No es difícil entenderse. Lo difícil es poner atención a lo que nos dicen. O más bien dejar de escuchar nuestro fuero interno, ese que habla mucho pero dice siempre “yo estoy bien, tu estás mal”. Pensé esto, era que no, mientras conversaba con Pepa Valenzuela, autora de la notable columna que LUN pública los miércoles, titulada “Compradora Compulsiva”, a quien conocí por fin el 16 de septiembre pasado.

Avanzaba la tarde en Santiago y todo era ya pura fiesta. El tradicional smog capitalino olía a asado y por las calles los chilenos se apuraban con botellas y otros pertrechos, mientras de todas partes salía una música festiva. Comenzaba el bicentenario y con varios amigos estábamos en la terraza de un edificio de calle Huelén, con una vista privilegiada.
No se cómo se produjo una conversación de aquellas sobre las diferencias entre hombres y mujeres. Pepa y su amiga, la combativa y pertinaz Maca, básicamente se quejaban de nuestra naturaleza superficial y embustera. Una más indulgente que la otra, diría yo. Y sí, me pareció reconocer en su diatriba argumentos sólidos y contundentes, datos duros como evidencias forenses.
Ahí estábamos, viviseccionados y expuestos los primates machos, con nuestra falta de consideración, materialismo narcisista y una contumaz inmadurez. ¡Tenían razón, ya! ¿Y qué? ¿Desde cuándo tener razón simplemente basta?
Ensayé la defensa biológica-evolutiva del gen egoísta (“somos vehículos de genes que luchan por pasar a una nueva generación”) y me amparé en una cita fácil de Aristóteles o Confucio (“a pesar de eso anhelamos la virtud y el bien”), finalmente contraataqué con bajeza (“es que ustedes han tenido muy malas experiencias”) y podría haber seguido, hasta que Pepa dijo: “Simplemente comento lo que me dicen a mí cientos de mujeres todos los días”.
Tal vez por efecto del Bicentenario, sus palabras se abrieron paso entre las mías y me callé. Alguien, a pito de nada, bromeó con el clásico “no eres tú, soy yo” y más que risas, obtuvo unos poco efusivos “pfff”.
Había olvidado este episodio y también el por qué entonces me pareció digno de consignar. Pero hoy alguien sabio, en medio de otro intercambio intelectual, me lanzó un misil: “Tu quieres cambiar, sin cambiar, y así no se puede”. Y sí. Más difícil que escuchar, es hacerse callar de una vez a uno mismo.
No solo la eterna guerra de los sexos ganaría si uno realmente asumiera como premisa básica del autoanálisis maduro el “no eres tú, soy yo”, no para sentirse derrotado a priori y victimizarse, sino para hacerse cargo de aquello que necesitamos cambiar, que queremos cambiar, pero sin cambiar. Por de pronto, lo primero que terminaría serían las quejas contra los demás y las justificaciones simplonas.
10 comentarios
“El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra”, los hombres son complicados…y las mujeres lo somos también. Por lo tanto, las relaciones de pareja son un proyecto complejo, al que hay que dedicarle tiempo y trabajo.
Y no se puede culpar a los hombres, de todos nuestros males, al contrario, son una especie…muy atractiva y necesaria.
Lo que sí puedo criticarles es su MUTISMO CRÓNICO, jamás quieren conversar, negociar y a veces el egoísmo y la comodidad que muestran, estando en pareja…deja mucho que desear.
ya muy buena la revista pero quisiera que fuerea + interesante, no sé, el logo o algo x el estilo
es muy buena esta revista me encanta y quiero qe publiquen mas
muyy bueno me gusto mucho
hola me llamo nelady me gusto la publicacin
hora de cambi9ar al mundo
hola no se construye nada solo escuchandose a si mismo debemos dar espacio para el otro.
ee ioo solo piensoo q ta muii bn ii mee gustoo
tiene razon al decir que los hombres son tan complicados asi como las mujeres, hay que dedicarle tiempo a la pareja.
me ha gustado