo de un gran amigo personal, como fue José Piñera padre, en ningún caso fue un apoyo explícito; de hecho enseguida dijo que su gran debilidad era Ominami chico.O acaso cuando Patricio Aylwin dijo sobre el caso Banco de Talca que Piñera “no fue condenado por algún hecho delictuoso”, ¿alguien se le pasó por la mente que se estaba cambiando de bando y que votaría por el candidato de la derecha?.
Buen golpe el del piñerismo y sus cuatro carillas defendiendo las uniones civiles entre parejas de hecho. Pero la idea no es nueva y hasta ahora no ha tenido destino. Si una ‘progresista’ como Bachelet prometió una ley al respecto en su mismísimo programa de gobierno y no cumplió, ¿lo hará la Alianza, donde ni siquiera hay consenso en este tema?
“Propondremos legislar para entregar estabilidad jurídica básica a las parejas de hecho, independiente de sus composición”—, la presidenta rubricó en su plan: “El Chile que queremos debe saber acoger a todos los ciudadanos sea cual fuere su orientación sexual. Tenemos que reconocer que como sociedad hemos sido injustos en esta materia. Muchas veces nos hemos burlado, muchas veces hemos discriminado”.
Por un lado, este tema no fue prioridad frente a problemazos como los pingüinos o Transantiago, y por otro, el país no parecía muy preparado para esta discusión. Sin embargo y a pesar de que otro gallo canta hoy día, el asunto sigue postergado: ¿por qué las transformaciones sociales se demoran tanto en reflejarse en leyes, normas y estatutos?
Cuando en diciembre del año pasado probé el primer celular que usaba el software de Google, dictaminé rotundo: “Buen producto. Si lo suyo no son los videos, éste es su teléfono. Si lo suyo es llevar “una vida Google”, éste es su móvil.
Se burló el gerente de Marketing de Rigg Tecnología que nos había facilitado el aparato: “¿Qué es una vida Google?”.