Algo extraño está ocurriendo en Londres. Hace unas semanas que todo es acerca de zapatos. Es como si, de súbito, la ciudad se hubiera poblado de adictos al calzado. Sólo en Oxford Circus, la calle comercial por excelencia, las zapaterías se han multiplicado con una amplia oferta: ecológicos, reciclados, de segunda mano, deportivos, góticos, de plástico, ortopédicos, inteligentes. ¿Inteligentes? Sí, pues prometen fortalecer aquellos músculos del cuerpo que no suelen ejercitarse en una caminata normal y, además, te ayudan a bajar de peso.

Selfridges, uno de los almacenes comerciales más famosos y tradicionales de la ciudad –abrió sus puertas hace más de cien años–, tiene en exhibición una gigantesca colección de zapatos creados por la británica Vivienne Westwood quien, desde los años setenta, ha diseñado calzado femenino con la absoluta convicción de que el par ideal tiene tacón alto y plataforma pues la belleza femenina se merece un “pedestal”.
Más que subirnos al pedestal, la nueva moda es bajarnos de las alturas. Las tres diseñadoras británicas que están revolucionando la industria de la moda en el mundo –Stella McCartney, Phoebe Philo y Hannah MacGibbon – proponen ante todo la comodidad. ¡Adiós a los tacos de 8 centímetros! gritan estas tres mujeres para alimentar un debate en el que ellas dicen que la belleza y la feminidad no se miden en términos de altura sino de libertad.
Por si esto fuera poco, el teatro de la danza –el Sadler´s Wells– acaba de estrenar la obra Shoes. A show with legs bajo la dirección de Stephen Mear, famoso por su versión contemporánea de Mary Poppins. El mismo nos cuenta que la obra analiza el impacto que los zapatos tienen sobre las personas. Y es que, en su opinión, detrás de cada par de botas o zapatillas hay una historia particular. “Cada zapato tiene su propio movimiento”, añade la coreógrafa Alleta Collins, una de las mentes creativas detrás de esta puesta en escena.
¿Significa esto que a través de los zapatos adquirimos personalidades distintas y que cualquiera puede sentirse sexy al usar un par de tacones? Aunque yo –lo confieso– amo mis zapatos “de batalla” y no los cambio por nada, la mayoría de mis amigas tienen el armario repleto de calzado para todo tipo de ocasión. Helen, incluso, guarda los zapatos en sus cajas originales, donde además coloca una fotografía del par que está en el interior para evitar problemas de tiempo a la hora de arreglarse. Tal vez esta posibilidad de transformarnos a través del calzado es la razón por la que causa tanta obsesión y el porqué se afirma que no existe mujer capaz de ignorar una vitrina llena de hermosos y diversos zapatos. ¿Será?
*Foto cortesía del Teatro Sadler´s Wells. Copyright.
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