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Se me apareció marzo

Publicado el 1 Marzo 2011 Blog, Tendencias 2 comentarios

Tal vez algún creativo visionario y misericordioso discurrió eso de poner el Festival de Viña como últimaactividad del verano. Teniendo en cuenta que el primer mes hábil del año se cierne lleno de obligaciones ineludibles, habrá pensado que con la pachanga artificial del certamen fresca aún, nos sería menos doloroso enfrentar la dantesca imagen del regreso de los automovilistas a la capital, la compra de uniformes y útiles escolares, el pago de la patente, el tránsito y el transporte público colapsados y la pega acumulada en la oficina. Aunque, la verdad, lo dudo.

marzo
Lo probable es que simplemente las cosas se fueran dando sin planificación para que nuestras vidas transcurrieran según la  pauta de una melodía latera de ciclos repetitivos, separados por  el falso silencio de los feriados y otros hitos mensuales.

Sobrevivimos a marzo pensando en reponernos en la Semana Santa, tratando de ignorar en la televisión las mismas películas bíblicas y las ofertas de pescado de siempre, para luego aspirar a que el día del Trabajo, cada vez menos solemne, y el 21 de mayo republicano caigan día “sándwich”. A partir de eso el resto será cuestión de estufas y liquidaciones de temporada, Copa Davis o Copa América o algún concierto de una mega estrella, panoramas de emergencia en las vacaciones de invierno, los destrozos del día del joven delincuente y de cada S-11, el pie de cueca de la autoridad de turno en la fonda oficial, las empanadas y el asado.

Habrá que conmemorar también el plebiscito del 88, acordarse de ir al cementerio y de quienes ahí se libran de tener que disfrazarse o despotricar contra Halloween, de que se logre la meta de la Teletón, de los aborrecibles Santa Claus que en cada esquina nos conminan a comprar cachivaches reclamando por el calor y el gentío, de agenciarse un lugar para ver los fuegos artificiales y de dar el abrazo usando calzones amarillos, masticando lentejas desabridas con una maleta a cuestas.
Entonces vendrán otra vez las vacaciones con gusto a poco, el recambio de veraneantes, el día San Valentín y por fin la reina del Festival de Viña, el beso de los animadores, el humorista lanzado al monstruo, la canción ganadora del intérprete desconocido y la ramplona polémica farandulera, solo para caer otra vez de bruces en pleno en marzo con sus males y la primera cuota de lo que se compró a crédito tres meses atrás… y volver a comenzar.
Suelen resultar vanos nuestros intentos de no marchar al ritmo de la métrica entrópica disonante que interpreta el comercio bajo la batuta de publicidad y los noticieros, no sea cosa que se nos olvide el día de la madre, del padre, del abuelo, del amigo, la noche de San Juan, la PSU, las elecciones de lo que sea cuando las hay, tanta otra cosa que amerita nuevas ofertas y los mismos reportajes en la pauta de la marmota.

Tal vez, con suerte, nos quedará alguna efeméride limpia por ahí, como el cumpleaños de alguien que amamos y su sonrisa al pensar en los tres deseos y soplar las velas, o algún que otro recuerdo privado de cierto día glorioso, de esos que no se venden ni se compran, que no están marcados mas que en el propio calendario privado y que constituyen la verdadera riqueza, acontecimientos que podrían incluso glorificar el mes de marzo, si es que entre tanta roca dura le crece alguna flor. Pero aun así eso de que somos animales de costumbre es patéticamente cierto. Lo más triste es que en virtud de ello nos pastorean sin que nos demos cuenta, o peor aún, nos dejamos conducir felices e ignorantes de la ignominia que significa vivir un calendario diseñado para consumidores obedientes.

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2 comentarios

  1. Artemisa dice:

    Lamentablemente es así… suelen pasar los años y saltamos de evento en evento marcado en el calendario…. y nosotros como viles ratas no nos cuestionamos mucho de como esta rutina nos consume. Salvo uno o dos episodios como el terremoto o tsunami nos hace remecer el piso para darnos cuenta de que estamos aquí no tan sólo para tener el último iPhone o viajar a x lugar…pero lamentablemente esto dura muy poco y volvemos a caer en la rutina…cuando en realidad la vida es mucho más bella al sorprendernos con la sencillez de las primeras hojas del otoño, el sonido del silencio, el milagro de nuestro propio calendario interno, y miles de otros verdaderos eventos trascendentales que solo la madre naturaleza anota en su calendario.

  2. JAIME CAMPILLAY LEYES dice:

    el comentario del sr. Trujillo, aunque pesimista no deja de ser real, comentando con mis colegas de oficina, descubri a mi pesar, que todos tenian la misma vision de sus vidas, pues bien, yo me niego a incluirme en este grupo, ni siquiera un seismo puede cambiar mi forma de ser, en mi vida he pasado por tanto y la mayoria para llorar, pero nunca pierdo la fe, de que todo, incluso aquello tiene su lado bueno, es solo cosa de buscar y todos seremos positivos por siempre.

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