De las siguientes opciones planteadas, defina las más repulsiva:
I) Palomas: Monarcas del photoshop, todos los candidatos aparecen falsamente radiantes en estas trucadas fotografías publicitarias. Es que el paso del tiempo es una cuestión relativa cuando se trata de un candidato en campaña. Las arrugas no están por ningún lado y los dientes siempre aparecen como recién salidos de una sesión de blanqueamiento láser. Verlos ahí y después en vivo es una contradicción que debiera ser denunciada como publicidad engañosa por el bueno de José Roa, mandamás del Sernac. Por supuesto, sonríen los postulantes. Alegres eternos. Contentos por siempre. No es para menos: es como si dijeran para callado: “Te vamos a calzar otra vez…”.
II) Brigadistas: Copan con sus caras de hastío semáforos y rotondas. Una plaga de muchachos que no están ni ahí con la política, pero que igual, en época de vacas flacas, se animan a enarbolar banderas de señores lejanos, emperifollados y sin importancia en sus vidas. Siempre hay algo tristón, monótono y lejano en sus miradas. Obvio: es la pena de los que exponen algo en que lo que sólo no creen, sino que les importa un carajo. 
III) Mapuches: Si ya son inaguantables en su eterna lucha de reivindicación por la pretérita usurpación huinca (500 años), en campaña no hay aspirante presidencial que no eche mano a un indígena para dar cierto aire multirracial a su opción. Siempre hay que dudar de estos autóctonos en campaña. Las mujeres que ahí aparecen están más para revista de papel couché que para portada del boletín de la Conadi. En realidad, ninguna de estas indígenas de campaña va por la vida vestida de poncho, colgantes de plata al cuello y pañuelo multicolor en la cabeza. Ni en el terminal de buses de Ercilla o Cañete se les ve así.
IV) Batucadas y zanquistas: Fatídica herencia electoral que lleva años cerca de los candidatos. Es como si la compañía de un par de bombos y unos tipos en altura dejara en claro que el político tiene una vinculación con la “cultura”. Otra posibilidad que deben pensar los candidatos es que con batucadas y zanquistas una falsete alegría se hace presente, por lo que elegirlos sería una especie de garantía de un futuro más optimista y risueño para los electores. Ahora, si al cuadro, se suma un par de mimos, la repulsa resulta completa.
V) Temas musicales: Por favor, señores presidenciales, no malgasten tiempo ni dinero en armar canciones para sus franjas. Nunca, nada se le podrá igualar a la melodía ícono de la franja del No. Desde entonces, todo lo que se ha hecho resulta desechable, olvidable. Lo han confirmado estos días con canciones mediocres, entre egocéntricas, mamonas y soporíferas que han puesto en sus franjas televisivas. No clasificarían ni para competencia de la OTI. ¿No sería mejor pagar de frente los derechos por un tema conocido y hacerlo propio? Los Quincheros estarían infinitamente mejor que esos lateros guitarreros de Piñera y los Sol y Lluvia la romperían con alguno de sus clásicos combativos ¡adiós carnaval, adiós general! para Arrate. ¿Qué hacer con los himnos con las flechas de Frei y los marcos de ME-O? Puede que sean opción en la competencia folclórica en Viña 2010.
A) I y II
B) II, III y V
C) III
D) IV
E) Ninguna de las anteriores
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