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Paul y yoEl 16 de diciembre de 1993 fue uno de los días más importantes de mi vida. Cuando uno tiene 21 años los sueños suelen ser la fuerza que nos mueve e inflama, antes de volvernos cínicos, materialistas, consumidores obedientes o simplemente adultos rancios, por lo menos quienes
nunca ven hecho realidad un sueño. Yo tuve sí tuve ese privilegio. Ese día vi con mis propios ojos a uno de los Beatles.

Quienes me conocen saben que para mí son mucho más que el grupo musical favorito. Si tuviera una religión, sería la Beatle. Es una larga historia que se remonta al colegio. Así como algunos en esa etapa se consagran a las artes marciales o deciden ingresar a las fuerzas armadas, con mis amigos Juan Manuel y Andrés, nos consagramos a Los Beatles. El primero, tanto y tan profundamente que descartó su propio yo y lo reemplazó con el de Lennon. Da lo mismo la esquizofrenia, por algo no se creyó Napoleón. Por mi parte, teniendo claro que mis oídos y mis manos no servían para la música, como tantos otros que padecen tal desengaño, me hice periodista. Pensaba que, con un poco de suerte y una ayudita de mis amigos, conocería algún día a un Beatle.

Cuando se supo que Paul venía, las radios llevaban un buen rato machacando con Hope of deliverance, una canción pegajosa y alegre, simplona y odiosa hasta la vergüenza ajena. Pero ahí estaba, sonando en todas partes y yo mismo no podía parar de cantarla, por lo que me cuidé de no criticarla en la columna Por fin McCartney que escribí en el diario La Tercera cada uno de los cinco días previos al concierto. Son lejos lo peor que he escrito y aún no me explico cómo me dejaron hacerlo. El hecho es que esa mañana Paul bajó de su avión privado y salió en su limo rumbo al Estadio Nacional. Nuestro móvil lo persiguió a la manera hollywoodense hasta darle alcance. Entonces él me habló desde su ventana, algo así como “oye, tontito, ten cuidado que puedes provocar un accidente”. La foto registró el momento, mi mano y el mismísimo Paul. Así, a toda velocidad, cumplí mi sueño.

Aquella primera vez la productora tuvo problemas para llenar el Nacional, de hecho, recuerdo promociones 2×1 de último minuto. No es que las entradas fueran tan caras como ahora, simplemente no había el interés necesario. No diré mucho sobre lo que fue el concierto.
Perdónenme los entendidos, pero a mí  Paul en vivo y las versiones de sus grandes éxitos, con los coros de su esposa Linda (la verdadera responsable del fin de Los Beatles) y una banda de rockeros funcionarios, me resultan insufribles. Hace rato que le perdí la pista a su trabajo solista. No estoy dispuesto a prestarme para que siga faltándole el respeto a su propio legado y prefiero continuar venerando su genialidad hasta el Abbey Road, con algunas excepciones posteriores. Pero a pesar de eso, ver a McCartney en Chile está entre mis experiencias Top Five.

Después de 16 años regresa y todos sabemos que será muy difícil una tercera oportunidad para verlo, cosa que sabe además toda una generación de adolescentes educados por nosotros mismos en la religión Beatle. También sabemos que John Lennon habría sido incapaz de permitir algo tan obsceno como el precio de las entradas más exclusivas, esas que dan derecho casi a besarle los pies. Me desconcierta, me molesta igual como me carga cada vez que Paul sale con algún otro artilugio para exprimir la franquicia, como si tuviera alguna necesidad de dinero. Pero también me pregunto: si yo pudiera ¿pagaría más de un millón de pesos por estar en el súper ultra vip y darle la mano?, ¿pagaría lo mismo para llevar a mi hija de 14 años a la primera fila? Mi respuesta es un rotundo sí. La verdad, pagaría lo que fuera por cantar otra vez el coro de “Hey Jude” junto a él. A fin de cuentas, el estadio es grande y hay otros valores más o menos razonables. Cada uno con su cada cual, la cosa es apurarse, porque, podrá ser humano y hasta tener sus defectos, pero, dejémonos de leseras: es Paul McCartney.

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7 comentarios

  1. Ana dice:

    Muy de acuerdo, Paul, lo vale, de los 14 a los 18, fue un amor platonico, así que iré, solo a galeria, peroserá MÁGICO.

  2. PAOLA ESPINOZA C dice:

    estoy totalmente de cauerdo con Daniel cada persona paga lo que puede y a cualquiera que se a fans de los beatles pagariamos por darle la mano.

  3. Artemisa dice:

    Que emocionante historia…hasta para un libro!
    Muchos pagarán grandes sumas por estar cerca de Paul, tal vez tu no, pero sólo tu tienes este testimonio gráfico de incalculable valor, imagino debes tener esa foto en un altar…

  4. Alejandra dice:

    Que triste observar como ciertas personas son capaces de endiosar a un individuo que si bien es un buen cantante no es más que eso. A mi parecer es una manifestación de lo fatua y pueril de nuestra sociedad. Gente Snob.

  5. JAIME CAMPILLAY LEYES dice:

    muy cierto, este Daniel Trujillo, se ha convirtiendo en un periodista de culto(dice lo que piensa, y no piensa lo que los jefes dicen)a proposito de este señor Paul, uno esta dispuesto a pagar lo que puede y mas, incluso hace lo que no se debe por ver a su artisita favorito.
    un recuerdo. 21 octubre del 1993, solo con 4 años de policia verde, un niño a decir verdad(muy niño) tenia todo planeado para dejar mi puesto a la deriva(total Michael Jackson lo merecia) y cuando el plan que consideraba 3 etapas y ya tenia cumplidas dos, escucho esa voz de mierd..que dice el concierto se cancela. todo termino volvi a mi puesto rojo de ira, me quedo el consuelo que aun tenia el dia 23(segundo recital) para cumplir mi sueño. pero la vida y tus idolos te dan sorpresas, ese dia no fui citado al estado y como si fuera poco me dejaron de guardia en mi Comisaria.
    aclaro si, que despues de eso, todos mi recitales fueron de civil, puesto que de uniforme y pistola no se puede gritar, saltar y menos bailar.

  6. silvia rodríguez dice:

    Todo absolutamente todo, debe y tiene que ser tratado EN SU JUSTA MEDIDA. Qué razón de la sin razón existe para endiosar y llevar a un ser humano a peligrar su vida, y lo que es peor, la de los demás, por obtener una foto de otro ser humano que ha endiosado al grado que leemos,cuando veo estas cosas , solo pienso en elevar un pensamiento y enviarlo a quien debe y tiene que cambiar su escala de valores .

  7. ignacio dice:

    Entonces,cómo dicen: sobre gustos no hay nada escrito?

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