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Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿Qué hubiera pasado si…  te reencontraras con ese amor del colegio y tu vida no hubiera estado resuelta ya en otra dirección? ¿Se hubieran arreglado esos problemas que ahora parecen insignificantes? ¿Estarían todavía juntos? ¿Cómo sería la vida si  hubieras ido al café el día que acordaron? ¿Serías más feliz dejando todo por amor?

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¿Quién no ha tenido un reencuentro? Con esa pregunta, el director chileno Matías Bize elabora una historia simple pero delicada, que permite a los espectadores sentirse plenamente identificados con la trama. Tanto que aunque lo intenté, no pude contener las lágrimas.
En pocas ocasiones he visto cómo con una situación tan cotidiana (que le podría suceder a cualquiera), un film logra contagiar la nostalgia, la incomodidad y la angustia que todos hemos sentido alguna vez.  La historia comienza cuando Andrés (Santiago Cabrera) visita Chile después de 10 años de haberse radicado en Berlín. Se gana la vida escribiendo reseñas de distintos lugares para los turistas. Regresa para quemar sus naves y desprenderse de la propiedad que lo mantiene atado a su país. La última noche en Santiago va al cumpleaños del hermano, de quien fue su mejor amigo. En la casa donde vivió gran parte de su vida, se reencuentra con muchos recuerdos y con Beatriz (Blanca Lewin), su único y gran amor de juventud.
Como todas las películas de este joven director, La vida de los peces se desarrolla en un solo lugar, casi en tiempo real. Eso hace que la dirección y los diálogos sean piezas fundamentales para mantener la agilidad del relato, sin perder emoción y melancolía.  El primer mérito es la simpleza de la cinta. Apoyada por un soundtrack que a ratos se transforma en protagonista, hay escenas donde la fotografía, la ambientación, la dirección y los actores  se funden mágicamente en postales que todos nos querríamos llevar a casa. Un ejemplo: el momento donde se miran a través de un acuario, que refleja el océano que los divide en la realidad pero que, al mismo tiempo, les permite soñar que son peces  que nadan en aguas tan dulces como la vida.
Una historia que, como las oportunidades,  se presenta sólo una vez.

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2 comentarios

  1. Pili C dice:

    La verdad me encantó la película, no sé si porque tengo la misma edad de los protagonistas
    o porque siempre me hago la pregunta Qué hubiera pasado si hubiera hecho esto o lo otro.
    Yo la recomiendo de todas maneras, está muy bien hecha y las actuaciones son la raja.

  2. Dario Pena dice:

    Sencillamente increíble, me identifica más que la situación, el hecho. Espero que Matias Bize siga con el rumbo a la perfección. Quién no se ha preguntado “Que hubiese pasado si…”
    Ojalá el tiempo se pudiera retroceder para enmendar alguna situación, pero para qué si al final somos seres imperfectos que solo buscamos la felicidad.

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