Es un secreto de belleza que al menos en Chile ‘no está en stock’. Los beneficios de la vacuna antiaging sólo se conocen por el ‘boca a boca’ entre amigas que pueden desembolsar desde un millón 800 mil pesos por una promesa de juventud.

No se trata de una vacuna propiamente tal; de esas que inoculan microorganismos para evitarnos una gripe. 

El pinchazo antienvejecimiento consiste, en realidad, en una inyección de activos bioestimulantes que aportan los elementos necesarios para una óptima renovación celular. La idea es prevenir tanto los signos (arrugas, flacidez) como las enfermedades propias del correr de los años ‘de adentro hacia afuera’ y no al revés como lo haría, por ejemplo, una aplicación de bótox.

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En Europa se trata de un tratamiento que va a cumplir casi un cuarto de siglo. Carla Bruni y los reyes de España apenas necesitan cruzar las fronteras de Europa para llegar a la exclusiva clínica suiza La Prairie (la misma de las cremas de lujo) para internarse por seis días y acceder a su programa revitalizante que incluye la terapia con vacunas. Del otro lado del Atlántico, también han viajado Madonna y otras celebridades sometidas a un estilo de vida agotador y que se mueven en un mundo donde envejecer es pecado.

“Estas inyecciones funcionan como una especie de ‘personal training’ de nuestras células que con los años pierden vitalidad. Esto se traduce en prevenir algunas enfermedades propias de procesos degenerativos y en mejorar la calidad de vida de quienes ya las padecen. A nivel estético, se estimula la producción de proteínas como el colágeno y la elastina. De hecho, uno de los primeros efectos visibles es una mayor tonificación y la eliminación de esos saquitos de grasa propios de la edad”, explica el doctor Felipe Villarroel, director del Instituto Médico Estético (IME) que trae a Chile el producto suizo original -Biocell- sólo a pedido de quienes lo soliciten. El interesado debe llenar un formulario a través de un centro médico acreditado para que el ISP (Instituto de Salud Pública) autorice su ingreso al país.

En Estados Unidos la ‘vacuna’ tampoco está a libre disposición, ya que la FDA estima que faltan pruebas que garanticen su eficacia. No ocurre lo mismo en el Viejo Continente desde que la Comunidad Europea le dio el ‘vamos’ como una alternativa médica.

De todas formas el doctor Villarroel es cuidadoso con las expectativas: “No se trata de que este tratamiento detenga el paso del tiempo. Lo que se busca es que el paciente esté en el nivel óptimo dentro de su rango de edad, y también de prevenir la aparición temprana de enfermedades producidas por la ralentización y procesos defectuosos en la regeneración celular”.

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La vacuna antiaging  no es plasma rico en plaquetas ni tampoco un tratamiento con células madre.

La invención suiza consiste en un mix de células de tejidos embrionarios ya especializados para la reparación de órganos específicos (piel, músculo, hígado, etc.). Estos tejidos son ‘cultivados’ en embriones genéticamente modificados (de modo que sean compatibles con el organismo humano) de una especie de oveja muy pura.

Otro compuesto son aquellos que activan naturalmente la producción de hormonas del propio organismo. Villarroel apuesta a que es la estimulación de la glándula pituitaria para que secrete la Hormona del Crecimiento Humano la verdadera clave de la vacuna antiaging: su producción va en caída libre después de los 30 años, afectando varios procesos biológicos, entre ellos, el metabolismo de las grasas y la regeneración, reproducción y el crecimiento de los tejidos de nuestro cuerpo.

Por último, la inyección contiene enzimas y coenzimas que ayudan a la actividad metabólica celular, y también aminoácidos que vienen a ser los ladrillos para la construcción de proteínas, algunas claves para la piel y las articulaciones.

Todos estos compuestos lo que hacen es ‘resetear’ nuestras propias células para que funcionen con energía y eficacia. Ahora, lo interesante es que los resultados se pueden medir a través de pruebas de laboratorio; por ejemplo la disminución de los niveles de colesterol y de azúcar en la sangre y un mejor tono muscular.

El número de ‘vacunas’ que necesite el paciente variará según su edad y condición, aunque los suizos cuentan con sus propios protocolos. El médico chileno estima que entre los 40 y 50 años es aconsejable un kit de cuatro vacunas al año, mientras que entre los 50 y 60 años ya conviene utilizar un par.