Si la celebración de Año Nuevo no estuvo a la altura de tus expectativas, si la fiesta a la que fuiste estaba repleta y no llegó un solo trago helado a tus manos, o si pasaste más horas en un taco que con tus amigos, haz una reserva en la sala de tatamis del restorán Japón, toma un sorbo de sabiduría oriental en una copa de sake y celebra de nuevo tu Oshogatsu o “primera luna”, ahora con serenidad y minimalismo. 
En Japón la celebración del año nuevo dura tres días y primero hay que hacer una limpieza general de la casa y decorar la entrada con uno que otro kado-matsu, pinos que representan longevidad, característica que en Oriente es muy reconocida. Luego los japoneses preparan sus platos milenarios y empiezan a gozar de sus tradiciones en familia. Hubiera sido imposible probar ninguna de estas preparaciones sin recurrir a un experto en el tema, por lo que la visita al primer restorán de comida japonesa que se instaló en nuestro país, hace más de veinte años, me resultó imprescindible.
Apenas uno entra al lugar, aunque esté lleno de gente, una sensación de paz y un ambiente de tradición milenaria se apodera hasta del más occidentalizado personaje.
Ya descalza y sentada en el suelo, me dispuse a realizar el siguiente paso de mi lista: entregar el seibo, regalos elegidos para quienes colaboraron con uno durante el transcurso del año. Me acordé de cada persona que me ayudó a engordar deliciosamente mientras les dedicaba un sashimi de anguila o un niguiri de pulpo.
Cuando llegó a mi mesa el gran barco de rolls envié cada alga como una de esas cartas especiales que se mandan en Japón en esta época del año. Estos saludos especiales se han guardado en la oficina de correos por meses esperando este día. De esa forma, le escribí a mis amigas con camarones y queso, a mi prima con atún y palta y a mi madre con salmón y jengibre. Todos los rolls son exquisitos, pero algo mágico sucede al ver al habilidoso maestro sensei del sushi convertir un pepino en un papiro. Dan ganas de atreverse a probar platos extraños y descubrir sabores ocultos. El paladar también se maravilla de la agilidad con que el cocinero mezcla sabores que a la vista resultan insípidos, pero en la boca se transforman en adicciones.
Restorán Japón
Barón Pierre de Coubertin 39 (ex Marcoleta)
Teléfono: (56-2) 222 4517
Lunes a sábado: 12:00 a 15:00 y de 20:00 a 23:30 hrs.
Domingos y festivos cerrado.
Estacionamientos disponibles
4 comentarios
Que linda reseña, sin duda un imperdible para este verano santiaguino. Saludos
Me gusta el Japón, la barra es lo mejor para tratar de aprender de la destreza de los cocineros
El Japón es uno de los únicos sushi bar tradicionales que existen en Santiago
En el Japón es donde realmente se come la comida de ese país. Hay un sinnumero de patos desconocidos para los santiaguinos.