La cerveza gana cada día más terreno. Quiere convertirse en la reina de la mesa, al punto que las mismas cervecerías artesanales ahora se llaman boutiques. No da lo mismo una cerveza u otra para acompañar un plato, porque según sus características y procesos de producción, hay una perfecta para cada comida, lugar, y estación.
En primer lugar llegó la hora de cambiar el concepto de que esta es una bebida que sólo se toma en verano y bien helada. En estos meses fríos del año nos proponen “cervezas de invierno” con más cuerpo, sabores más complejos, y más grados de alcohol, que nos ayudan subir la temperatura del
cuerpo. Son las de la familia Ale, están fermentadas a altas temperaturas, tienen más de 7° de alcohol y recomiendan beberlas no tan frías. En Chile estamos más acostumbrados a la del tipo Lager, pero la variedad se empieza a notar en las cartas de todos los restaurantes.
Hace poco me invitaron a probar lo bien que queda una cerveza Cusqueña (lager) con un cebiche, esta vez de corvina, pejerrey y locos. Estas rubias funcionan muy bien con la comida peruana, porque la cerveza neutraliza lo picante del rocoto. También con picoteos como tapas, pinchos, comida mexicana y tailandesa, ya que bajan la intensidad de los sabores demasiado picantes o muy condimentados.
Una combinación interesante es acompañar queso azul con una Szot barley wine 2010. Es un vino de cebada, como se las llama en Inglaterra a las cervezas con mucha malta, color ámbar y con más de 8° de alcohol. Entregan un amargor muy delicado y quitan el dulzor, especiales para carnes y quesos fuertes. También van perfecto con una noche junto a la chimenea café y chocolates.
Otra novedad de la temporada es la Kross 110 minutos, que recibe su nombre gracias al doble proceso de cocción del mosto (en general de 60 minutos ), que intensifica los aromas, le da un color marrón, más oscuro que el caramelo. Estas morenas suelen ser más bien dulces, pero ésta en particular deja un agradable sabor amargo que la h
ace distinta. Es muy versátil y puede acompañar tanto carnes asadas o a la parrilla, como postres muy dulces, estilo creme brulé o cheesecake.
En estricto rigor, el maridaje es “la unión íntima y armónica entre dos elementos”. Pero en la experiencia de la comida podríamos definirlo como aquella combinación perfecta que permite saborear y disfrutar con los cinco sentidos, tanto la bebida como la comida. Hay que tener en cuenta que ni la cerveza puede tapar el sabor, ni la comida ser demasiado fuerte. Como el vino, la cerveza puede realzar el sabor del plato.
Raymond Dumay, un experto francés de la buena mesa, escribió: “El acuerdo entre vinos y platos abre la puerta al riesgo, a la aventura. Todo se puede hacer y, sin embargo, no se puede hacer cualquier cosa. Estamos en el dominio tenebroso del amor y hay que saber cuán lejos podemos llegar”.
Lo que me hace pensar que si el queso está casado con el vino, la cerveza definitivamente sería su amante.
5 comentarios
Y si quieren probar muchas cervezas diferentes, “Ciudad Vieja” en Bellavista es la opción.
Ahora con antojo de ir a tomarme una rica cervecita.
Probé la cerveza negra con queso azul y realmdnte queda muy bien.
Buen dato para cambiar lis típicos picoteos de invierno.
Cerca de las 12 y con hambre, será pecado una cervecita con unos quesitos? pa empezar la semana digo yo? o pa probar si va bien ese matrimonio.
Que ricas combinaciones… ahora con ganas de una cerveza y me queda toda la tarde de pega :(