Mucho se ha escrito y dicho sobre él. Que es un genio, que es un anarquista, que es un gay reprimido, que es asexuado y célibe, que sus letras son poemas con música, que tiene tantas manías que su autobiografía tantas veces anunciada como postergada, será sólo un compilado de ellas.
Lo concreto es que Morrissey no pasa inadvertido y menos aún para sus fans, que lo idolatran, lo aman, sufren y se desviven por su música, tan pasional y artística que a ratos confunde en su perfección lírica.
En pocos días, el oriundo de Manchester, hijo de irlandeses inmigrantes volverá a pisar suelo chileno para mostrar porque su sola presencia en el Festival de Viña sirvió para que el certamen cobrara un valor inusitado en su versión 2012, comparable sólo a la presencia de Sting el año pasado o de Franz Ferdinand, The Police y Faith no More en décadas pasadas.
No es mi objetivo contar del desarrollo musical de Morrissey el que muchos expertos harán con mejor y mayor certeza que yo, quizás en estas líneas sólo trate de explicarles porque a mí, un simple melómano chileno; su música y especialmente sus letras me cautivaron desde que aquella sociedad con Johnny Marr formó una de las grandes agrupaciones de los ‘80 llamada The Smiths.
En tiempos en que los acordes de Los Enanitos Verdes, Virus, Engrupo, Soda, Los Prisioneros y Mateos se peleaban la sintonía radial en la fenecida Galaxia . Desde el otro lado del mundo, nos llegaban algunos vinilos que muchos conseguíamos con particular devoción en la ya extinta disquerías Fusión del Drugstore. Ahí se podía encontrar a The Cure, Echo and the Bunnymen, New Order , Bauhaus, Love and Rockets y tantos que influenciaron de manera clara, lo que acá conocíamos como el Rock Latino.
Morrissey, Johnny Mar, Andy Rourke y Mike Joyce formaron la banda, que para muchos conseguía el sonido más pulcro y a la vez talentoso de Britannia en tiempos donde la Dama de Hierro gobernaba el país. The Smiths no sólo alcanzó el carácter de mito, porque sólo realizaron cuatro álbumes de estudio, sino porque su puesta en escena manejaba muy bien los egos de dos talentosos como Marr y Morrissey, cuya tensión y stress permanente parecían poner en jaque al grupo en cada gira.
El romance musical entre ambos se terminó en lo que muchos presagiaban como el fin del éxito para los dos creadores, sin embargo, el camino sería mucho menos pedregoso para Morrissey que para sus socios.
Con un mochila cultural muy interesante sobre sus hombros, lograda en gran medida por el apoyo de su madre bibliotecaria, Morrissey se familiarizó con los libros desde muy joven, la influencia de Oscar Wilde fue notoria en sus letras que hablan de soledad, tristeza y crítica social. Morrissey cultivó siempre un lenguaje directo, artísticamente técnico pero claro. Así se dirigió a la clase trabajadora en su paso por The Smiths, así construyó su causa animalista en el disco Meat is Murder, así criticó a la monarquía en The Queen is dead . Dardos que ha vuelto a lanzar décadas después con la boda real de hace algunos meses, tras catalogar a los príncipes como “gente que no representa a Inglaterra”.
El Morrissey solista nunca fue indiferente para los críticos y los columnistas, sus cambios de estado de ánimo lo marcaron en su relación con la prensa, así como sus particulares manías como que se mudaba de ciudad de manera constante o que prefería un castillo en Roma a un departamento en Londres o Los Angeles.
Hay otros mitos más, como que terminó abruptamente más de un show porque sintió olor a carne asada en algún concierto (ojo con los sponsors de Viña, no vaya a arrepentirse de cantar si ve un lomito o una hamburguesa cerca de la Quinta y no es broma) o que pide choferes mudos y que no le gustan mucho los fans.
Morrissey llegará a Chile como un referente de la música británica y europea, como un hombre que se adaptó y evolucionó en lo musical, como un cantante que se consagró tras algunos tropiezos con una trilogía notable con You are the Quarry (2004), Ringleader of the tormentors (2006) y Years of refusal (2009).
Más allá de si tiene uno o varios éxitos, habrá chance de ver en Viña y Santiago a un tipo que ya el 2000 y 2004 nos regaló conciertos inolvidables, como la presentación en San Carlos de Apoquindo en el marco del SUE donde sus fanáticos miraban casi embobados y extasiados aquel cantante que vestido de cura , se movía sobre el escenario en el lado sur del estadio, cantando First of the Gang to die o Every day is like Suday.
Si quieren comprender mejor a Radiohead, Blur, Oasis, The Verve y todo aquello que se denomina BritPop, Morrissey es un imprescindible, no sólo por su talento y su manera de enfrentar la vida, sino porque su estética, su sonido, su melancolía y hasta su toque malvado, construyen la imagen perfecta de lo que de verdad es un artista influyente, uno que trasciende y no resulta indiferente.
>Morrissey – I’m Throwing My Arms Around Paris
1 comentario
que bueno que viene un verdadero artista no dijo que los demas sean malos pero Morrissey es Morrissey un grande y humilde lo he visto las 2 veces en santiago y es genial hojala traigan a mas cantantes como james . Erasure,metallica o iron maiden que sea un festival pluralista el genero metal tiene varios adectos y si compran las entradas, pienso que gente como sergio cancino (ex fm tiempo)sabe ene de musica y deverian de pedir consejos a quien traen el 2013