En menos una década los teléfonos celulares se convirtieron en aparatos de tal complejidad que hoy hasta el más básico cumple con todos los requerimientos que antes solíamos esperar exclusivamente de un computador de última generación.

Optimus One de LG
Al margen de los aspectos positivos, hay uno probablemente no deseado, y bastante inadvertido y es que nos han hecho perder toda capacidad de asombro tecnológico. El más reciente modelo de teléfono inteligente del fabricante coreano LG, su smartphone L500h, conocido como Optimus One, es una prueba de esto. Nadie parece reparar en lo increíble que resulta poder realizar búsquedas en Internet a partir de una fotografía o tener en la palma de la mano un GPS que indica la ubicación de cualquier cosa en el sector donde uno se encuentre; prestaciones que han sido elegidas por la marca para promover el equipo y diferenciarse convincentemente. Contar con estas opciones en un teléfono de precio medio me parece algo muy notable.
Lo primero que destaca es un diseño muy bien logrado, bello, simple y funcional. Su pantalla táctil de 3,2 pulgadas tiene un excelente desempeño, aunque bien podría haber sido de mejor resolución, lo mismo que la cámara de mezquinos 3,2 mega pixeles y sin flash, pero están bastante bien si uno no es muy exigente en ese aspecto.
Algo similar ocurre con todo el software multimedia que trae el sistema operativo Android, especialmente el reproductor de música, que para mi gusto requiere urgente algunas mejoras básicas para estar a la altura de lo que cualquier usuario está acostumbrado (no era mucho pedir un ecualizador o por lo menos un ajuste de volumen y tonos). Varios detalles como estos podrían mencionarse, pero el desconcierto inicial se olvida pronto y ya no molestan cuando uno se enfoca en lo que se espera de un smartphone: conectividad total.
La alianza con Google es más que simple branding y da la oportunidad de acceder a todas esas aplicaciones ‘G-algo’, partiendo por ‘Gmail’. Pero aunque les pese a los chicos de Mountain View –el ejército de épsilones de Sergey Brin y Larry Page dispuesto a conquistar el mundo–, el usuario no está obligado a encerrarse en eso y puede moverse libremente por la web. Por ejemplo, se puede descargar de Android Market la sólida aplicación eBuddy, que permite integrar en una sola todas las cuentas de chat existentes, incluidas MSN, y Facebook , aunque no Skype. Créame que con ello es más que suficiente, si además le sumamos el ya mencionado GPS y una enorme variedad de programas gratuitos diseñados para sacarle el jugo, como Latitude (que permite geo localizar a los amigos) o el chileno desarrollado por Mapcity que marca en el mapa los cajeros automáticos, farmacias, restoranes o bombas de bencina “incluso con el dato de cuál es la más barata” (según dicen los publicistas de LG).
Posiblemente no desate la locura esa invitación a descubrir la ciudad enfocando el aparato a los códigos QR (código de barras que conducen a links en páginas web, fotos y videos) repartidos por ciertos barrios de Santiago, pero sin duda el ejercicio de probar la aplicación Google fotografiando algo para que ésta lo escanee y arroje resultados sumamente exactos de su búsqueda en Internet es algo sorprendente. Acuérdese de mí.
En la dura batalla que libran los fabricantes por hacerse de un pedazo importante de la torta, el LG Optimus One “by Google” debería tener varios puntos a su favor para disputarle preferencias a Blackberry y particularmente al ondero iPhone, comenzando por su precio (que no supera los 80 mil pesos). Sin duda es una de las mejores opciones para ingresar a este grupo de los teléfonos inteligentes. Otras marcas más tradicionales, como Motorola o Nokia, no han podido resolver de manera tan convincente el desafío de ofrecer un dispositivo completo, sencillo y cool, que cuente además con la opción de acceder a aplicaciones gratuitas de código abierto para prácticamente cualquier cosa, no solo juegos simplones pero terriblemente aditivos como el ya célebre Angry Birds. Tal vez sea este el asunto que más debiera preocupar a Apple, porque entonces significa que la fortaleza de su dispositivo estrella radica simplemente en ese veleidoso asunto de la imagen, tan atractivo como pedante.
Probablemente si las letras L y G, así como el discutible logo que ensaya con ellas una cara sonriente -demasiado coreano para mi gusto- no estuvieran ya posicionados en lavadoras y refrigeradores, este formidable teléfono tendría más fans dispuestos a dejarse ver con él.
5 comentarios
Su precio no supera los 80 mil ?? de que smartphone investigaron?
el precio no baja de los 100 mil
!!!PLOP!!! DEBE SER UN CHISTE, CLARO(NO LA MARCA) ES UN CHISTE, ES LA UNICA EXPLICACION…EHH, SI..POR SUPUESTO ES UN CHISTE…
Con plan de voz en una empresa de inicial M, el teléfono vale exactamente $79900, es decir no supera los 80 mil. De todas formas es más entretenido atacar y ridiculizar al autor del artículo, verdad?
Este señor no tiene idea de lo que habla.
Eso por no mencionar que, en el lanejo e hipote9tico caso de que realmente fuera una cortina de humo, me cae que ha abierto nuevos horizontes de incompetencia y f1of1ez. En todos los casos se les atribuye una inteligencia casi sobrehumana e insidiosa a todas las conspiraciones. Con esto bien podredamos pensar que este episodio fue planeado y montado por la gente de intendencia de esas mismas innombrables organizaciones.Seguro que lo que sigue es una Marcha por el Orgullo Terrorista en algun lugar. Genuinamente veo a todas las organizaciones del estilo llamando a conferencias de prensa para deslindarse de algo tan lastimoso. Al Qaeda debe estar deprimido de pensar que ahora las primeras planas son ocupadas por amateurs tan inofensivos e improvisados.Pero la verdad, preferible que sea asi a tener que estar identificando cadaveres en plena terminal 1 del Aeropuerto. De eso dudo que nos rieramos tanto.Buen postSaludos