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El jueves tenía una reunión en el Alto Las Condes a eso de las  siete de la tarde. Pasando la puerta de entrada me cruzo con un grupo de guardias que corre presuroso. Detrás una pareja de pololos los siguen con cara de susto. Mmm les deben haber robado a estos lolos, me digo. Sigo mi camino y llego hasta el café, donde mi ex marido NO me está esperando.

–¿Dónde estás?, le pregunto por celular.

–Acá en el estacionamiento, ¡ya voy, pero es que parece que están persiguiendo a unos ladrones!, reclama.

En fin… hay quienes sienten delibilidad por ser testigos de acontecimientos de este tipo. Es como un acto reflejo, si no fuera así, cada vez que hay un choque no se producirían esos tacos enormes, que al final no son causados por la obstrucción del camino, sino por los sapos que bajan la velocidad para ver qué pasó. Morbo puro.

Finalmente nos reunimos en el café. Me relata la captura de los delincuentes y remata contándome del asalto en la joyería al mediodía en el mismo mall. Claro, pienso yo, ya falta poco para la Pascua, lógico que hay más robos. El mozo junto con ofrecer la carta me advierte que tenga cuidado con mi cartera, pero yo ducha, hace años que dejé de colgarla en la silla. De pronto mi ex interrumpe la conversa financiera y me dice: “mira a esos tres…  tienen cara de maleantes”.  Les encontré cara de cabritos, pero me acordé que ahora así son los ‘patos malos’ de los que hay que cuidarse (Cisarro y compañía).

Hoy salí a almorzar con una amiga y comentamos el mentado atraco a la joyería (que fue con disparo al aire y toda la cosa). Ella advierte que no irá más a comprar al lugar en cuestión porque se roban los autos y hasta guaguas han salido perjudicadas.  “¡El colmo!”, alega. Cuando ya vamos por el postre nos regalan el diario. Dice que la dueña de la joyería pedía disculpas a los periodistas por lo entrecortadas de sus declaraciones, ya que la invade un copioso llanto. Y mientras escribo este post recibo un llamado de mis hijos pidiendo permiso para ir al Alto Las Condes… me asusté y les dije que no, que yo los llevaba más tarde, como si fuera garantía de defensa. Una prueba más de que estamos empezando a vivir apanicados. Mal síntoma.

Sí, la delincuencia se está convirtiendo en un temazo. Nos afecta a todos… sí. Sin embargo y paradojalmente, el drama es que ‘el problema’,  parece no ser de nadie. El mall en cuestión se defiende y dice que tiene guardias que vigilan las 24 horas. Los jueces se indignan ante la teoría de la  ‘puerta giratoria’ y alegan que ellos sólo aplican la ley. La policía y Carabineros argumentan que cumplen con su trabajo; el gobierno dice que se trabaja efectivamente en los centros de detención y readaptación de menores, las madres de los pequeños delincuentes –por su parte– confiesan que no pueden hacer más porque la calle y las drogas se tragan a sus hijos en las poblaciones. Y los que hacen las leyes… bueno están otra vez en campaña… prometiendo el fin de la delincuencia. ¿Habrá solución?

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1 comentario

  1. maria dice:

    y allá vamos a hacerle caso a las encuestas ,y a votar por un chile mejor país. ja ja estamos cada día mejor.

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