El otro día me di cuenta de que hace tiempo que no recibo la cuenta del celular. Fue cuando me llegó un SMS que decía algo así como “le recordamos que usted tiene una boleta vencida por x plata, pague o le cortamos el servicio. Si ya pagó, no haga caso, etc.”
Entonces me puse a pensar y recordé que nunca he recibido la correspondiente cuenta impresa, en un sobre, en mi domicilio, como debe ser. Tampoco por email, como supuestamente sería solo indicando mis datos, ya que estamos en pleno siglo XXI. Lo cierto es que soy un cliente nuevo en esta compañía, cuyo nombre no diré, aunque tiene un logo rojo con letras blancas, pero desde que pertenezco a ella, nunca he recibido la cuenta.
En ocasiones anteriores fui y pagué callado porque lo que me cobraba el poco amable SMS correspondía al plan contratado, pero esta vez no. ¿Cómo saber a qué se debe el monto adicional sin un detalle de la cuenta? Lo más lógico es llamar al 103 y someterse a la burocracia: “si necesita esto, marque esto otro”, hasta dar por fin con la opción “uno de nuestros ejecutivos lo atenderá”. No creo necesario continuar lo que viene porque más de alguna vez el amable lector se habrá encontrado en un trance similar. Aunque sí, lo reconozco: soy del tipo cliente cacho. Ese que insiste en que lo escuchen en lugar de someterse con paciencia a la cantinela mecánica que no ayuda en nada, ese que se molesta después de varios “espere en línea, no me corte” seguido de “déme su Rut por favor” y la insufrible música de espera. Si hay alguien que aguante estoico ese trance, lo admiro. Tampoco es necesario señalar que no resolvieron mi problema ninguna de las cuatro o cinco veces que lo expuse, hasta que la ejecutiva me cortó después de que le dije “oiga, escúcheme ¿si?, insisto en que no se por qué no recibo la cuenta, precisamente ese es el problema, y se que me están cobrando un adicional, pero quiero saber a qué corresponde. ¿Puede entender eso o es mucho para usted?”
Personas como yo no podemos vivir sin teléfono. No sólo hablo por él, lo uso para conectar mi notebook a la red para trabajar y sí, también vivo metido en Twitter. Aunque se ría alguien, es clave para mi pega. Supongo que eso es igual de válido que si fuera otro de los cientos otros de miles que tienen un celular para entrar a Facebook, jugar en línea o bajar videos de YouTube. De modo que esta vez, como las anteriores, me cansé y pagué. Sin saber qué era el adicional, sin haber recibido ni el estado de cuenta ni una explicación. En lo que a mi respecta, mientras no la tenga, fue dinero regalado. Como tantos otros miles de trabajadores que juntan con sacrificio cada chaucha y le regalan plata a una empresa transnacional que les “presta un servicio”.
Lo curioso es que me cambié a esta compañía, cansado de un trato similar por parte de otra, cuyo nombre empieza con E y termina con L. Cada semana me llamaba un señor para ofrecerme cosas que se contratan pronunciando un simple “SÍ”. Luego descubrí que había solicitado horóscopos, chistes, recetas de cocina, cambios de planes varios, etc. ¿Será que estos personajes están entrenados para hacer preguntas del tipo que uno responde “sí” y obtener de esa manera el equivalente a una firma verbal? Descubrí luego que no podía dar de baja el prepago-cuenta-controlada sin antes pagar esos cobros. Luego de un tiempo, por registrar un saldo en mora, ni siquiera podía llamar al 103. Entonces fui a una oficia de “Servicio al cliente”. Después de hacer una larga fila, la ejecutiva me dijo que ella no se encargaba de esos asuntos. Me mandó a la “plataforma de auto atención” que no es más que un auricular adosado a un módulo y que conecta, otra vez, al dichoso “call center nivel 103”. Pasé cada opción hasta que la voz dijo “no podemos atenderle porque usted se encuentra impago”. Tal cual. Sería gracioso si le hubiera tocado a otro.
Admiro a quienes se agruparon y fueron al Sernac para estampar una demanda colectiva hace un tiempo por cobros indebidos. Se supone que les devolverán el dinero y recibirán además una jugosa compensación de 0,1 UTM (cerca de $3.863). Me arrepiento de no haberme dado esa lata. En cambio yo, sencillamente me cambié de empresa y ahora no sólo tengo cargos extraños, ni siquiera recibo un estado de cuenta y “los ejecutivos de atención al cliente” se dan el gusto de ningunearme y cortarme así, sin más, si me muestro un poco conciente de mis derechos.
Que me perdone la justicia, pero dudo que este tipo de abusos se termine luego de la resolución que obligó a los tres operadores a devolver los cobros indebidos recientemente. He hecho averiguaciones y encontré al menos una docena de casos como el mío. Más que círculo vicioso, es un círculo infernal, porque finalmente obliga a pagar a ciegas o te condena a la incomunicación o peor aún, a no poder trabajar, como en mi caso. Si eso no es ilegal, al menos es inmoral. Y por cierto que se parece a la esclavitud.








El tema se ha estudiado científicamente. El mes pasado se dio a conocer un estudio de la Universidad de la Frontera que revela que tener sentimientos positivos y estar a gusto con la alimentación son dos cosas indispensables cuando se quiere evaluar la satisfacción con la vida.
Dentro de este panorama desalentador, este lunes comienza la Encuesta de Caracterización Socioconómica Nacional, CASEN y el Ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín, anunció que para esta oportunidad, además de los tópicos tradicionales en los que se basa el cuestionario, se tomará en cuenta el grado de felicidad de los chilenos.
Qué cierta la frase que del amor al odio hay un solo paso…