El Gobierno dice que los estudiantes son intransigentes por no aceptar su propuesta. Los dirigentes del movimiento retrucan que los intransigentes son quienes no responden a sus demandas y se van por la tangente. Avisan que seguirán marchando por donde se les ocurra. Entonces la autoridad responde: “no hay permiso”… Usted ya sabe lo que sigue.

Foto: educacionadebate.org
Según la RAE, intransigente es aquel “que no transige”. A su vez, transigir tiene dos acepciones: “Consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia” y “ajustar algún punto dudoso o litigioso, conviniendo las partes voluntariamente en algún medio que componga y parta la diferencia de la disputa”. Difieren ambos en que, en la primera, una de las partes cede a fin de dejar de pelear (como en las parejas bien avenidas) y en la segunda, se recurre a un mediador (como en “La doctora Polo”). Aunque las palabras tienen un valor matemático, por alguna misteriosa razón, cuando se trata de opiniones, las personas insisten en desconocer que 2 + 2 es cuatro, hablando metafóricamente, y no otra cosa les parezca “justa, razonable y verdadera”.
No cabe duda de que el movimiento estudiantil está empoderado por el respaldo ciudadano y sus carismáticos líderes, convencidos –por la solidez de sus argumentos– de la legitimidad de sus demandas. También las autoridades pueden tener su parte de razón, aunque cueste verla por ciertas medidas adoptadas en los últimos días.
Particularmente, me llamó la atención la frase del ministro Andrés Chadwik “al Gobierno no se le emplaza”. Es obvio que debe primar el respeto, pero como suele ocurrir en las discusiones que van subiendo de tono, cuando el conflicto ha llegado a este punto, el respeto se ha perdido. Lo urgente es calmar los ánimos, recurriendo al juicio maduro. No obstante, pienso que los tiempos han cambiado lo suficiente como para revisar algunas tradiciones que hasta ahora nos han parecido válidas, pero que en una sociedad democrática ya no cuadran.
Me refiero concretamente al significado exacto de “mandatarios”, “ministros”, “magistrados” y otras instituciones en las que recae el ejercicio del poder. Probablemente sea un resabio de épocas en que fue apropiado emular en ciertas formas a la realeza, a fin de conferirle a la república una noción superior al individuo. No hace mucho todavía se asumían estos cargos en rancias ceremonias aristocráticas vistiendo frac y con el pueblo invitado a mirar desde la calle. A fin de cuentas, en esos años no era el sufragio universal el mecanismo de designación, la desigualdad era norma y llamar al Presidente “Su Excelencia” distaba poco en realidad del monárquico “Su Majestad”. Pero a estas alturas nadie puede desconocer que un mandatario es quien recibe precisamente el mandato de representar a los ciudadanos, así como un ministro o un parlamentario es, literalmente, un servidor público. Todos por cierto, pagados por la gente. Que merezcan o no ser considerados excelentes u honorables es otro asunto y para el caso, cuenta poco.
No pretendo dar la razón a los estudiantes, aunque no por nada cuentan con el 80% de apoyo de la ciudadanía. Ganas no me faltan, eso sí considerando que la contraparte apenas puede argumentar con un 26%, además, claro, de tener el mando de las fuerzas policiales. Pero prefiero apuntar más allá.
En cualquier organización, quien ha sido designado para administrar lo que es de todos debe, más que insistir en salirse con la suya y molestarse por emplazamientos, ser capaz atender las peticiones punto por punto y no cansarse de intentar, las veces que sea necesario, comprender lo que exigen sus mandantes.
Entre tanto flaite que aprovecha la confusión para destruir y saquear, entre tanta opinión destemplada y poco feliz, y las lacrimógenas, parece que nos hemos olvidado del dato más relevante de la causa: son los jóvenes y los niños de nuestro país, de norte a sur, quienes están reclamando cambios que todos –más allá de los matices– estamos de acuerdo en que son urgentes. ¿Qué tiene de raro que sean intransigentes? Porque sí, vaya que lo son. Y qué bueno que así sea. Los que tenemos hijos podemos reconocer en las pataletas infantiles y esas duras exigencias adolescentes (nada más intransigente que eso) una cierta presencia de ánimo, una voluntad y un carácter que nos hace sentir orgullosos y confiados de su futuro, con la esperanza de que sepan encausar su fuerza para que nunca se dejen apabullar por nadie y siempre luchen por sus convicciones. Entonces, cuando los ánimos se caldean y somos lo suficiente maduros para no optar por el correazo, prima lo importante: el amor que nos une. “¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra?”… Así nos emplaza aún hoy ese sabio carpintero que ha probado ser mejor mediador que la doctora Polo.
Tal vez sea bueno recordar esas palabras, sobre todo teniendo en cuenta que esta vez no es una simple pataleta infantil, ni capricho adolescente, la intransigencia de los hijos de Chile.
3 comentarios
¿¿Intransigente?? y quien no, lógico si desde pequeños queremos romper esquemas, muchas veces luche contra mi madre para no usar pañales en la noche y solo tenia 2 años, o cuando mi padre tenia que trabajar yo montaba un show de mil demonios para que no me dejara, el pobre viejo partía un poco mas y llorando y yo al rato estaba muerto de la risa, mas de 5 años no tenia. Ahora bien respecto a Camila Vallejo y Jaime Gajardo que mas se puede decir, logicamente son los lideres, eliminaron a Giorgio Jackson la persona mas consecuente y mediador de su equipo, De Gajardo solo podemos decir que alguien que se expresa mal de una persona por el hecho de ser Judío, ya no puede ser un dirigente valido y menos profesor, por suerte el tipo no tiene alumnos y menos mal que no hace clases. Camila Vallejo tanto habla del !!no al lucro!!! que olvido comentar su contrato con el preuniversitario por lo cual recibe libre de impuestos 30 millones de pesos anuales, creo, que con tremenda cantidad de dinero, para mi una fortuna, cualquiera congela su carrera y se dedica a luchar contra el mundo, total hay plata..si hasta un traje de gatubela le calza bien. entonces respecto a Intransigente o no, a palabras rimbombantes como las que señala el buen autor de este blog, excelencia, magistrados, ministros, etc. siempre encontraremos los intransigentes y siempre existirán personas a las que se les da tal calificativo, lo importante es saber que son tradiciones y las tradiciones son importantes y no se deben perder, son ellas las que crean identidad en los pueblos y sentido de pertenencia. ahora bien siendo positivo(muy positivo) es verdad que el gobierno actual tiene poco apoyo según dictan las encuestas, pero si miramos el vaso medio lleno, es la mejor opción política del momento, encabeza las encuestas, puesto que la desconcertación esta por debajo a 10 puntos. por lo tanto y antes que otros trapitos salgan al sol, que mejor que juntarse y tratar de llegar a un punto intermedio, se puede, yo se que se puede. gracias.
Excelente tu reflexión Daniel, entre tanta gente opinando del tema, me siento muy identificada con tu análisis. Es muy cierto que si esta revolución la estan liderando adolescentes, no pueden ser menos que intransigentes, sino negarían su propia naturaleza! la que nos permitió a todos formarnos nuestras propias ideas cuando lo fuimos. un abrazo!
Muy de acuerdo con Jaime, da mucho gusto escuchar (mas bien leer) gente cuerda de vez en cuando, sobre todo ahora que los animos estan tan caldeados que cada vez que leo una opinion al respecto el 90% de las palabras son insultos, felicitaciones.