Quizás a algunos, a muchos o a todos mi afirmación indeclinable (va impresa categóricamente en el título de esta columna) les suene absurda, extemporánea. Pero tiene mucha lógica.
Cuando estamos comenzando a prepararnos para enfrentar elecciones municipales han ido surgiendo como por abracadabra (que quizás es el más racional de los sistemas) candidatos (o pre… ya perdí la noción) a las presidenciales de fines de 2013.
Primero, el titular de Hacienda del gobierno de Bachelet; luego, el líder de un partido político de la Concertación (no de los grandes, hagamos la salvedad); y hasta una mujer que no es precisamente la Bachelet. Se trata de una senadora DC que cuando nos aprontábamos a celebrar la Nochebuena declaró en el programa “Mentiras verdaderas” de La Red que “sí, yo estoy dispuesta a ser candidata”, y agregó un “me encantaría estar en la papeleta”.
A ellos se sumó hace sólo unos días un ex presidente de FEUC y ex parlamentario (fue derrotado al postular al Senado), y veremos cuántos más engrosan la lista cuando esta página suba definitivamente a la web.Cuestión de gustos, sin duda.
Quizás como los que van a estar disponibles van a ser los más, sería útil abrir un registro —no creo que llegue a ser muy extenso— donde nos inscribamos todos los que indeclinablemente renunciamos a presentarnos como candidatos a la Presidencia de la República, teniendo naturalmente en cuenta que en Chile los “indeclinables” a veces son con puro elástico y todo termina en un “tuve que ceder porque me lo pidieron las bases”.
Considero muy respetable que ya haya una pléyade de chilenos (y por ahora una sola chilena, mientras Michelle Bachelet y Camila Vallejo permanecen en silencio) que estén dispuestos a sacrificarse por asumir la primera magistratura. Pero a veces me pregunto si éstas no serán estrategias para luego transar, como en los juegos de mesa, esas posiciones por auspiciosas parcelas (léase ministerios o embajadas o candidaturas menores).
Aunque nada que ver, no sé por qué se me vienen a la mente uno que otro personaje solitario que en una u otra oportunidad, en Chile o fuera del país, se han presentado a lidiar en campañas presidenciales.
No es que los compare con los que ya están en carrera en nuestras pistas, pero recuerdo de pronto al inefable Coluche, humorista francés que se terció una banda presidencial —la de ellos tiene los mismos colores que la nuestra— y se presentó de candidato a las elecciones francesas de 1981; con un 16% en las encuestas tuvo en jaque a sus contrincantes, finalmente vencidos por Francois Mitterrand.
Tim Leary, considerado el gurú del LSD, y muy citado en la reciente biografía de Steve Jobs, había desafiado a Ronald Reagan en las elecciones de gobernador para el estado de California. Problemas anteriores terminaron con él en la cárcel y Reagan lo dejó muy atrás: años más tarde llegaría a la Casa Blanca.
Últimamente el alcalde de Bogotá Antanas Mockus, excéntrico político, filósofo y matemático, miembro del Partido Verde, se presentó a las presidenciales colombianas con ponencias más que originales. Tampoco llegó a puerto. Le ganó Juan Manuel Santos. De nada le sirvió la publicidad desplegada a su favor, como haberse casado en segundas nupcias a lomo de un elefante de circo.
Y en Chile tenemos a nuestro cura de Catapilco. ¿Sabrán las nuevas generaciones quién fue? No creo. En todo caso Antonio Zamorano Herrera, ex cura párroco, se presentó a las elecciones presidenciales de 1958 y con apenas 3,3% permitió que Jorge Alessandri venciera a Salvador Allende.
Candidatos menores e incluso peculiares ha habido muchos. Se podría hacer un almanaque sobre ellos. En todo caso, retomando el hilo del principio, reitero mi renuncia indeclinable a ser candidata a la Presidencia. Pueden tener la certeza de que al menos yo no me presentaré, aunque me lo exijan las bases.

