Esta semana conocimos la multa que el TDLC impuso a las cadenas de farmacias SalcoBrand y Cruz Verde por el caso de colusión en los precios de cientos de productos: alrededor de US$19 millones a cada una. Lo más alto que permitía la ley, según se ha sabido. Y sin embargo…
Lo que puede parecer una cifra exorbitante –que lo es, para (casi) cualquier mortal– no debería preocupar demasiado a estas dos empresas, que de todos modos ya anunciaron que van a apelar el fallo. Porque si bien es bastante más alta que lo que pagó Farmacias Ahumada –la tercera cadena involucrada en el caso, y que a cambio de cooperar con la investigación logró una multa de US$1 millón–, ni se acerca a las utilidades logradas por las compañías a través de la (sucia pero común) estrategia de coordinar el alza en los precios.
Un poco más: acabamos de saber que luego de la colusión –que ocurrió a finales de 2007 y comienzos de 2008– alrededor de los 100 productos “coludidos” han subido un 35%. Por supuesto, y como siempre, las farmacias tienen una explicación. Alzas de los laboratorios, mayores costos operacionales, fin de la “guerra de precios” y un largo etcétera de excusas. El hecho es que las farmacias siguen ganando, y nosotros seguimos perdiendo.
Es que este tipo de prácticas resulta ser un buen negocio para las empresas, cualquiera sea el rubro. Si por alguna extraña razón los descubren, cosa que rara vez se da, la multa máxima no se acerca siquiera a los beneficios que lograron a costa nuestra. Con una (reducida) parte de lo que se ganó ilegítimamente, se paga la sanción. De penas para los ejecutivos que urdieron el engaño, ni hablar. ¿Cárcel? Eso es para delincuentes. Y ellos son empresarios, claro.
Un problema más: probablemente la multa la pagaremos todos nosotros, a través del alza en los mismos (y otros) productos con que ya nos perjudicaron antes. Si algo queda claro es que en este país rara vez pierden las empresas. ¿Los usuarios/ clientes/ciudadanos? Bien, gracias. Vaciando nuestros bolsillos para llenar los de un grupo que ya los tiene llenos, pero que siempre quiere más. Usted los conoce, son los (mismos) de siempre.
Hoy abusé de los paréntesis. Prometo no volver a hacerlo (en el corto plazo).









En medio de todo, el Loto. No la planta acuática, no. El juego de azar, ese que se acumuló durante 20 sorteos para terminar repartiendo alrededor de $8.000 millones, cerca de $5.500 de ellos a los 6 aciertos. El tema de conversación cambió. “¿Jugaste Loto?” y “¿Qué harías si te lo ganaras?” deben haber sido las preguntas más recurrentes por estos días. En el metro, las oficinas, en la casa, muchos soñaron –bah, soñamos– con los miles de millones. Mentalmente los gastamos, si no todos, buena parte de ellos. Casas, viajes, autos, pagar deudas. Cada uno tenía asignada la plata a su manera.