Blog

2007-11-18-xl--2007-11-11-19148380palabras

En mayo de 2004 publicamos con Hernán Morales Silva un libro que titulamos Vicios en el lenguaje del chileno. De inmediato tuvo buena acogida y fue necesario reimprimirlo varias veces, hasta que el año pasado suspendimos su publicación, pese a la demanda que seguía teniendo.

Las librerías reaccionaron de inmediato y preguntaron a qué se debía que un título que se vendía bien no se siguiera editando. La razón era muy sencilla. En una de las tantas revisiones a que sometemos los libros, descubrimos que numerosas incorrecciones que habíamos consignado… ya no le eran. Esa fue la razón por la que se tomó la decisión de no seguir en el mercado con un volumen que consignaba yerros que habían dejado de serlo por determinación de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

-El verbo adecuar ahora se puede conjugar tildando la “u”: Yo adecúo, tú adecúas, el adecúa. Antes no era correcto hacerlo.

-El sustantivo maratón, que era masculino, ahora es ambiguo. Por lo tanto, ahora se puede decir la maratón, lo que en el pasado era propio de quienes hablaban mal.

-La voz homosexualismo no existía. Hoy se puede usar con propiedad.

-Los números ordinales 11 y 12 sólo eran undécimo y duodécimo, pero las nuevas modificaciones aceptan decimoprimero y decimosegundo.

-El adjetivo desapercibido antes sólo significaba desprovisto y desprevenido; hoy es sinónimo de inadvertido.

-El único superlativo de pobre era paupérrimo; en la actualidad, el Diccionario panhispánico de dudas de la Asociación de Academias de la Lengua Española también acepta pobrísimo.

-Los adjetivos autodidacto y polígloto, cuyos femeninos son autodidacta y políglota, curiosamente fueron enmendados y hoy es correcto decir “el pintor es autodidacta” en circunstancias que hasta hace poco sólo se aceptaba “el pintor es autodidacto”.

¿De qué sirve hablar bien?
En realidad hablar bien es un lujo, un gusto que se dan muchas personas que disfrutan empleando los vocablos con la propiedad debida. Pero este deleite sólo lo disfrutan los escasísimos privilegiados que conocen el significado de las palabras y que se desenvuelven con un vocabulario superior a las veinte mil voces. En septiembre de 2007 visitó Chile Jean Hébrard, inspector general del Ministerio de Educación de Francia, para participar en un foro bicentenario acerca de los desafíos de la educación en América Latina y Europa. En esa oportunidad, entrevistado por El Mercurio, aseguró que “…para hablar en la vida cotidiana se necesitan seis mil palabras; para leer un texto común, 25 mil; y uno de literatura, 65 mil”.

En Chile, se calcula que una persona común y corriente utiliza entre 600 y 800 palabras y es muy raro encontrar a alguien que domine un vocabulario que supere las diez mil expresiones. Por esta razón, no resulta extraño, que los estudios de comprensión lectora hayan llegado a la conclusión que el 80 por ciento de los chilenos no entiende lo que lee.
¿Sabía usted que el adjetivo acucioso significa presuroso y no minucioso; que la expresión correcta es a diestro y siniestro; que adolecer significa causar una dolencia y no carecer; que la bitácora es un mueble donde se guardan los instrumentos de navegación; que decir “regreso en breves minutos” es un disparate, porque todos los minutos son breves;  que la frase “hace un tiempo atrás” es una redundancia equivalente a decir subo para arriba; que los vocablos caries, lavazas y propóleos siempre se escriben con “s” final en singular; que detentar es ejercer ilegítimamente el poder; que experticia es una prueba pericial y no experiencia; que latente significa oculto; que edil quiere decir concejal y que la pachorra es indolencia y apatía y no desplante.

¿Y qué se gana con hablar bien?
Me he convencido que poco. Numerosos amigos me han confidenciado que hablar bien es un riesgo, porque si llegan a decir repitiente en vez de “repitente”, seguramente todos van a pensar que son ellos los que están hablando mal.

En una oportunidad entré a una tienda en Providencia y una clienta reaccionó airadamente cuando escuchó el sustantivo menopausia en la radio que estaba en la caja. Levantó la voz y dijo “todos los periodistas son unos ignorantes, se dice ‘menopausa’ no menopausia”. Yo me sumergí entre unos estantes, pero el dueño del local le respondió. “En este momento tenemos aquí un periodista que usa bien el lenguaje, porque no le preguntamos cuál es forma correcta”. Los otros clientes asintieron y fijaron su vista en mi rostro. Yo contesté con voz firme. “Se dice menopausia”. Sentí suspiros de alivio, pero la señora de marras tronó: “¡No dije que los periodistas eran unos ignorantes, aquí mismo tenemos un ejemplo de esa ignorancia!”. Todos hicimos plop.

También he llegado a pensar que hablar bien irrita a mucha gente, especialmente a quienes se manejan con un vocabulario paupérrimo. Se justifican asegurando que a la larga la Academia de la Lengua termina por aceptar los vicios de lenguaje y que no vale la pena aprender algo que se va a modificar con el tiempo.

En consecuencia, hablar bien es sólo un placer solitario, porque muy pocas personas lo reconocen, algunas ni se dan cuenta, otras piensan que es uno el que está cometiendo los errores, no faltan los que agregan el calificativo de siúticos a los que usan adecuadamente el lenguaje y se termina convertido en el bicho raro de la sociedad.

Pero esta situación está cambiando. Hace diez años sólo dictaba un curso de Expresión Oral en una Escuela de Periodismo. Este año, esta asignatura la he dado en Psicología, Ingeniería Comercial, Pedagogía en Educación Básica, Auditoría, Gastronomía, Ingeniería Mecánica, Relaciones Públicas y, por supuesto, sigo en Periodismo. Las autoridades universitarias han empezado a descubrir que sus alumnos dominan las materias propias de sus carreras, pero en numerosos casos son incapaces de explicar lo que saben. El escritor francés Paul Valéry ya lo dijo: “El lenguaje puede, como una lupa, reducir o ampliar un pensamiento a los ojos de los demás”.

Comparte esta noticia

9 comentarios

  1. Paula Palacios dice:

    Qué entretenido y cierto lo que planteas Héctor, siempre con una pluma tan liviana, divertida y didáctica.
    Felicitaciones
    Paula

  2. Silvia dice:

    Me encantó, definitavemte sabemos menos de lo que creemos, o bien tendemos a aplicar mal las palabras, como quedo Claro según su escrito.

    Gracias
    Silvia

  3. Leticia dice:

    Es tan cierto lo que escribes, aunque lamentablemente somos cada vez más permisivos con nuestras nuevas generaciones y el lenguaje se nos empobrece aún más.

  4. AM Zuniga dice:

    Que cierto lo que escribes Héctor, hablar correctamente es un lujo… pero es un lujo que a diferencia de otros, estoy orgullosa de llevar conmigo dondequiera que voy, no ocupa espacio (al contrario amplia el espacio del cerebro) y abre puertas. Es más, me dio el trabajo que tengo hoy.

    Actualiza el libro, es un gran trabajo y constantemente lo uso como referencia. Recuerda que los idiomas son vivos y si no nos avivamos con ellos… nos fosilizamos.

    Saludos,

    AM

  5. Excelente artículo aunque breve, seguramente por presiones de espacio. Aprovecho la ocasión para reclamar contra el uso de “Bizarro” como equivalente de “insólito” o ” estrafalario”, que son las acepciones de la palabra inglesa “bizarre”. En nuestra bella lengua bizarro significa “Valiente” o “Esforzado”. Tengo entendido que incluso se ha escrito un libro llamado “Santiago bizarro” o algo así. !Increíble!

  6. Your blog keeps getting better and better! Your older articles are not as good as newer ones you have a lot more creativity and originality now keep it up!

  7. Andrea dice:

    Yo soy una de esas románticas que aún disfruta del buen hablar. Pese al menosprecio que algunas personas demuestran frente a la propiedad en el lenguaje o a la misma corrección, soy una convencida de que tarde o temprano hablar bien pasa de ser un lujo a una necesidad.

  8. Aymé dice:

    Es genial leerle. Yo sigo abogando por el bien decir y el bien pronunciar. Soy de las que les salta un resorte en el interior cuando oigo en la calle, la radio o la televisión una palabra mal dicha o mal usada. Gracias por el artículo.

  9. What’s Happening i’m fresh to this, I hit upon this forum I find It amply useful & it has helped me a great deal. I should be able to contribute & guide other people like it has helped me.

    Cheers, Catch You Later
    _________________
    house wiring

Deja tu comentario!

Nombre (preferentemente nombre real)

Email (no será publicado)

Sitio web