¿Una belleza única? Lugar común o no, podrían mirarse fotos de ella todo el día. Su look en la década del ’60 es fuente de fascinación: esos ojos grandes, el corte de pelo funky, su cuerpo menudo y… ¡esa ropa! Twiggy —o como dice su pasaporte: Leslie Lawson— inspira hoy y siempre.

Con 65 años mantiene su estatus y, con el paso de los años, una vigencia sin cirugías y desafiando las ‘fechas de vencimiento’ que se imponen a las mujeres del circuito de la moda

Ya no usa esas pestañas postizas sesenteras que en estos días se agotan en secciones de belleza. El delineador negro y exagerado que llena de tutoriales a YouTube lo cambió por un sutil smokey. Su corte asimétrico ahora es una melena media que mueve al viento para-. Y esa minifalda que mostraba esas piernas delgadas (que le dieron su apodo de ‘Varillita’) se reemplazó por el pitillo. Sí. En skinny y en camino a los setenta.

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Su exitosa colección de ropa para la cadena británica Marks & Spencer saca titulares por su modernidad. Nuevamente cambia los paradigmas de la industria.

Las prendas con su firma no están pensadas para la caricatura de una ‘abuelita’ sentada con un tejido. Hay pantalones de cuero, chaquetas rocanroleras y faldas tubo ajustadas. Asegura a sus pares en la campaña que los “Skinny jeans son indispensables”.

Linda y con estilo. Liderando el look para la nueva mujer con la que comparte décadas y que sale en citas, viaja y se junta con amigas. Esa chispa, que las jovencitas conocieron cuando era jurado del reality America’s Next Top Model está intacta. Por eso se siente identificada con la nueva top del siglo XXI Cara Delevingne: “Las dos somos divertidas”. Esa frescura es la clave de la belleza. 

—La década del ’60 marcó a las jóvenes. Por fin se vestían según lo que querían. Y allí estabas tú, con aquel look tan especial, ¿te dabas cuenta de que eras el rostro de esa revolución?

—Para nada. Simplemente así era como me arreglaba. Antes de ser descubierta, los fines de semana me maquillaba de aquella forma que me hizo famosa: pestañas postizas en la línea inferior del ojo y lápiz oscuro. ¡Me demoraba más de una hora! En el resto de la cara casi no usaba nada. Era muy joven y no necesitaba base. Antes las niñas querían parecerse a sus madres y en mi época, por primera vez, buscábamos todo lo contrario: ser diferentes. Por eso hasta hacía mi ropa porque no encontraba lo que quería. Además, era tan flaca que nada me quedaba bien.

—¿Fuiste una chica en el lugar y momento correcto?

—Ya modelaba. Pero el instante clave fue la melena corta, ya que —en conjunto con mi mirada— armó un estilo completo. Y allí fui descubierta (1966). Fue una mezcla perfecta entre pelo y maquillaje. Una imagen muy distinta a las modelos anteriores. Antes de eso era una joven que, como cualquier otra, sólo experimentaba. No tenía idea de que inventaba un nuevo look.

—En esa época los diseñadores se lanzaron a crear cosas locas. Y debutó la revolucionaria minifalda, de la que fuiste referente.

—Recuerdo a André Courrèges con su propuesta espacial y esas botas blancas a la rodilla… En cuanto a la mini, ¡la amaba! La usaba sin problemas porque era joven y flaca. ¡Creo que tienes que ser así para poder ponértela!  En cuanto a la atmósfera sesentera, no me sentía rebelde. Era muy de familia. Eso sí curiosa, por eso aprendí a coser de muy chica. Y la mini era como mi uniforme. No me sentía provocativa.

— ¿Me puedes aclarar algo? Se da crédito a Mary Quant por la invención de la minifalda, pero otros dicen que fue Courrèges… 

—Te voy a confundir más. La diseñadora que más me influyó en ese período fue la maravillosa Barbara Hulanicki, el nombre original tras la marca Biba. Según mi memoria, además de lo que yo me cosía, mis primeras minis las compraba en su tienda. Así que creo que esa prenda era algo que estaba sucediendo. Lo hacía Courrèges en París y, desde luego, Biba y Mary Quant en Londres.  ¿Quién fue primero? ¡No voy a entrar en eso!

—Te vistieron algunos de los diseñadores más influyentes de todos los tiempos, ¿algún favorito?

—Tuve mucha suerte. La primera vez que trabajé para Vogue en Estados Unidos, en 1967, usé alta costura de Chanel, Balenciaga y Courrèges. En cuanto a mis favoritos estaba uno de mis amigos, el maravilloso y hermoso escocés Bill Gibb. Otros que me gustaban eran Ossie Clark y su mujer Celia Birtwell. Obviamente era fan de Barbara Hulanicki, porque yo era una chiquilla y no sentía el impulso de andar siempre en alta costura. Ella hacía cosas especiales y a un precio accesible. Por esa razón me gusta mi colección Twiggy, ya que la moda debería estar disponible para todos, no sólo a la elite.

—¿Nunca te dio miedo lanzarte a diseñar?

—Ya es mi cuarto año en esto y me encanta. No sentí temor porque hacía ropa desde que tenía 14 años. Además, en los ’60 realicé por tres temporadas una línea para adolescentes. Obviamente, esta es mi primera colección importante y me tiene feliz. Es tan linda la respuesta de las clientas. Para ellas trato de hacer prendas no sólo bonitas, sino que también con buenas telas. Creo que la moda debe ser divertida, no hay que tomarla de manera grave. Hay que jugar con la ropa.