Me chocó —y me tentó— el titular de The Wall Street Journal (miércoles 28) sobre nuestro país: “La cultura política en Chile se ha vuelto soporífera”. Lo leí al tiro. La columna en cuestión decía que la estabilidad alcanzada aburría y que el único elemento destacable de la campaña presidencial era Marco Enríquez-Ominami. “El hijo de un líder guerrillero se postula a presidente y sacude la campaña electoral”, apuntaba agregando que “el ascenso de Enríquez-Ominami, de opiniones fuertes en temas que van desde el aborto hasta Hugo Chávez, está remeciendo” al país.
Y así simplecito, sin siquiera argumentar, le festejaba su mujer —‘‘una celebridad en televisión’’— y el programa económico que, entre otras cosas, “pretende elevar los impuestos corporativos y reducir los de renta, y vender un parte pequeña de Codelco’’.
No sé qué hilos se mueven ni cómo se deciden en tiempos de campaña publicaciones de este tipo, tan ligeras, tan livianitas… tan de imágenes. Pero me dio mucha, mucha lata. Y no porque sufra de patriotismo. Tampoco por el candidato, que no es santo de mi devoción y si lo fuera tampoco lo diría (para mí el desafío diario de periodista es ser observador, escéptico, crítico, desprejuiciado, todo lo cual se quiebra con un pronunciamiento político).
No. Lo que me molestó de la columnita en cuestión fue la desfachatez para rotular de “soporífera” nuestra realidad política y de levantar al hijo de “un guerrillero” como para animar la cosa…
¿WSJ quiere que la campaña nuestra tenga tintes de show cautivante, imágenes de conflictos, peleas y agresiones de ésas que alimentan los despachos que hacen las grandes cadenas norteamericanas sobre cualquier nación de Centro o Sudamérica?
¿WSJ pretende que las presidenciales generen tanto alboroto como para hacer tambalear la tranquilidad y estabilidad conseguida en décadas?
Córtenla. No tenemos por qué tener un Obama chilensis con porte de basquetbolista que, al tomar el mando, baile románticamente mirando a su mujer a los ojos como si recién estuvieran enamorándose. No queremos tampoco una versión criolla de Watergate ni un Guantánamo… Pero, sobre todo eso, lo que nunca hubiese querido para Chilito es que el show, las imágenes y el marketing se impusieran de la forma en que lo hicieron. Porque cuando hoy muchos buscan un presidente joven, fachoso, entretenido, carismático, y otros se arreglan para parecer más atractivos o intentan convencernos de que viven un matrimonio apasionado y vibrante, sólo siento pena. Por ellos y por todos nosotros. La misma que sentía años atrás cuando el Chino Ríos era el número uno del mundo y aquí lo criticaba porque hablaba poco y ¡era pesado!
¿Qué quiere WSJ y qué queremos nosotros ahora? ¿Pelea de gallos en la campaña y animador de estelar en La Moneda?
Acá dejo link del artículo del WSJ para los que quieran leerlo directamente.




2 comentarios
Tiempo atrás, escribí mi opinión en el blog “En esta yo paso…” de Roberto Schiattino. Leyendo ahora el blog de Paula Palacios y el suyo señorita Astorga, reafirmo con más fuerza mis aprensiones.
Si bien las opiniones existen (Gabriel Valdés), en esos múltiples reporteos de Uds, los periodistas, generan una espiral de réplicas y dúplicas que, reflexionando a fondo, es lo que hoy cubren las pantallas, las páginas y los micrófonos de los medios de comunicación.
Efectivamente, en su esencia, fue el comentario de un caballero y gran político que estaba, en un lenguaje coloquial y distendido, haciendo comentarios acerca del hijo (hoy candidato a la presidencia) de un gran amigo fallecido. Pero el actual estilo y objetivos mediáticos y cortoplacistas del periodismo de hoy,los transforma opiniones de contenido y con relevante importancia política. Y no lo son. Pero quienes arman el show: obviamente los periodistas. Y van corriendo dónde “el otro” a contarle lo que dijo “el otro”.. ¡qué penoso ejercicio profesional!! Y en eso pasamos todos los días.
¿Alguién leyó lo que Piñera expuso en esa ocasión? Con suerte un parrafito minúsculo, contra toda la parafernalia que arman por los comentarios al pasar del señor Valdés. Ese es el periodismo que nos informa hoy del “acontecer nacional”.
Lo mismo ocurre con lo que UD leyó señorita Astorga. ¿Con qué autoridad y elementos de juicio el periodista corresponsal del WSJ escribió aquello?. ¿ Acaso le importa la investigación rigurosa a ese periodista?. Para nada. Sólo se trata de escribir algo “golpeador”, ojalá escandaloso, inédito, mientras más raro mejor.
Su colega Palacios, cae en el mismo estilo,de Conde a Condenado dice. Como si hubiera sido plebiscito nacional.¿ Cuántos lo condenaron? Seis gatos, a lo más. Pero no, se trata de armar de nuevo la parafernalia, para estar varios días en esto.
Ayer, excúsme el desahogo, vi en TVN algo muy revelador. Un reportero cuestionaba al director de un colegio, donde se produjo un una agresión a cuchillo entre alumnos.
El director alegaba que esto era un asunto de importancia nacional – la violencia entre adolescentes -, y que requería el apoyo de la sociedad toda y de los medios de comunicación. El reportero insistía en explorar fallas o conflictos dentro del ese Colegio. ¿ Que ha hecho Ud como director?, repetía. Después de responder criteriosamente, encaró al reportero, argumentando:”Los medios de comunicación debieran tener un rol protagónico en esta campaña de educación. Al contrario, ocupan más de 500 horas al mes en trasmitir farándula hueca y que vale la nada misma”. Dramático y terrible. Y penosamente cierto. La triste verdad es que decenas de periodistas hoy se dedican a esto, porque los medios lo promueven.
En este escenario, señorita Astorga, no le extrañe el artículo del WSJ, si no es más que más de lo mismo.
Le aseguro que si a Arrate y a Frei (los candidatos más serios y honestos) les descubrieran que tienen como amantes a la Carlita Ochoa y a la Carlita Ballero,¡ ahí si que se animarían las campañas !!!. Y el periodismo diría que estamos viviendo una campaña presidencial apasionante y entrentenida.
Habrá que ratificar que los pueblos tienen el periodismo y los presidentes que se merecen.
ES
No es ningún misterio que es muy fácil criticar o “adejetivizar” ciertas cosas cuando se está tan lejos de la realidad y, por cierto, de las sensaciones que provoca nuestra campaña. Y no lo digo por ser partícipe de ella, cosa que lamento por no tener el tiempo que demandaría el hacerlo activamente. Pero señalemos que si es “soporífero” que la carrera presidencial se desarrolle con total calma, respeto (dentro de lo que se puede claro está) y sobre todo “estabilidad”, entonces Matt Moffett y Carolina Pica deberían irse a algún país que nadie conoce en el medio oriente, a sudáfrica y demases (blangladesh no es tán malo segpun dicen).
Por que si lo que quieren es que exista un cadidato alcohólico (o rehabilitado como pasó por allá arriba cerca de Canadá) que se encargue de vender armas a un país para luego invadirlo o que no dure más de 1 mes una vez electo, entonces estamos mal enfocados. Estamos mal enfocados porque en un país SERIO las cosas se llevan de forma seria, a la gente tonta le pasan cosas tontas y eso todo el mundo lo sabe. Si es que en WSJ consideran eso aburrido y no NORMAL como lo es, quiere decir que los gringos finalmente de “deschavetaron”, esto porque no tenemos un candidato negro de 3 metros o una cadidata a vicepresidenta que con suerte sabía escribir y hablar (y aunque parecía increible casi hablaba peor que la señora Paty Cofré.
Pero bueno, la periodista claramente se da cuenta de que el periodismo del WSJ fue triste, porque en verdad da pena. Da pena que existiendo candidatos serios (con serias posibilidades de salir electos y; cambiar el país o dejarlo como está por 4 años más) se señale que ahora que existe una suerte de guerrillero por extensión (que por cierto no lo es aunque no comparta el 99% de sus ideas) la cosa se puso divertida, que pena.
Felicitaciones a la periodista nuevamente,
Christian Nicolai Astorga.