Si seguir una dieta es difícil, hacer un ayuno es una experiencia límite para la que no todos están preparados física y sicológicamente. La idea de perder kilos rápidamente es demasiado tentadora, pero antes de tomar la decisión es indispensable agendar una consulta médica para asegurarse de que el estado de salud es compatible con la ambiciosa misión de no comer.

Olvídese de la ensalada, las proteínas y las frutas, por más exigua en calorías que sean. En este plan de desintoxicación, los alimentos sólo pueden mirarse desde lejos. Lo único que se consume es una limonada preparada con miel de maple y un poco de pimienta de cayena. Nada más. ¿Aterrador? Absolutamente, pero efectivo también. Aunque en estricto rigor no es un régimen para adelgazar sino un ayuno para limpiar el cuerpo, hay quienes pierden hasta 10 kilos en 10 días, e incluso más, dependiendo de las necesidades de cada cuerpo.

No había terminado de ofrecerle un artículo sobre cómo sobrevivir al ayuno de la limonada a la editora de la revista cuando ya estaba arrepentida de haber abierto la boca. La idea de exponer un eventual fracaso en público me resultaba casi o más aterrador que seguir con los kilos de más ganados durante las vacaciones y el inicio de año. Pero pasan los minutos y recapacito. Después de todo, no fue una mala jugada. Ahora, tengo un motivo más para no abandonar. Sin la ayuda de nadie, me he puesto la soga al cuello y depende sólo de mí no terminar ahorcada. Valor.
Como un fantasma aparece el recuerdo de una amiga inglesa que rompió el ayuno en su día 4, pero no con jugo de frutas como te recomiendan cuando ya no puedes seguir. Estaba en una fiesta, abrumada por los piropos que recibía después de haber perdido cinco kilos y tomó la peor decisión del mundo. Luego de dos horas tomando sólo agua, decidió probar un poco de queso y terminó con una gastritis que la tuvo varios meses tomando medicamentos y con dolores de estómago insoportables.

En Ciudad de México, donde descubrí el libro de Stanley Burroughs, conseguir miel de maple orgánica era fácil y económico. En Santiago es todo lo contrario. En algunas farmacias naturistas se encuentra un equivalente que es el Sirope de Savia a valor cercano a los 65 mil pesos, pero la recomendación es conseguirse el producto original con alguien que viaje a Estados Unidos, Canadá, México o cualquier otro país donde existan supermercados orgánicos que siempre tienen un buen stock.

Repaso la lista de todo lo que necesito: frutas, verduras, muchos limones, pimienta de cayena y varios litros de agua mineral sin gas. Para facilitar la desintoxicación se recomienda tomar agua lo más purificada posible. Con el espíritu en alto comienzo con la preparación un viernes como quien corre los cien metros planos, pero a las cinco de la tarde, cuando empiezo a recibir invitaciones entretenidas para el fin de semana, me doy cuenta de que ha sido la peor opción. El día uno, sólo puedo comer frutas, verduras y jugos, así que desayuno jugo de naranjas y a media mañana me como dos duraznos. Almuerzo ensalada de lechuga, tomate y pepino. A media tarde un jugo de frambuesa más un plátano. Cena, rúcula, mucha rúcula. A las 20 horas doy por terminado mi día. Estoy encerrada en mi casa para evitar las tentaciones. Siento la satisfacción de la misión cumplida pero me falta el traguito clásico con que doy por finalizada la semana laboral.

Wp-Miellimon-450Mi sábado no pinta entretenido y despierto con ganas de saquear el refrigerador, pero sigo las instrucciones y armo un festín de sandía, ciruelas y frambuesas. Pienso en cosas ricas y no tengo ganas de hacer nada. Más sandía, unos arándanos y un pedazo de piña. A las nueve de la noche, mientras estoy haciendo zapping llego a Travel and Living donde están dando el programa Man Vs Food que conduce un gringo de anatomía generosa que recorre EEUU buscando los sándwiches más grotescos para devorar. Una parte de mí lo compadece pero la otra lo envidia… profundamente. Para la tercera jornada me esperan sólo jugos y un dolor de cabeza que va aumentando desde las tres de la tarde. Cuento la cantidad de comerciales de comida y alcohol que inundan la pantalla chica y decreto que  deberían prohibirlos igual que los del tabaco, pero ninguno de los amigos que me acompañan apoya la moción. Tengo los ojos vidriosos, la lengua sucia y el cutis opaco, los típicos síntomas de la primera etapa de desintoxicación.

Es lunes y lo peor está por empezar. A las 6.00 AM salgo de la cama  y corro a mirarme al espejo. Me levanto temprano para preparar el que será mi único alimento durante el día. Exprimo seis limones y los mezclo con una pizca de pimienta de cayena y dos litros y medio de agua mineral. Los bato y lo divido en tres botellas que supuestamente debo tomar durante todo el día, pero no llego ni a las cuatro de la tarde. A las cinco, siento que mis neuronas se han agotado por completo, al punto de sentirme algo desorientada. Ruego que pasen pronto las horas para que se acabe el día pero parece que el tiempo transcurriera más lento. Según Burroughs, es recomendable caminar al menos 45 minutos al día y tratar de descansar lo máximo posible. Pero el cuerpo no me responde. Cae el sol y no quiero pensar más. Estoy mareada.

Día dos. Me despierto y corro al espejo. El estómago duele de hambre pero al ver mi piel soy feliz.

Día dos. Me despierto y corro al espejo. El estómago duele de hambre pero al ver mi piel soy feliz. Inmensamente feliz, la veo más lozana y luminosa. Hasta encuentro que los dientes se ven más blancos y el pelo más brilloso. Me doy cuenta de que no exagero cuando mi hermana me dice exactamente lo mismo. Por la noche me desvelo hablando con un inglés del grupo de apoyo Master Cleanse Buddies de Facebook que hizo 40 días el ayuno preparando su cuerpo para ir a un retiro de silencio en India. Dice que tiene cincuenta años y que se ve de 30. Veo sus fotos y compruebo que el cambio es impresionante. Mientras reviso los posteos noto que todos coinciden en que luego del día tres el hambre desaparece, aumenta la energía y la sensación de calma. Entonces, cierro los ojos completamente ilusionada. Ocho horas después, compruebo que mis amigos cibernéticos no han mentido. A las 6.15 AM estoy tomando una clase de yoga y el cuerpo me sorprende. Estoy más flexible y camino como si fuera una pluma.

Al día cuatro, la sensación de hambre ha desaparecido y ya no me afectan ni las papas fritas ni las galletitas que circulan a mi alrededor. La última jornada de ayuno la vivo en la gloria. No me atrevo a pesarme pero en la ropa calculo que debo haber bajado unos cuatro kilos. Días después, al terminar las 72 horas de alimentación indispensables para salir del ayuno, compruebo que no me equivoqué. La balanza confirma mi pronóstico.
El regreso de la tortura contempla primero un día de jugos naturales, menos cítricos porque el estómago necesita tiempo para acostumbrarse nuevamente a la ingesta de alimentos. El primer vaso es de frambuesa y para mí es el más rico que he saboreado en mi vida. No exagero. Veinticuatro horas después puedo incorporar frutas y el último día regresan las ensaladas. Como pequeñas porciones y no puedo más. El espejo me devuelve una imagen mucho más estilizada y despierto con una vitalidad que no sentía desde los 20 años.

En total sumo once días invicta y no sólo puedo ver físicamente los cambios, lo percibo a nivel mental. Me siento fuerte y más centrada en lo que verdaderamente es relevante. En la ropa noto los centímetros menos de grasa pero a estas alturas es lo que menos me importa. Imagino que los atletas olímpicos deben sentir lo mismo cuando cruzan la meta: una mezcla de orgullo y satisfacción. Entonces posteo en el muro de seguidores del ayuno: The Master Clean make me happy. Y juro, me nace del corazón.

>Links de interés:

http://themastercleanse.org/
http://desintoxicacionconsiropedearceylimon.blogspot.com/2009/10/dieta-de-la-limonada-o-master-cleanse.html