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Conversaciones embarazosas

Publicado el 10 Noviembre 2011 Blog 4 comentarios

Hombres y mujeres son diferentes, qué duda cabe. Pese a la cacareada igualdad, a las constantes luchas por hacer equivalentes ciertos aspectos de ambos géneros, a la recién aprobada ley antidiscriminación, hay diferencias que no se pueden obviar.

Wp-BlogembarazoPero más allá del cliché de Venus y Marte, hay un tercer género –Plutón, o algo por el estilo–, del que no se habla tanto. Y no me refiero a minorías sexuales, homosexuales, transexuales ni transgéneros. No señor. Me refiero a las embarazadas, que mientras mantienen esa condición, de verdad son un género aparte.

Esto me traerá consecuencias, lo sé. Represalias. Amenazas, tan de moda últimamente. Mal que mal, una de las características de este género de las embarazadas es su alto poder de represalia, haciendo uso de su fuero. Pero en fin. Soy un apóstol de lo que no aporta, un enviado de la Ignorancia –así con mayúscula–, embajador de lo irrelevante en este mundo. Y como tal, debo cumplir con mi tarea. Cueste lo que cueste. Así que aquí vamos.

Las embarazadas conversan de cosas que sólo para ellas tienen interés. Incluso temas que sólo ellas entienden. Por eso tienden a juntarse entre ellas. Desarrollan un sentido que les permite reconocerse incluso aunque no estén mirando. Olor, vibraciones, qué sé yo. Pero donde haya una embarazada –así la concepción se haya producido durante la siesta de la que se acaba de levantar– será reconocida por sus pares. Y se iniciará la conversación.

Ni hablar de las amigas embarazadas que se juntan a almorzar, o que salen a comprar. Eso es cosa seria. Para que quienes no forman parte de este género –mujeres no embarazadas y hombres– puedan prepararse para cuando se encuentren entre mujeres en dicha condición. Los temas que escuchará –o que leerá en su red social favorita, donde también se detectan fácilmente– son los siguientes:

Los kilos. Una fijación de las mujeres, cierto, en especial ahora que se acerca el verano. Pero la obsesión de las embarazadas es sorprendente. La comparación de los gramos que ha subido cada una abre los fuegos en cualquier conversación. Que si es normal subir tanto, que tan poco, que está bien así, que si vieras lo que cuesta después bajarlos.

Otros efectos sobre el físico. Cualquiera que esté presente en una conversación de embarazadas quedará bastante informado sobre algunos, o todos, los siguientes tópicos: retención de líquidos y consecuente hinchazón de las extremidades; várices; estrías; aumento en la frecuencia con la que van al baño; estreñimiento; acidez; dolores de espalda; calambres; problemas de piel. Para qué seguir. La lista es prácticamente interminable.
Remedios y otros. Cualquiera que presencie una conversación de embarazadas debería, posteriormente, ser capaz de recordar palabras como vitaminas, hierro, magnesio, calcio, ácido fólico y una infinidad de otros compuestos que, para una embarazada, son tan comunes como hablar de chocolates, manzanas o porotos. Lo hacen parecer tan cotidiano, como si fuera cosa de ir a la verdulería de la esquina y pedir un kilo de magnesio y un paquete de ácido fólico. Con esos nombres, estos compuestos no pueden sino producirme una profunda desconfianza.

Los ginecólogos. Una raza superior, sin duda. Tratar sólo con mujeres, y en algunos casos mayoritariamente con embarazadas, los hace dignos de admiración. Recuerdo el chiste aquél que dice que “el ginecólogo trabaja donde los demás hombres se divierten”. El punto es que este personaje ocupa gran parte de las conversaciones de las embarazadas. Que mi doctor me dijo, que es tan agradable, el mío no, imposible de ubicar, no sé qué voy a hacer si nunca lo encuentro… Pasan horas en este tema. Cuando se aburren, pasan a la matrona. Y vuelta a empezar, aunque a esta profesión por lo general le asignan menos tiempo.

La ropa. Otra obsesión habitual de las mujeres, en el caso de las embarazadas se produce una interesante mutación: primero a la ropa maternal y luego a la ropa de la guagua. Datos de tiendas, modelos, colores, intercambio de prendas, recomendaciones de lavado. Los subtemas posibles son numerosos.

La comida. Hay algo en la comida que vuelve locas a las embarazadas. Debe ser algún mandato de la naturaleza, porque de otra manera no me lo explico. Son simplemente insaciables. No distinguen salado de dulce, ensaladas de sándwiches, todo lo que sea comida les sirve. En ingentes cantidades, por cierto. A ratos uno se siente en peligro, no vaya a ser que en un descuido le llegue un mordisco. Una precaución: no mencione el tema como yo –mártir, idiota o un poco de cada cosa– lo estoy haciendo, ni las mire demasiado cuando comen. Es el equivalente a tirarle las orejas y la cola a un Rottweiler mientras se alimenta. Sobre todo, evite comentarios del tipo “cómo te quejas después de los kilos, si comes así”. Son altamente riesgosos.

Implementación. Uno de mis preferidos. A estas alturas, existen aparatos –y modelos de los mismos­– para todo: coches, sillas de auto, cunas, corrales, mudadores, moisés, columpios. La gama de productos es enorme y, obviamente, se necesitan todos. Ni hablar de la implementación propia de la embarazada: fajas, cojines especiales y, favorito entre favoritos, el sacaleche, idealmente eléctrico. Eso de enchufarse un aparato que succione lo encuentro sencillamente de otro planeta. Aunque –hay que reconocerlo– al menos tiene un fin más noble que otros aparatos igualmente eléctricos, mecánicos o inflables que existen en el mercado.

Recuerdo una ocasión en que nos juntamos 5 parejas de amigos a comer. Cuatro de las mujeres presentes estaban embarazadas. Imagínense la situación: era como comer en un pabellón de maternidad. Poco después, fui invitado –con cierto grado de coerción, por qué no decirlo– a un apasionante panorama llamado Expobebé. Creo que pocas veces he estado tan desagradado. Encontrar estacionamiento fue, ya que estamos en el tema, un parto. Logramos entrar para encontrarnos con tacos de coches en los pasillos. De verdad. Las guatas chocando unas con otras, un calor infernal, música infantil de fondo. Y todo a la hora de la siesta. Una verdadera tortura.

Si usted está embarazada, sabrá que lo que digo es cierto. Se ponen monotemáticas, no lo nieguen. Si usted es la pareja de una embarazada: fuerza. Después de 9 meses, todo pasará. O casi, porque saldrá de un tema para entrar en otro. Ya vendrán conversaciones sobre pediatras, vacunas, mamaderas, sopas y pañales. Pero eso… eso ya es otro tema.

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4 comentarios

  1. Daniela Mc Pherson dice:

    No solamente las embarazadas y sus parejas. Las amigas que hemos dado la espalda a esto de la fertilidad también nos sentimos en otra dimensión. Miradas en poco en menos incluso con pena, a veces. Realmente, pareciera que una vez que empiezan a gestar, es otra raza, dejan de ser mujeres y pasan a la categoría de preñonas como yo las llamo. Raza superior y muchas veces inentendible.

  2. @edovargas71 dice:

    Y eso que no tocaste el Sexo….eso es otra cosa…a algunas como mi mujer, le bajo el cariño extremo y a mi el rechazo…a otros al reves…que como hacerlo, arriba abajo, doogy style..el tipico chiste de tu hijo despues con la punta del dedo en la frente tuya diciendo…”no te gusto??, no te gusto?? Haaa??? jajajaja y eso no es todo…

  3. Sebastian dice:

    Fomeque la columna. Comparto con Edo, te faltó hablar de sexo en el embarazo. Ese si que es temón. Saludos.

  4. barbara dice:

    jajaja genial!
    todas mis amigas tienen 1, dos o tres hijos, primero durante sus embarazos era lo mismo que aqui dices pero la cosa continua… los pañales, el poto cocio!, las encias, como deben dormir, el mejor chupete, la tela de las sabanas o frazadas, que cuidado con las lanas, el detergente a utilizar y por supuesto no cualquier suavizante… y ahora no van a ningun lugar sin los niños!! y todo lo que ves es, mocos colgando, manos llenas de chocolate, el babero empapado, y que no te dejan conversar con la extraña de tu amiga!! entonces nos queda ponernos en campaña y hacer un encargo a paris! jajajajajaj!

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