Cuando María Antonieta ingresaba a su carroza, debía inclinar la cabeza, ya que sus sofisticados peinados eran tan altos que casi rozaban el cielo. El estilista Léonard Autié era el encargado de crear esas torres de accesorios que rápidamente se transformaron en el grito de la moda barroca. Joyas, plumas, flores, frutas y hasta figuras de barcos y castillos eran el ingrediente principal de aquellos tocados que rayaban en la extravagancia. Durante horas, la reina de Francia permanecía inmóvil mientras Léonard jugaba con su cabeza, levantando creaciones dignas de una obra de arte. Pero no fue el primero ni el único en preocuparse de cómo lucía el cabello. Desde la Antigüedad, el pelo y las distintas formas de ordenarlo han tenido una importancia primordial, siendo un claro reflejo de los cambios sociales, políticos y culturales de cada época.

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Fabricados sobre la base de hueso, madera, astas de animales, marfil y espinas de pescado, los peines son algunos de los objetos más antiguos encontrados por los arqueólogos, alzándose como la prueba más palpable de que incluso las primeras civilizaciones tenían una preocupación por sus cabelleras. En la China milenaria los peinados marcaban el estatus civil y económico de sus mujeres, quienes solían tomarse el pelo con un “buyao”, especie de broche con pendientes de piedras preciosas. En el antiguo Egipto, en tanto, las trenzas llevaban la delantera. Cleopatra dominaba a su pueblo y seducía mientras en su cabeza las hebras entrelazadas acababan en pasadores de oro que realzaban su posición de poder.

Pero la llegada de nuevas tecnologías vino a revolucionar el mundo de los peinados. Marcel Grateau fue el creador de la peluquería moderna tras inventar en 1882 las primeras tenacillas calientes que rizaron los cabellos. El ondeado “marel” y el estilo “Gibson Girl” eran los más cotizados, destacando la feminidad y delicadeza. Casi 25 años después, el alemán Karl Nessler inventó un tratamiento químico con el que se conseguían rulos permanentes en cabellos lacios, mejor conocido como “base”. Otro invento innovador fue el secador de pelo con motor, desarrollado por la Wella Professionals en 1930.

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Pero la verdadera revolución vino después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el pelo comenzó a llevarse corto, no más abajo del lóbulo de las orejas, representando a una mujer más moderna, práctica y con libertad de movimientos. Fue Audrey Hepburn quien impactó con uno de los primeros pixies de la historia. Mucho antes de que Diana de Gales, Emma Watson o Miley Cyrus revolucionaran los tabloides con su pelo corto, la diosa de Hollywood ya lo había hecho. Al igual que Twiggy, quien conquistó pasarelas con su estilo transgresor en los ’60. Mientras tanto, la diva del rock, Janis Joplin, enloquecía a sus fanáticos con una melena incontrolable.

Es que la revolución hippie trajo consigo una resistencia al orden establecido y los peinados se volvieron más audaces y desordenados. Sólo los cintillos y tupés les daban un poco de orden a los volúmenes exagerados.

El fenómeno de la música jamaiquina en los ’70 despertó la moda de las trenzas que estaba dormida desde el antiguo Egipto. Por lo mismo, cuando la protagonista de 10, la mujer perfecta, Bo Derek, apareció con su cabello trenzado desde la raíz a las puntas, no fue sorpresa que muchos la quisieran imitar. Incluso en la actualidad los cabellos entrelazados siguen siendo chic, lo dejó en claro el clan Kardashian en su docurreality, en donde las trenzas desde la raíz se robaron todas las miradas. El pelo rizado, por otro lado, fue el ícono de los ’80. Melenas aleonadas y frizz desmesurado se transformaron en el objeto de deseo y divas como Madonna, Tina Turner y Cyndi Lauper no se quedaron afuera. Desde allí, los peinados han adoptado una libertad antes inimaginable. “Ahora estamos trabajando el ‘hair contouring’, que es una forma de crear ilusión óptica mediante la fusión del corte, color y la textura de un look. Los cabellos sueltos y muy naturales también la llevan”, explica Marisol Aburto, Lider Wella Professionals.

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Pero más allá de seguir reglas, la importancia recae en destacar la individualidad de cada uno. Cara Delevingne hizo de las suyas en la gala del Met con su cabeza rapada y Lily Collins sembró misterio con una melena oscura, mucho más arriesgada que el ya reconocido bob de Anna Wintour. Una fusión de estilos que deja en claro que volvemos a la época en la que todo vale, siempre y cuando seamos fieles a nuestra identidad. Colores de fantasía, liso extremo, wet look, balayage o flequillo, da lo mismo el estilo o la época, lo único cierto es que a través de los peinados es posible desenredar pedazos de historia y entender los cambios sociales.