Era viernes por la tarde y me quedaba en Buenos Aires por el fin de semana, libre al fin, luego de hacer un par de entrevistas para la portada de CARAS. Corría un viento primaveral y me paseaba con una placentera sensación de relax por Palermo Soho. De de una calle a otra y de una tienda a otra también, cuando me encontré con la que debe ser seguro la librería más bonita de la ciudad después del Ateneo: La boutique del libro. Me dejaba embriagar por su arquitectura añosa y sus volúmenes de diseño, cuando llegué al mesón dedicado a los súperventas.
Extraño que el sector más popular de toda librería se encontrara al final del largo y angosto pasillo; entonces no lo entendí, pero se trataba de una advertencia. Sobre la gran mesa de madera gruesa, Stieg Larsson y su primera novela, ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’, me coquetaba descarado. Ya había visto a este libro, el primero de la trilogía creada por este fallecido periodista sueco, adueñarse de los ránkings, imbatible entre los más vendidos. La cubierta negruzca con la mujer atada, su mirada intrigante, eran una auténtica invitación a abrir sus páginas.
Sin dudarlo lo llevé y no me importó ni el precio ni los varios gramos de más que sumaban sus 665 páginas, mucho menos su categoría de “best seller”. Me reconozco una buena lectora y devoro con igual pasión desde la novelas de Bolaño a Paul Auster, como Isabel Allende o Dan Brown.
—¿A ver, qué tenés ahí? —dijo Mechi, mi amiga, periodista argentina, mientras intruseaba entre mis compras. Lo primero que atacaron sus manos fue mi nuevo libro…—. Mirá, Stieg Larsson. Todo el mundo habla de él, pero la verdad es que a mí me gusta la literatura de verdad— lanzó sin más.
La conversación me dejó pensando.
Días después, un exitoso escritor, que por esos días lanzaba su última novela, me lo reafirmó desde su propia vereda: “Ser un escritor de best seller es una etiqueta demasiado ingrata y en Chile acarrea una connotación peyorativa. Es muy distinto ser un autor que escribe con fórmulas bestselléricas, de acción y suspenso a lo que hago yo, que escribo novelas personales, con estructuras en nada emparentadas con esos estereotipos”. Su sonrisa de dientes albos y sus ojos achinados, poblados de cejas, me parecieron burlones. Mi amigo, uno de los escritores más exitosos de Chile, prefería que su condición de súperventas tuviera cualquier nombre menos el de best seller…
Fue Mario Vargas Llosa quien se encargó de despejarme las cosas. En una columna publicada en el diario El País se deshizo en elogios para la obra de Larsson, al punto que se había leído de un tirón en un par de semanas sus tres novelas, más de 1.200 páginas, ni más ni menos. Si el autor de ‘La tía julia y el escribidor’ había vibrado a tal punto es porque la lectura no es sólo el ejercicio intelectual sino también pasión. Y así lo deduje también tras las buenas críticas publicadas a raíz de la última novela de Dan Brown, ‘The lost symboll’, comentadas en La Tercera: “Dan Brown parece muy conforme con el papel que desempeña en la industria del entretenimiento. La trama, en resumidas cuenta, está por sobre el talento”.
Y agrego que no es sólo la crítica sino los propios lectores quienes se arrogan el derecho a enjuiciar al resto, separando a los que leen literatura a secas de los que leen sin complejos los best sellers. Por puro orgullo y prejuicio, parafraseando también a una de las primeras best seller, Jane Austen.
¿Popular, super ventas, intelectual, qué importa? Si llega a mis manos y es capaz de mantenerme interesada hasta el final, entonces ¡bien hecho! Y a seguir leyendo se ha dicho.
11 comentarios
Estimada Lenka,
Tienes toda la razón. Tras leer tu columna de inmediato me sentí identificado. Mi velador es testigo de que leo de todo, desde literatura a secas como tú la llamas a súper éxitos… Me sentía algo culpable por querer comprarme el último de Dan Brown, ¡ahora voy corriendo!
Gracias por tu excelente aporte y espero que otros se también se animen a leer sólo por placer y sin asomo de culpas.
Totalmente de acuerdo.
La “verdadera” literatura la determinan las verdades subjetivas de cada uno.
Está sobrevalorado el rol de la crítica especializada. Aplica para el cine, los restaurantes y por supuesto… los libros.
Además de aportar a la reflexión, creo que el hábito de la lectura debe proveer de entretención. Me sucede que el entusiasmo y la lectura impulsiva de un texto trasciende el hecho que sea Best Seller o no. Fui un aplicado lector de los siete libros de Harry Potter, me leí El Código da Vinci de un tirón, pero también me involucré de manera inaudita con Expiación de Ian McEwan, novela no pensada como un best seller. Creo que el rol del crítico está más apegado a la academia y al canon. Creo que los críticos gringos hacen bien en decir que la nueva novela de Dan Brown cumple con su cometido dentro de lo que promete. Para qué esperar más. Sobre Larsson me declaro ignorante. Pero bien por el placer de la lectura y los libros. Bravo!
Gracias por sus comentarios. Al menos deja la sensación de no escribir para el aire. Son lo más.
Carlos, en cuanto a Stiegg Larsson, te recomiendo mil veces comenzar ya con la lectura. El libro se devora de un tirón. Yo estoy terminando el primero y luego parte corriendo a la librería ppr el segundo de la trilogía. No es muy barato, preo vale mil veces la pena!!!
El tema anda dando vueltas hace rato, no sólo en la crítica literaria, sino también en la cinematográfica y músical. ¿Merece la última de Woody Allen (por muy baja que sea) 2 estrellas igual que Transformers 2? Es igual Allen que Michael Bay. No lo creo y pienso que muchos de los lectores de este blog, tampoco. Meter todo en el mismo saco es peligroso, sobre todo en el arte. Es indudable que Brown no está en la misma categoría que un Amis o un Ford, pero Brown eso no significa que a priori sea malo. El autor del Codigo da Vinci escribe muy buena comida rápida, novelas que se leen de un tirón y se disfrutan como Lost o cualquier otra serie. Y en ese estadio la aproximación analítica debe ir en por otra esquina. Pedirle profundidad literaria a un Dan Brown o a una Stephenie Meyer no es ser prejuicioso es derechamente no tener amplitud de mirada. Cuando JMVial en la Tercera termino su crítica a Larrsón diciendo que entretencion no era literatura traicionaba toda la historia narrativa y se metía por un buen lugar desde Homero hasta Joyce. Ahora, ¿es literatura? yo creo que si. Es literatura comercial y punto. Es el equivalente al pop más azucarado en la música al cómic de superhéroes en la gráfica. Y al igual a como en el pop hay un Pet Shop Boys o en el comic existe Alan Moore a veces hay oro puro en lo comercial, Larrson por ejemplo, harto mejor de mucho que lo que se publica bajo el paréntesis de alta literatura. Si al final, como decía un profe, lo importante no es que sean más o menos artísticos, la buena literatura, la real, es la que parte y termina en un buen cuento, el resto es adorno. El Quijote era un suma y resta de novelas de caballería, Moby Dick un relato de monstruos marinos, Shakespeare escribia teleserie y Dumas y Dickens folletines melodramáticos. Para que hablar de Poe, un Stephen King del siglo XIX pero del cual hoy nadie dudaría su valor literario, como si dudan de King
Los escritores populares son diferentes de los best-sellers.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1006550
Frank Zappa dijo una vez que “tratar de hablar sobre música es como querer bailar arquitectura”. Es el problema con los curadores, críticos y en ocasiones, los propios autores: pecan o de esnobismo o de purismo obtuso. Quieren racionalizar una emoción, estudiarla con microscopio, medirla, pesarla, y a mí parecer las artes (conjunto en que incluyo a la literatura) son el último reducto desobediente a reglas, categorías, fórmulas. Por lo mismo, considero reprochables a quienes buscan lógica y rigor en las artes o a los artistas que crean – o mejor dicho fabrican – movidos por fines mezquinos o prácticos (fama, dinero, el “pop de laboratorio”, etc), pero no condeno a quienes obtienen aplauso y/o fortuna por haber parido una obra capaz de activar emociones, por pueriles que estas sean.
En materia de arte, sólo una cosa es más inoperante que medir todo con la misma vara: el mismo hecho de medir.
Yo no seré periodista de literatura, pero te encuentro tanta razón. Primero porque soy devoradora de libros igual que tú, sin importar si se trata de un best seller o de literatura más “elevada”… jajajaja… Además creo que esta discriminación se da en otras ramas artísticas y me atrevería a decir que en varias otras ramas del quehacer nacional. Desde el periodismo no hay nada peor que asumir que escribes de farándula (díganmelo a mí). Y en televisión, que son las áreas a las que me dedico, son pocos los que asumen que ven realities y a todos les gusta la cultura, pero la hora de revisar los ratings eso no se refleja. Ahora con la TV digital no deberían reclamar más porque cada uno va a ser dueño de ver el canal que quiera: el de noticias, el de cultura, el de teleseries. Así como uno elige qué libro leer. Y a veces queremos leer algo rápido y entretenido. Y eso no creo que tenga algo de malo.
Te felicito por tú columna.
Mí abuelo me dio un consejo cunado era chico, que con el paso del tiempo le he encontrado el sentido, me dijo. Lee todo lo que llegue a tus manos y no dejes de terminar de leer lo que empezaste, porque piensa en el trabajo que tuvo la persona que lo escribio y sería una falta de respeto para él dejarlo inconcluso.
Un bazro
Perdón abrazo.
la verdad es que uno lee con lo que segun personalidad se siente identificado, y la verdad leer algo que esta valorado porque así lo dice alguién, es como creer que piñera de verdad sedio todo su poder economico…
Saludos.