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GRETA GARBO

Sus caracteres –al menos a mí– me resultan semejantes, aunque ella, Greta Garbo, no era argentina ni menos rosarina, sino sueca. Sabía actuar como los dioses. Bielsa también, pero ella en el gran cine y él sólo en el teleteatro (sin embargo, aclara que las telenovelas no son responsabilidad suya). Él aprovecha su histrionismo para dar seudo conferencias de prensa, que son verdaderos soliloquios (del estilo del de Segismundo, en “La vida es sueño”), en cambio ella enmudecía. Quizás sabiamente. Entre sus pocas frases está aquélla de: “la vida sería maravillosa si tan sólo supiéramos qué hacer con ella”.

El aparentó saber muy bien qué haría con su existencia, pero al parecer no tenía idea. Un día era blanco, el otro negro, pasando por todos los grises. Y así tuvo a un país tontamente en ascuas, hasta que ‘Tontilandia’, como denominaba a Chile en simbiosis con los chilenos el singular escritor Jenaro Prieto, se fue hartando solito y, en cierto sentido, despertó.

Bielsa quiso que su vida estuviera rodeada de misterio. La de Greta realmente lo estuvo. Pero si en algo se asemejan es que ambos jugaban (él sigue jugando) a ser enigmáticos, ermitaños, y si bien los dos han sido difíciles hay que hacer una salvedad: no creo que “la divina” (así la llamaban) lo haya sido tanto o más que él.
marcelo_bielsaQué rara asociación de ideas se me produjo, pero las veleidades de Marcelo Bielsa me hicieron recordar a Greta Garbo. Guardando las inmensas distancias, por supuesto, porque ella fue grande entre los grandes. Y aunque nadie lo crea, sencilla. A un matrimonio sueco (él era periodista), les confidenció: “No pude ir a la escuela el tiempo suficiente. Ahora me doy cuenta de que me falta instrucción”. Hay algunos en cambio, que no se dan cuenta de que les hace falta.
Ella fue la protagonista de filmes que hicieron historia. Algunos: Gran Hotel, Mata Hari, La reina Cristina de Suecia, Ana Karenina, Margarita Gautier, Ninotchka…

A él lo seguí muy de lejos, porque el fútbol para mí ‘vale callampa’ (¿así se dice ahora?), pero parece que catapultó a Chile en el último Mundial. Como ella, el DT es un gran profesional, aunque —no domino el tema— nos dejó algo así como decimos en el ranking final. No obstante, como para los chilenos no hay derrota que no hayamos dejado de celebrar, ese resultado lo convertimos en victoria e interpretamos, y nos lo creímos, que éramos los primeros. ¡Realmente, jamás voy a entender las matemáticas!

Entonces lo ensalzaron como a Napoleón. Escribieron su biografía y se sintió con derecho a determinar no sólo quien debía capitanear el deporte, sino incluso quien debía gobernar desde La Moneda. Curiosa intervención extranjera.

En todo caso para comenzar a comprender algo, pienso que primero tengo que tener en cuenta un axioma fundamental: antes el deporte era fair play. Ahora, especialmente en algunas de sus ramas –me dicen– lo que está en juego no es una simple pelota. Son millonadas y millonadas de dólares.
El adiós, a diferencia del hasta luego, suele ser para siempre. Nunca más hemos visto filmes de “la divina”, ni siquiera en el cine-arte. A lo mejor rara vez.

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