Ojos azules intensos enmarcados en unas cejas gruesas, rostro cándido de piel blanquísima, un estilo que ella misma describe como levemente varonil y una forma especial de moverse han transformado a Arizona Muse en el centro de todas las miradas. Tanto, que la editora en jefe de la revista Vogue en Estados Unidos, Anna Wintour, afirmó que en ella ve sombras de Linda Evangelista y Natalia Vodianova, pero sobre todo la ve a ella misma, “maravillosa, inteligente y adulta”.

Muse, quien se declaró admiradora de “las Antiguas Egipcias Nefertiti, y Kristin Scott Thomas, especialmente en El paciente inglés, es una de las maniquíes más cautivantes en el mundo de la moda actual. Su ciudad en el mundo es Nueva York, aunque nació en Santa Fe, Nuevo México, donde comenzó a modelar aún estando en la secundaria. Actualmente vive en Williamsburg, el barrio neoyorquino en boga entre los jóvenes artistas.

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Su último gran ‘golpe’ llegó de la mano de Estée Lauder, firma que la eligió como rostro del nuevo perfume Modern Muse. Y es que Arizona, como la fragancia, representa las dos caras de la mujer moderna. Puede ser suave y fuerte a la vez.

Debutó en las pasarelas siendo una adolescente y poco a poco fue abriéndose camino hasta convertirse en la favorita de los diseñadores de casas como Louis Vuitton, Prada e Yves Saint Laurent. El maquillador Tom Pecheux ha dicho de ella que es “el sueño de la moda”.

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Hoy, ya consolidada, se ríe de sus comienzos y se atreve a confesar algunas de sus ocurrencias: “Para la gala en la que me presentaron como vocera de Estée Lauder pegué mis pies a mis zapatos con pegamento, para estar a salvo… Es un truco que aprendí de Marc Jacobs”.

Muse es, finalmente, una chica sencilla que en el día prefiere jeans negros y para la noche polleras con camisetas de seda y tacos. Como la mayoría, una mujer camaleónica.