Una cosa es cierta: del cielo cae oro. A cada rato. Y también llueven rubíes, zafiros, diamantes, esmeraldas… corindones, alótropos y silicatos microscópicos, partículas de plata, berilio, aluminio, paladio, rodio, selenio y todos los demás elementos de la materia, formados en el núcleo incandescente de nuestro sol y las estrellas diseminadas por el cosmos infinito y eterno. Diminutos fragmentos que integran nuestro propio cuerpo y todo lo que nos rodea, que precipitan sobre nuestros techos. Los respiramos, absorbemos por la piel e ingerimos en los alimentos. Es un verdadero milagro. Con un poco de inspiración bien podría considerarse al polvo estelar un “impacto de Dios”, pero obviamente no es sobre eso que habla el predicador Ricardo Cid, recién detenido por golpear a un carabinero en medio de otro escándalo de esos que semana semana desata junto a los fanáticos de su histérica fe en la esquina de Aldunate y Copiapó, en Santiago Centro.

Sin duda él y sus seguidores ignoran que la naturaleza se expresa de diversas formas y aspectos sutiles, que parecen milagros cuando la ciencia los explica con la lógica fascinante del orden divino. De lo contrario, no tendrían la necesidad de argumentar con sueños, visiones, trances, ascensiones y challa dorada su discutible espiritualidad.
No es una ofensa gratuita ni una descalificación decir que el autodenominado “pastor” evidencia rasgos que parecen más patología que santidad. Eso sin llegar a juzgar mala intención o sugerir motivaciones ilícitas. Del mismo modo, el trance místico de sus feligreses ya lo ha explicado suficientemente la psicología de las muchedumbres. Histeria masiva, o reacción de estrés colectivo, como a algunos especialistas les gusta decir. No es algo muy difícil de lograr por parte de un charlatán que ofrece literalmente el cielo con una performance de alto impacto. Cierto parecido a Juan Gabriel también ayuda.
Todas las creencias son dignas de respeto, pero algunas son menos serias que otras, para qué estamos con cosas. La falta de consideración hacia el prójimo, el caos desatado, las disputas legales y enredos a nivel personal, de convivencia familiar y social, ponen a este predicador y su mensaje en un justo entredicho.
No es que sea escéptico o mire en menos a alguien como él. Me parece ciertamente posible que una persona de origen humilde, sin diplomas, sin poder ni fama, pueda encarnar la divinidad, como cierto carpintero nacido en un establo, o que alguien sencillo posea sabiduría celestial, como el incomprendido e inmortal Confucio. Creo también en iluminados, profetas y gurúes. Pero alguien que habla de amor y está en guerra con todo el mundo y pisotea la paz ajena, que habla de virtud y actúa de manera deshonesta es, al menos, no creíble. Y si afirma que escucha voces debería, por si acaso, visitar a un siquiatra.
Cuántos errores y horrores se habrían evitado en la historia si se hubieran tomado las precauciones del caso. OK, probablemente Cid no tiene cómo establecer un régimen totalitario que ponga en jaque a la civilización, ni fundar una multinacional de la fe que defienda sus creencias a punta de crímenes y torturas. Pero sin duda esas personas que se aferran desesperadas a su verborrea mesiánica callejera merecen un poco más. Si se contara la salud mental y la pureza sagrada del alma como parte de los derechos humanos, no sería tan fácil para inescrupulosos o inestables hacerse el pino. Tampoco para los mercaderes y comerciantes de mentiras disfrazadas de revelación o espiritualidad. Habría menos pastores Cid y profetas de Peñalolén, menos El Secreto y Paulo Coelho, menos horóscopo de año nuevo y Tarot chatarra, menos psicología de televisión y basura de autoayuda, que sólo sirven para enriquecer a personas que no entiende una palabra de lo dicen, a costa de la buena fe de otros.
Tal vez sería más fácil conectarse con los milagros sutiles, esos que día a día nos ofrece el universo en el que vivimos y tenemos nuestro ser.
2 comentarios
Apreciado Daniel, me ha gustado mucho tú publicación. No solo éste pastor debiese visitar a un siquiatra para descartar un “delirio mistico” sino tambien muchas personas de nuestra sociedad que embaucan a la gente con promesas que nunca llevaran a cabo, tal vez una persona sin preparación resulte más fácil de embaucar por ellos.
Y eso que todavía no aparecen los “mensajeros mayos” transmitiendo el caos del próximo año.
Resulta muy comprensible la afirmación “Pero alguien que habla de amor y está en guerra con todo el mundo y pisotea la paz ajena, que habla de virtud y actúa de manera deshonesta es, al menos, no creíble”.
Creo firmemente que a muchas personas la pertenencia a una iglesia les hace bien a ellos y hacen bien a la sociedad, pero es cierto que también hay muchos casos donde esta pertenencia, membresia, adhesión, etc. genera confusión y hechos concretos que se alejan del mensaje inicial. Y a estos “charlatanes” hay que tenerles ojo para evitar daños en la población más desprotegida a los encantos cuasi mesianicos
A LO QUE LLEGA LA IGNORANCIA Y ESTUPIDEZ HUMANA