Seguramente Loreto Saavedra se definía a sí misma como “animalista”. Pero de nada le sirvió para apaciguar a la jauría que terminó con su vida y la de su madre, Patricia Araneda. Este horrible caso ha puesto nuevamente en la opinión pública el tema de la tenencia responsable y la necesidad de legislar sobre obligaciones de dueños y mascotas, así como de resolver, de manera humana y sustentable, pero radical, la epidemia urbana de perros vagos.
Amo a los animales, tengo un perro demente adoptado de la calle que implora cariño con sus ojos tristes (de ahí su nombre, Tristán) y que con gran esfuerzo aprendió a dar la pata. También a Capuccino, el gato que juega a ser león con mi mano y me tiene todo arañado. Ambos coexisten amistosamente. Con mis hijas invitamos a las moscas, polillas, grillos y arañas a salir de la casa por las buenas, antes que aplastarlas, llevamos chinitas a nuestras macetas, hacemos safaris de observación de hormigas y lagartijas por el jardín. Incluso homenajeamos a las criaturas que van a dar a nuestros platos, agradeciendo a los Dioses que dieran su vida por nuestra nutrición. Pero a pesar del hippismo observante, no estoy seguro de que la eutanasia y la esterilización masiva sean medidas inadecuadas. Tengo serias dudas sobre el animalismo profundo. Comprendo a quienes defienden el derecho a vivir de las ex mascotas abandonadas o los devenidos involuntariamente en criminales. Un pitbull que ataca a un bebé o una pandilla de canes que asesina a dos personas sin duda actúa por instinto, no por maldad. Pero tampoco lo hacen los piojos que anidan en nuestras cabelleras o las ratas que van de un lado a otro repartiendo zoonosis. Ni la lombriz solitaria, ni el estafilococo, etc.
En cuestión de favoritismos animales el tamaño sí importa. Y es injusto. Ninguno de los fundamentalistas que harían huelga de hambre para salvar a los 400 perros vagos de Mallarauco dudaría un segundo en tomar antibióticos, si le da amigdalitis. Si su casa estuviera llena garrapatas también llamarían al exterminador. ¿Por qué un perrito tiene más derecho a la vida que un bicho asqueroso?
No podemos aceptar el parasitismo, ese proceso en el que una especie se procura la supervivencia utilizando a otra para que cubra sus necesidades, sin entregarle beneficios y, además, perjudicándola en la relación. Eso es lo que está pasando con los animales callejeros y también con el perro entrenado para ser malo por un flaite que lo usa como arma o accesorio bling-bling. Es una emergencia de salud pública y de aunque nos pese, habrá que actuar sin sentimentalismos fáciles, mientras avanzamos en educación y una legislación que enseñe y obligue a los humanos a actuar como tales.
Hemos tardado mucho en discusiones inútiles y la muerte ha tenido que venir a decirnos “ya basta”.
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El tamaño sí importa
Publicado el 15 Noviembre 2010 Blog, Política y Actualidad 4 comentarios
4 comentarios
Yo creo que debiera prohibirse por ley la crianza de perros peligrosos, tal como se hace en Europa, por otra parte debieran darles muchos años de carcel a quienes crian de manera irresponsable a estos perros y atacan a las personas y la poblacion debieran denunciar a estas personas.
Te encuentro toda la razón, no debemos actuar con sentimentalismo, debemos avanzar y es necesario avanzar ahora!… solo (sin acento según la RAE) me cabe una duda, son animales, como los zancudos, las hormigas, los piojos, como los humanos, como las bacterias… Con todo esto se me ocurre una idea para terminar con la pobreza…. mmmm, pero no me convence… Las bacterias, los piojos, las amebas, las pulgas… no tienen sentimientos como los animales superiores donde están los perros, gatos, caballos, leones y algunos humanos…. he alli donde radica la custión, en el sentir… Hay que legislar fuerte y ahora… pero matar por que nos molesta (nos molesta lo que nosotros provocamos) no es el camino no la solución pues simpre habrá animales vagando, se detendrá por un rato… y después vuelta a o mismo.
Cada vez que escucho que un perro bravo atacó a un ser humano me espanto, se me aprieta la guata y tengo que frenar mis deseos de humillar al dueño del animal. Me cuesta entender que personas privilegien a los animales por sobre los humanos.
Me cuesta la tenencia no responsable de cualquier cosa u animal. Me molesta tanto como la tenencia irresponsable de hijos, de silenciar lo que ocurre, de la falta de educación y con esto me refiero a hablar claro desde el inicio, me espanta que predominen los intereses políticos,económicos, ideológicos y religiosos por sobre la naturaleza humana. Hay cosas que son y cosas que no son.
Sospecho que se levantarán los animalistas, como se levantó CANTIDAD de gente por los pinguinitos de Punta de Choros, frente la amenaza de la termoeléctrica. Sospecho con dolor de corazón que se levantarán más de los que se levantan por un postnatal de 6 meses…De verdad no sé en qué estamos, no sé que estamos priorizando y de verdad el nivel de negación es enorme.
Se nos ha olvidado algo bien sencillo… AMOR y de ahí la empatía.
Un abrazo, me ha encantado leerte, esté o no esté de acuerdo con el hecho de “matar” a animales…recomendaría educación, tenencia responsable, denuncias oportunas…no dejarse estar.
Los dueños hacerse responsables de los daños tal como si ellos lo hubieran causado. Y quizas mas adelante legislar las razas en las zonas urbanas, si al final un perro de esas caracteristicas es lo mismo q un animal salvaje. Cuanto mas una jauria. Si el perro mata, que se pene como si el dueño fuera el homicida. Estamos muy livianos en eso. Y es igual de grave, sino hay que preguntarle a la familia que perdio sus seres por estos asesinos en 4 patas 8insisto siendo los dueños los responsables) Si al final, que sacamos con matar al perro? El daño esta hecho, y claramente no es culpa del “animal” que ladra sino del otro.