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Semana ¿Santa?

Publicado el 21 Abril 2011 Blog, Pauta Libre 3 comentarios

No es que quiera atacar a la Iglesia, ni mucho menos. Nada más lejos de mi intención. Bastante bien hacen la pega ellos mismos. Pero es que en nuestro país –y sospecho que en muchos otros– existe una Semana Santa paralela, llena de ceremonias y rituales de los que nadie sabe su sentido ni su origen, y que muchas veces se siguen por simple inercia.

Mariscos-2

Muchos de los ritos de esta Semana Santa en las sombras son derechamente contrarios a la Semana Santa “oficial”. No creo que la Iglesia haya estado pensando en ceviches y salmones a las finas hierbas cuando determinó que no se comía carne en Viernes Santo. Ni en conejos y huevos de chocolate cuando dijo que había que celebrar la Resurrección. Ni en ese maldito conejo en la puerta del supermercado. Ni en tantas cosas, al fin y al cabo. Aquí algunas de ellas:

La locura del pescado y los mariscos. Durante todo el año, el 99% de la población se lo pasa comiendo tallarines, arroz con huevo, pan, hamburguesas, completos, porotos… En fin, básicamente comida chatarra –tan de moda con eso de la rotulación– y uno que otro alimento de relativo valor nutritivo intercalado por ahí. ¿Pescados y mariscos? Ni en broma. Si hay algo que tiene Chile son costas. Y pescados y mariscos. Pero nadie se digna comer los llamados “productos del mar”. Básicamente porque son caros. O eso dicen. Porque basta que llegue Semana Santa para que multitudes se lancen sobre el Terminal Pesquero, el Mercado, las pescaderías y los mesones de pescado de los supermercados, donde se dan codazos, patadas y lo que sea necesario con tal de conseguir algo. Aunque ese algo cueste el doble que durante el resto del año. Y eso que no comían porque era caro. Quién los entiende.

Ayuno y abstinencia. El concepto del ayuno y abstinencia que tiene el chileno es muy particular. Básicamente, se trata de no comer carne en Viernes Santo. Y punto. No se le ocurra pedir más. La carne –que probablemente tampoco iba a comer –será reemplazada por abundantes pescados y mariscos, fuentes de ensaladas, sabrosos acompañamientos y numerosos y contundentes postres. Todo sin carne, claro, porque es un día de ayuno. Si hasta en la mañana, al desayuno, el chileno es estricto en seguir los preceptos de la santa madre Iglesia, y reemplaza el humilde paté por huevos revueltos, mermelada, queso, tomate y todo lo que encuentre a mano. Menos carne, por supuesto.



Los huevitos y conejos de chocolate. Otro motivo de patadas, combos, insultos, rasguños y dedos en los ojos ajenos, tal como el pescado. No hay límites en la lucha cuerpo a cuerpo por un paquete de huevitos de chocolate, o por un conejo, o mejor aún, por el set de conejos con huevitos. Todo muy de Semana Santa, en especial las señoras mechonéandose. Luego esconderán los preciados regalos en el jardín, patio, macetero o entre los calcetines, según sean las posibilidades, para que los niños tengan la sorpresa.
Ceremonias religiosas. No importa que no haya ido a misa durante todo el año. Que ni siquiera haya pisado una iglesia. En Semana Santa, es imperativo participar de cuanta ceremonia o actividad se realice en la parroquia más cercana. Vigilias, misas, Última Cena, Adoración de la Cruz, Celebración de la Resurrección. Hay que estar en todas. Pero sin duda, la reina de las ceremonias es el Vía Crucis. Esa atracción que genera en la gente es algo que nunca me he explicado. Ir detrás de un curita con un megáfono o un parlante en el techo de un auto, en las parroquias con más presupuesto, cantando, rezando y caminando –sobre todo caminando– para detenerse en las estaciones preparadas por las juntas de vecinos, centros de madres, cursos de las escuelas, compañías de bomberos. Toda la comunidad participa, aunque todos van conversando, hablando por celular o fumando en la larga caravana. Es como el evento social de la Semana Santa.
Programación en TV. Si no es por la Pasión de Cristo de Mel Gibson, la programación seguiría igual que hace 20 años: Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli, año 77. Un clásico con Anthony Quinn. Ben – Hur, con Charlton Heston, del año 59. Los diez mandamientos, con el mismo Heston, del año 56. El manto sagrado, del 53, con Richard Burton. Películas que generaciones y generaciones han visto, y siguen, y seguirán viendo, cada año en estas fechas. ¿Es que no hay nada más novedoso? Si la próxima película capaz de entrar a esta selecta lista se demora lo que la Pasión de Gibson, podemos irnos olvidando de ver algo nuevo en lo que nos queda de vida. Si tenemos suerte a lo mejor llegamos a verla, pero es probable que a esas alturas no podamos recordarlo. Lo que viene a ser lo mismo que no verla.

Dejo afuera intencionadamente las “noticias” de esta semana: alzas en pescados y mariscos, el alto precio de los limones, la fiscalización en las carreteras para evitar accidentes, los informes de los accidentes que una vez más la fiscalización no pudo evitar, los atochamientos en los peajes… como las películas, lo mismo de siempre.

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3 comentarios

  1. Angie dice:

    Muy de acuerdo.

  2. Juan Pablo dice:

    Solo como dato, para nuestro santiaguino columnista, le debo contar que en ciudades mas costeras, como Concepción, se come pescado durante todo el año. En la capital claramente es como el relata, vivo acá hace 7 años. Con todo el resto de acuerdo…….iré a prender la tele a ver si empezó Ben-Hur ……

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