Tristram Stuart dedica todas las tardes a hurgar en los tarros de basura de la ciudad. Después de las 6, vestido de jeans, zapatillas y chaqueta sale a explorar los patios traseros de las grandes tiendas de autoservicio. No es un homeless –como llaman a los que viven en la calle– sino un treintañero de clase media, educado en la Universidad de Cambridge, que se ha lanzado a la aventura de demostrar lo escandaloso que es el desperdicio de comida en Inglaterra, donde una cuarta parte de los alimentos que se compran acaba invariablemente en la basura.
Las cifras oficiales indican que en el Reino Unido se tiran 20 millones de toneladas de alimentos cada año. Y no todo es desperdicio.
Tristram y su esposa llevan años viviendo de los desechos de la tienda del barrio, que –según cuenta en su libro Waste: Uncovering the Global Food Scandal– arroja a la calle bolsas y bolsas de alimentos comestibles que servirían para alimentar a un sinfín de familias de escasos recursos y combatir muchos de los problemas que están impactando al planeta.¿La lógica? Si botamos menos alimentos a la basura se necesitarán menos tierras de cultivo y, por tanto, se cortarán menos árboles y se usará menos agua de riego. “En un nivel más básico hablamos de igualdad –aclara. Si se desperdicia menos comida, lo cual es absolutamente posible, habrá más alimentos para combatir el hambre que afecta a muchas personas”.




. Acepto”, sino la firma de un papel que establece normas y reglas claras en caso de separación. Algo así como: “Rompa en caso de emergencia”.
Otra alternativa era visitar la 

nfocados en lo ecológico.