La discusión ha alcanzado proporciones insospechadas. Nos llenamos de teóricos, de expertos en el tema que nunca se han acercado al periodismo más que a través de la pantalla de su televisor. ¿Censura? ¿Malas prácticas periodísticas? ¿Discriminación? De todo un poco.
El “reportaje” de Contacto sobre la discriminación a las nanas tenía menos de periodismo investigativo que de cámara indiscreta. Poner a dos actrices –una caracterizada de nana, otra como su empleadora– a recrear una situación de maltrato en un supermercado, y luego entrevistarlas para que contaran lo que habían sentido, cuadra más en un programa como Videomatch que en uno como Contacto.
No justifico la censura que, al parecer, aplicó René Cortázar a la segunda parte del capítulo. El mismo que hizo algo parecido con el programa de Contacto (en su anterior formato) sobre falsos exonerados, y con Informe Especial cuando era mandamás de TVN. Historial –prontuario puede parecer una palabra más apropiada– tiene, pero en este caso le quedó en bandeja. Los procedimientos eran tan cuestionables, que el corte de la emisión quedó dando bote.
El uso de cámaras ocultas también queda en entredicho. Además de registrar situaciones derecha y artificialmente provocadas por actrices, muestran una realidad que ya no asombra a nadie a estas alturas. Recordemos los casos de las nanas en Chicureo –el instructivo de la piscina, la prohibición de circular por las calles de un condominio– y nos daremos cuenta de que de novedad este tema tiene poco o nada.
Tampoco, como ocurre en algunos casos, el reportaje denuncia un delito flagrante. Podremos tener reparos, y muchos, con la discriminación, pero mientras no esté vigente la nueva ley que por estos días se tramita, no constituye delito. No corre riesgo la ciudadanía. No debería haber alerta pública. No queda tan claro un bien superior que justifique el uso de medios de este tipo.
Creo que este caso partió mal. Un tema ya tratado, sin demasiada novedad. Mal enfocado en la forma de investigar. Eligiendo medios cuestionables, por no decir derechamente inapropiados. La censura de parte del directorio, o parte de él, parece sin duda inapropiado. Pero no más que el trabajo de edición, que debió prever las consecuencias de un reportaje de este nivel de factura. Todo a una semana de estrenarse el “nuevo” Teletrece, uno que prometía mayores niveles de compromiso con la investigación y denuncia…
Por último, y tal vez lo más grave, Canal 13 hizo patente que el clasismo que denunciaban está más vivo que nunca. De otra manera no se explica que las cámaras ocultas se hayan usado durante tanto tiempo sin cuestionamientos cuando se trata de denunciar a otros grupos, con menos poder de presión. Porque si el reportaje se hubiera tratado de denunciar a las mismas nanas, o a colegios públicos, tengo prácticamente la certeza de que nada de esto hubiese ocurrido. Como tantas otras veces.
Canal 13, y en especial Teletrece, queda mal parado. Porque pese al nuevo logo, a los nuevos conductores, al nuevo enfoque prometido, nos muestra que de nuevo tiene poco. Las dinámicas en los medios siguen siendo las mismas, y el cambio es pura cosmética. Ojalá el episodio sirva de algo, y en la discusión no se cometa el mismo error de quedarse en la apariencia y no entrar a los necesarios cambios de fondo.
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