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house_vicodinHace años que escucho las historias de los artistas de hollywood adictos a los analgésicos. Más de una vez leí que Matthew Perry (Chandler de Friends) o Melanie Griffith venían saliendo de una clínica de rehabilitación por su excesiva cercanía con los pain killers.

Para una chilena que vive en Chile es difícil entenderlo. Me imaginaba a las súper estrellas rodeadas de cajas de Ibuprofeno, Diclofenaco y Ketoprofeno… me reía con el cuadro plástico. Me imaginaba que su pasada por la clínica tenía que ver con un tremendo dolor de guat o un lavado de estómago. Pero de ahí a la dependencia había un trecho demasiado largo.

Hasta que me dio lumbago, aquí en Estados Unidos. Le pedí al doctor que me inyectara algo para el dolor.  A cambio recibí un shock de Vicodin y una receta por 21 pastillas del mismo remedio. Vicodin es el medicamente que tuvo como loco durante varias temporadas al Doctor House.  Después del pinchazo vi burros de todos colores, imaginé lugares que no existen y pensé que moría mientras caía en un pozo sin fondo. Las consecuencias de las dosis diarias fueron un “poco” menores: básicamente un sueño incontrolable, incapacidad de mover las manos al mismo tiempo que la cabeza, lentitud total… el mundo giraba en cámara lenta y ni así podía alcanzarlo. Completamente idiotizada.

Pensé que había sido problema del médico… pero me encontré de nuevo con los mismos remedios o sus símiles –entiéndase Percocet y Demerol– cuando me dolió una muela, cuando me torcí el pie y cuando me dolió la garganta. La última vez tuve que rogarle al médico que sólo me recetara Ibuprofeno… que era capaz de lograrlo sin la necesidad de alucinar durante horas.
Ahora entiendo la adicción de millones de gringos. Acá cualquier dolor, por pequeño que sea, se trata con una bazuca, lo que muchas veces tiene como consecuencia no hacerse cargo de la enfermedad, sino sólo del síntoma. Ahora sí que me imagino los dolores de Michael Jackson después de sus decenas de cirugías y a su “súper doc” recetándole Demerol a destajo… ¡y cómo no, si a mí me lo habían dado para la amigdalitis!

No es de extrañar que en este país exista un grave problema de tráfico de prescripciones médicas con personas metidas hasta el cuello en un vicio que tiene poca salida. Todo esto me sirvió para ponerle un freno a mi tendencia a la automedicación… si me tengo que tomar una de esas bombas cuando me duele la cabeza, ¡qué me va a quedar para el día en que me pase algo realmente grave!!

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1 comentario

  1. evelyn dice:

    no te preocupes despues que me operaron
    parecia colador ahora odio las inyecciones
    solo remedios para todo y no voy al doc nik

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