Todo empieza con la sesión de 45 minutos, donde se construye la vida de cada paciente a partir de sus hábitos alimenticios. ¿Por qué llegó al sobrepeso?, ¿qué estructuras se dañaron con los kilos de más?, ¿cómo activar la regeneración?, y ¿qué hacer  para que el sobrepeso no vuelva?, son los interrogantes que se deben despejar antes de llegar al laboratorio. Luego, se realizan exámenes orientados a establecer las particularidades de la masa ósea, la composición muscular, el porcentaje de agua y la cantidad de grasa presentes en el organismo. Esa es la base para definir cómo se aplicará el tratamiento que ataca directo a las células eliminando el estrés oxidativo y la concentración de metales pesados y minerales que dificultan la quema de grasa. Finalmente, se elabora una pauta alimentaria personalizada y aparece en escena el coach, quien se encargará de supervisar el día a día de los pacientes hasta que Picrin les dé el alta.

Picrin-ok

Esto como una uva que se convierte en pasa, el peligro de volver a inflarla no desaparece hasta que logramos que la molécula pierda la memoria y no pueda volver a su tamaño inicial. También se puede eliminar por completo ese riesgo con una lipoaspiración. Eso, garantiza que la grasa no va a salir más en ese lugar, pero si uno no es capaz de matar el mal hábito de alimentación, esa grasa regresará en otro lugar. Si tú no operas la neurona que te hizo engordar estás condenado al fracaso”, explica.

Tras reforzar su equipo multidisciplinario y gracias a la incorporación de terapias de última tecnología, la clínica de Yaisy Picrin logró reducir de un 25 a un 10 por ciento la tasa de fracaso en los tratamientos. “Soy más partidaria del quirófano, los suplementos naturales y la fitoterapia que de los medicamentos que a la larga te lesionan los órganos y las arterias”, dice.