El fútbol es un mundo aparte, con leyes propias, irregularidades normales y acciones incomprensibles que nadie que circula por sus territorios, pretende entender. Por ejemplo, en el mundo real, cualquier persona que salga a la calle a manifestarse puede ser reprimida por la policía con el aval de la autoridad. En el Planeta Fútbol, las barras bravas no sólo entran libremente a los estadios a pesar de que existe una ley que los debería tener a casi todos en un centro de reclusión, sino que son amparados por dirigentes con los que mantienen una extraña relación de dependencia utilitaria mutua.
En el Planeta Fútbol los representantes de los clubes crean estatutos que ellos mismo después no cumplen y como son juez y parte, nadie dice nada. ¿Otro ejemplo? Un equipo X violó un punto del reglamento, el castigo era claro: plata y puntos; sólo se pagó en pesos y el resto de los clubes no reclamó.
En el Planeta Fútbol la esclavitud está encubierta, pero es permitida. Con la excusa de un contrato (muchas veces millonario), se puede retener a un jugador y obligarlo a jugar por un equipo sin que se tome en cuenta su voluntad. Aunque él renuncie, siempre va a existir una cláusula (que sólo las autoridades de este extraño planeta entienden), que va a dejar al jugador en la más absoluta sumisión y después, será la hinchada la que se encargará de torturarlo mientras esté en la cancha y como la Ley de Violencia en los Estadios no se cumple, si quieren, pueden esperarlo afuera del camarín después de los partidos, insultarlo hasta que llegue a su auto, que ojo, también puede ser blanco de las iras de la hinchada.
En el Planeta Fútbol, los jueces interpretan las leyes arbitrariamente y a su antojo. Todo pasa “según el cristal con que se mire” y así está permitido porque como si fuera el juego de la Ruleta Rusa, a cualquiera le puede tocar, así que lo mejor es reclamar, pero poquito. ¿Un tercer ejemplo? Al asistente de un juez se le cayó el banderín, al agacharse a recogerlo, no vio que un jugador incurría en una falta que advirtió todo el estadio, menos los que impartían justicia. Finalmente, este “accidente” permitió que uno de los dos equipos se llevara lo que en este particular mundo se llama “puntos de oro”.
Sólo en el Planeta Fútbol los participantes son juzgados por sus faltas dependiendo de la jerarquía y utilidad que prestan al sistema. Es decir, si un jugador es muy bueno, puede cometer actos de indisciplina una y mil veces, total, con un castigo que se cumple a medias, todos quedan conformes. Por el contrario, si un futbolista no es tan talentoso, puede sufrir las penas del infierno y no hay abogado que lo salve.
El Planeta Fútbol tiene un canal que administra y transmite los partidos. Una especie de concesión que limita el acceso a los que pagan. Curiosamente, los dueños no son las autoridades del Planeta Fútbol, sino que pertenece a un particular que tuvo el ojo –que otros no- para ver el excelente negocio que es este maravilloso deporte. Y para los que dudan, para el 2012, el canal proyecta ganancias superiores a los US$40 millones que se repartirán de forma desigual a los clubes.
Por último, en el Planeta Fútbol se deja ir a un entrenador en medio de un proceso que se proyectaba como exitoso. En el Planeta Fútbol el mejor arquero del campeonato (y uno de los mejores del orbe, pero como se trata de otro mundo, este ranking no vale) no está en la selección nacional.
¡Es bien raro este planeta! Y todos sabemos como es y cómo funciona, pero igual nos tiene pendientes, a la espera que comience el campeonato… ¿o no?
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