Existe en Chile una comunidad de emprendedores tecnológicos compuesta –en su mayoría– por jóvenes que parecen más dispuestos a conformarse con ser referentes sociales, en lugar de empresarios millonarios o visionarios capaces de cambiar al mundo. 
Muchos dedican el tiempo a mantener un blog con nombre en inglés y reseñar el último celular o gadget de moda a cambio de desenvolverse como líderes digitales. Siempre se dejan ver acompañados del aparato en boga y una indumentaria ad hoc (poleras de apariencia casual o envejecida, sombrero o gorra de baseball, zapatillas vintage y muchas veces chaqueta de terno) ahí dónde sea que la comunidad se reúna. Algunos además deben tener una idea de negocios, pero parece que es lo de menos.
Pero hay otra especie de emprendedores que si bien suele aparecer entre esa farandulilla geek, tiene sus propios cenáculos a los que los otros no llegan. Algunos pueden ser, en apariencia, igual de snob: tuitean cosas como “el jet lag me tiene mal y aún no vamos ni en la segunda reunión del día, pero venir al Valle siempre vale la pena” o “Wences cuenta chistes tan buenos como las pastas que está cocinando”. Pero ojo: cuando alguien presume porque se la puede, se nota. Digamos que son gente cuyo referente podría ser un tipo como Jeff Bezos (fundador de Amazon) y no Mark Zuckerberg (creador de Facebook) vale decir, el ejemplo no va por el que le dio el palo al gato sin querer e inspiró una película, sino por el otro que diseñó con precisión milimétrica una estrategia de negocios y supo mantener el bajo perfil para que su compañía creciera sumando cada dólar.
Hasta hace poco yo no habría contado dentro de este círculo a Nicolás Orellana. Veía a este veinteañero llegado de La Serena simplemente como otro groupie de la verdadera élite de emprendedores chilenos, esos que están detrás de Blue Company, Tygabytes o Needish. Probablemente no me equivocaba del todo, pero mi análisis no pasaba de creer que se haría un favor dejando de usar esos jockey color pastel y sobre todo agregándole un poco de modestia a su discurso. Para qué estamos con cuentos, siempre resulta molesto el que se cree capaz de comerse al mundo y no lo disimula. Sólo por eso muchas puertas se cierran y muchos amigos dan vuelta la espalda en cuanto pueden. No lo sabré yo…
Después de años de organizar un evento esporádico para emprendedores –Webprendedor– Orellana pasó a la división de honor. Lo hizo sin descubrir la pólvora, sin una epifanía anticipatoria del mundo del mañana, incluso más bien a la antigua: comprendiendo una necesidad de mercado y pensando en la forma más eficiente de satisfacerla. La historia demuestra nuevamente que por lo general la idea millonaria está ahí mismo donde uno se encuentra.
Nicolás pensó en una plataforma tecnológica integrada que le permitiera organizar su evento de manera más eficiente. Pero, y he aquí tal vez el primer atributo de un verdadero emprendedor, en lugar de ponerse a hablar de la idea se aplicó a concretarla, convocando sólo a los socios necesarios para esa tarea. A poco andar se dio cuenta de que tenía algo de valor comercial y lo comentó con quienes podría aportarle y no tendrían el impulso tan chileno de ningunearlo. Y así, poco después Welcu, su flamante empresa/servicio de organización integral de eventos, se constituía en Silicon Valley y obtenía financiamiento del mismísimo fondo personal de Eric Schmidt, el CEO de Google.
Sentado en un Starbucks escucho el relato de Nicolás y descubro que ha cambiado, sin dejar de ser él mismo. Lleva una gorra, pero negra, sigue hablando como si se creyera capaz de comerse al mundo y no pretende disimularlo. Pero esta vez no lo necesita, porque en lugar de la ansiedad de quien está desesperado por demostrar algo, trasunta el sentido de responsabilidad del que comprende la oportunidad que tiene. Sabe que lo más difícil recién comienza y que Welcu debe demostrar que se la puede.
Le pregunto si se reconoce más maduro, menos arrogante. Y dice que lo primero sí, lo segundo no. Afirma que vivir durante años en un departamento pequeño, pasar penurias de provinciano solo en la capital, soportar que le corten la luz por no pago y tener que lidiar con envidiosos prestos a burlarse de sus sueños le permitió aprender de los prefieren ver que un proyecto se materializa, antes que solazarse con propia foto en un diario, esos que no tienen problemas de compartir lo que saben ni temen perder lo que han logrado.
“Otros en mi posición –dice Nicolás- habrían corrido a comprar los mejores muebles para su oficina con el dinero obtenido en la ronda de inversión, pero en Welcu tenemos apenas lo necesario y una sala de estar donde no hay ni un sillón. Yo le he dicho a mi equipo: “compraremos uno cuando lo que facturemos nos permita ese gasto. También es una forma de ego, pero al servicio de uno mismo. En el otro caso, viviendo para la imagen, es uno el que está al servicio del ego… y no eso no sirve mucho”.
Esta historia me hace pensar que se puede dar el palo al gato sin subvenciones, sin créditos preferenciales, sin incubadoras, sin apoyo estatal, incluso sin una idea mágica y sin benefactores salidos como el genio de la lámpara. Tal vez sea el merecido premio de quien logra vencer sobre una parte de sí mismo.
8 comentarios
Te cuento que el apellido del creador de Facebook se escribe con “Z”. Tampoco me quedó claro si estás hablando de un tal Orella o de un Orellana, porque mencionas los dos apellidos como si se tratara de la misma persona. Me carga la gente descuidada para escribir.
Pao se hicieron los cambios necesarios, gracias
Cosas del verano… es difícil escribir con una caipirinha en cada mano!
Esto es un reportaje o una critica personal?.
Poco profesional decir que esta escribiendo con la caipirinha en cada mano.
Las caipiriñas no justifican la mala calidad en la redacción.
tanto color por unos pequeños errores…
pero yo me pregunto: se puede generalizar tan abiertamente y ser tan simplista como para decir: “mala calidad en la redacción”
en fin
además.. que hay de malo en la sinceridad…
unas caipirinhas … que mejor!
en verano.. con tanto calor!
que hay de malo en eso?
no por eso se va a ser menos profesional, ademas, creo que si hay que reconocer las cosas positivas…
siempre la critica en mala… sera envidia?
no se yo… véanlo ustedes…
yo voy por un roncito.. para terminar mi tesis
Qué cosa tan fome!!! PASO.
Es fácil quedarse en el detalle y no en el contenido que es lo que vale la pena,por eso que este Pais está como está,( en la mediocridad )los comentarios me resultan envidiosos. “Daniel” sigue adelante, eres tremendamente entretenido.