Ir a comer debe ser una experiencia entretenida, digna de recordar o al menos placentera, pero hay una serie de pequeños detalles y también grandes errores que logran que juremos no ir a ese restaurante nunca más. Peor aún, hay veces en que todo resultó tan mal que no podemos dejar de hablar mal y de convencer a nuestros conocidos y amigos para que no vayan. Acá van mis top 7.
Baños sucios: Nada peor que un restorán tenga los baños sucios. Mi regla de oro por años es siempre darme una vuelta por los baños antes de formar mi opinión sobre un lugar. Entendemos que en horas peak estén desordenados y un poco caóticos, pero nada justifica la suciedad propiamente tal y de inmediato te hace pensar que si no pueden mantener sus baños limpios (que están a la vista del público) cómo estará la cocina!
Los cubiertos : Que te pidan que dejes los cubiertos para el próximo plato, si los pusimos encima del plato es porque queremos nuevos cubiertos! O peor es cuando los toma el propio garzón y los deja en la mesa, ensuciando con los restos de comida la superficie de la mesa. Todos estamos tratando de ahorrar agua para salvar el mundo, pero es bastante poco higiénico tener que comer el plato principal con los restos de la entrada, sobre todo si comiste una salsa. No ahorren en esto por favor!
Utensilios sucios: Una sensación muy desagradable es tomar la alcuza o el salero para aliñar una comida y quedar con las manos “pegoteadas”. Más terrible y desalentador es encontrar un cubierto mal lavado o un vaso picado. No sólo es desagradable sino que denota una nula preocupación por el aseo de los elementos de la mesa.
Restaurantes vacíos: Si pasas por un restaurante a las 10 PM de un viernes y los únicos seres vivos son los garzones, es porque algo anda mal. Podría tratarse de un lugar muy nuevo o una mala ubicación, pero no es muy buena señal que esté completamente vacío en una hora peak.
Garzones demasiado presentes: Les ha pasado que no han terminado de tragar siquiera y ya está el garzón preguntando “¿Retiro?” o esos mozos extremadamente atentos que cada 2 minutos te preguntan “Está todo bien?” , si ya te dije que sí dos veces antes significa que está todo bien y que no necesito nada más! Sólo les pedimos que nos miren de vez en cuando por si levantamos la mano. Comparto una frase que leí una vez: “el buen servicio debe ser invisible y silencioso”.
La música: En gustos musicales no hay nada escrito, pero convengamos que no es agradable comer escuchando heavy metal o punk. Hasta los lugares más “cool” que he visitado se caen en este detalle. Si te llegas a hacer la pregunta, “qué le pasa a este restaurante con la música?” es porque aquí hubo un error de selección. Es increíble como esos pequeños detalles marcan una gran diferencia en la experiencia y recuerdos que nos llevamos del restaurante.
Seres vivos (o extractos de ellos): Ya sean perros, gatos o peor aún ratones o cucarachas, encontrarse con uno de estos amiguitos dentro del local es una alerta roja poderosa. Hace poco estuve en un famosísimo restaurante de Bellavista y había un perro, lleno de sarna el pobre, instalado bajo la mesa. Nos costó varios minutos lograr que se moviera y hasta los garzones pensaron que estaba muerto. Otra cosa peor que eso es encontrarlos en los platos o en la comida. Conozco casos de baratas, hormigas y hasta una rata recién nacida como le pasó a la señora en el cine.
¿Cuáles son tus alertas para que un restorán te desilusione, o qué cosas hacen que no quieras volver a ir a comer a un lugar bajo ninguna circunstancia? Seguro que da para otro post.