Nunca entendí la fascinación por Twitter. Esa idea de que algo que se va a describir en 140 caracteres (menos de 30 palabras) va a ser importante para todo el mundo. Puede ser importante para alguien, para una persona cercana, para un amigo, para un “hermano” (literal o figurado), pero ¿para mucha más gente?, no creo.
Recuerdo cuando empezó esta locura. Grupos de amigos reales compartían lo que estaban haciendo. Era entretenido para ellos porque eran amigos de verdad y les interesaba saber en qué estaban. Yo los conocía, pero no era amigo de ellos. No me habría metido a Twitter para saber si estaban cocinando pescado frito o saliendo para Miami.
Cuando, finalmente, y de mala gana, decidí meterme a Twitter, me contacté con algunos twitteros famosos porque los conocía. “Espero que lo que publico te sea útil”, me escribió uno de los líderes (JPG). No fue así.Muy pocas veces me ha servido algo. Me serviría si tuviera auto y no supiera si tomar la Ruta 68 o la Ruta 78 para llegar a Algarrobo. Pero no es el caso.
JPG me invitó a un “webinar”; no es un seminario en broma, sino que una entrevista a través de la web. Cuando estábamos juntos, esperando para salir al aire, JPG twitteaba maniáticamente en su iPhone… Podríamos haber conversado, comentar lo que estaba pasando en nuestras vidas, comentar del tiempo en que trabajamos juntos, pero no: él estaba ahí publicando que estaba conmigo… ¡No es cierto! ¡No estaba conmigo! ¡Estaba mirando su pantallita todo el tiempo!
El otro día Fernando Paulsen me comentaba que siempre ha querido tener más interactividad en “Tolerancia Cero”. Cuando se compró un iPad, lo llevó al programa y se puso a twittear en directo. Al poco rato, Paulsen se dio cuenta de que no estaba prestando atención a lo que pasaba en el set y apagó el aparato.
Es lo que pasa: no puedes estar prestando atención a lo que pasa en la vida real y a tu pantallita al mismo tiempo. Es notable la obsesión de las personas por lo que pasa en un celular. He visto algunas en el metro obsesionadas por lo que pasa allí. Puede pasar Pamela Díaz por el pasillo y no se van a dar cuenta porque están viendo un video de Pamela Díaz en HD…
Es tan importante que mires a los ojos a las personas con las que estás compartiendo y que no estés pendiente de un artefacto.Por eso me imaginé la pesadilla que sería tener una polola que twitteara todo el tiempo. Una persona que, en verdad, no está nunca contigo. Que está más interesada en “comunicar” lo que ocurre en su vida que en vivir su vida. Esto puede ser demencial. Las personas que tienen muchos intereses transmiten los partidos de fútbol europeo, las carreras de Fórmula Uno, el torneo nacional, los cambios de gabinete y la uña del dedo gordo que se les rompió.Se sienten con la necesidad de comunicarlo todo. Al final del día, como pidiendo disculpas, ineludiblemente dicen: “Queridos tuiteros, me voy a hacer tuto”. Como si las personas sólo vivieran para alimentarse de lo que ellas están informando.
No es difícil dar golpes periodísticos cuando uno está en Twitter o en Facebook. Yo a veces me dedico a eso escuchando por radio los partidos de la “U”: publico los goles y el final del partido antes que los medios y es divertido. Pero eso no puede ser mi vida. Es divertido no más.En cambio, a mí lo que me da es que hay veces en que no tengo ganas de compartir nada. Si me duele un diente, me duele un diente, y no tiene por qué saberlo Kim Kardashian ni María Gracia Subercaseaux.
Todos estos sistemas para compartir información, como Twitter, Facebook, YouTube, Google+ funcionan maravillosamente hasta que a uno le aparece un bichito que le susurra al oído: “¿Por qué? ¿Para qué?”. “Te duele el dedo gordo del pie, pero por qué le va a interesar al mundo; es tu problema”. “Amaneciste con esa angustia famosa, pero por qué lo va a saber todo el mundo; es tu problema”.
La verdad es que lo que ha pasado conmigo es que cada vez publico menos cosas en Twitter y en Facebook. Y, lo que es mejor todavía, las pocas cosas que publico tienen muy poca resonancia. Nadie les pone “Me gusta”; nadie las replica (RT); soy una persona incógnita. No existo. Y me gusta.
11 comentarios
jajajajajaja!!!!!!!!!!!! y ahora antes de mí, nadie te había comentado!!!!!!!!!!!
wajajajajajajajjaajja
Con lo cual queda confirmado (QED).
Me pareció espectacular el Blog.
Lo más divertido, es que a pesar de todo tu rechazo hacia el Twitter y los hechos cotidianos que se comentan por ese medio, me quedó clarísimo que te duele el dedo gordo del pie, jaja!
Saludos
Alexis, creo que el centro de Twitter es en el masaje al ego. Posteas para recibir feedback. No se trata de decir que te estás tomando un café con alguien, sino de compartir ideas y ver si esas ideas tienen eco en gente que no conoces. Es un vicio y los vicios atrapan.
“Personas que están más interesada en “comunicar” lo que ocurre en su vida que en vivir su vida”. Notable.Gran columna, como siempre Alexis. Creo que tienes toda la razón…A todo esto, ¿tienes Twitter, para seguirte? jajaja.
Estoy de acuerdo, Carola; pero eso funciona especialmente bien cuando tienes un grupo de amigos que te soporta (funciona muy bien acá esta palabra) y que está en esa misma onda: esa onda de publicar lo que te pasa y leer lo que publican otros. Si no estás en eso, la cuestión no funciona.
En todo caso, el tema de fondo me parece a mí es lo que estabas tuiteando de una pareja que va a comer a un restaurante y, en vez de tomarse la mano y mirarse los ojos, está todo el rato pendiente de su iPhone. Triste.
La cuestión es peligrosa, Pamelita. El problema es que nadie puede vivir la vida de uno por uno mismo. Sí, tengo Twitter, Facebook, LinkedIn… Sígueme.
Alexis! buena columna, definitivamente prefiero leer un “tweet” de 4.000 caracteres que uno de 140…
De hecho, estoy haciendo la prueba de soltar los smartphones y he vuelto a mi viejo ericsson t28, a ver de qué me perdía. Llevo una semana sin iPhone y aun no siento perderme de nada. Por cierto, qué linda ciudad tenemos…
Rai: Ahora estoy yendo a almorzar a un restaurante en el Apumanque en el que todos los trabajadores jóvenes van a lucirse con sus smartphones. Son felices viendo videos, jugando videojuegos y compartiendo lo que hacen, pero ni ven lo que están comiendo. Y la comida es muy buena. ¡Los porotos granados son un clásico del barrio!
Alexis, muy buena columna como siempre, lo notable es que todas estas tecnologías tenían la promesa que las cosas serían mas simples, que seríamos mas eficientes en nuestros trabajos y tendríamos mas tiempo libre. Nada de eso ha ocurrido, todos esperan que estés conectado 24/7. Comparto la opinión de Rai, me ocurrió lo mismo, mi Blackberry estuvo en el servicio técnico por 2 semanas y usé una antigua sin conectar el correo, chat, whatsapp, y nada importante ocurrió, ahora reviso mis correos solamente desde mi computador y me siento liberado de la adicción de consultarlos todo el tiempo.
Carlos: Varias personas que me han comentado esta columna han mencionado las palabras “adicción”, “vicio” o hacen referencia a un cierto “narcisismo”. Muchos se están dando cuenta, también, que tal vez no es necesario subirse a todas las nuevas olas… Que todo esto tiene un límite. (Están muy buenas las moras, los higos y está saliendo una uva torontel increíble.)