Con sus audaces fotos en bikini y piel mate, pocos podrían pensar que Irina Shayk (28) creció tapada hasta los dientes para sortear las temperaturas bajo cero de su natal Yemanzhelinsk, un pueblo ruso perdido casi en la frontera con Kazajistán.

Pero un concurso de belleza en esas remotas latitudes fue el primer paso para que cambiara la nieve por una paradisíaca playa en la foto de su vida: la portada de la edición 2011 de trajes de baño de Sports Illustrated. Un año antes preparaba ese camino en Chile. Sí, en San Pedro de Atacama posó para esa misma revista en su número más sensual. 

“Tengo tantas ganas de volver. Mi última visita fue muy corta, pero me impresionó el paisaje que conocí. Lo que vi fue increíblemente hermoso y la gente se portó muy amable conmigo. Estoy muy emocionada con este regreso y estar en el Santiago Fashion Week (este fin de semana en el Centro Cultural Palacio La Moneda) como invitada de Avon”, cuenta al celular desde Nueva York.

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Luego de la portada se estableció rápido como un símbolo sexual. Una fama que estalló cuando esa misma temporada partió su relación con Cristiano Ronaldo. Pero esta rusa es más que una ‘compañera hot’. Aficionada a la literatura y articulada, se lanza todo tipo de temas. Todavía le quedan muchos misterios que revelar, casi como su abuela espía.

—¿Cómo es lidiar con el título de la Mujer Más Sexy del Mundo?

—No me considero para nada así. ¡Menos cuando despierto! Ya sabes, me levanto, voy al gimnasio y tengo que arreglarme como todas. En la vida no luzco como en las alfombras rojas.

Su mezcla étnica la distinguió desde el primer día en la industria. “Mi mamá tiene ese estereotipo claro. Pero mi papá es tártaro, de una región cercana a Mongolia; allí tienen piel oscura y pelo ondulado. Me gusta que me confundan con italiana o brasileña cuando visito esos lugares”.

—Rusia es uno de los mercados más importantes para encontrar modelos. ¿Cómo es la competencia entre las chicas de tu país?

—Tengo que ser sincera… Aunque parezca extraño, no tengo idea. Llegué de casualidad acompañando a mi hermana a una escuela de concursos de belleza, me reclutaron. Nunca tuve que pelear mi lugar. Fui a París a los 20 y de allí crucé a Estados Unidos. Me llevo muy bien con las modelos. Pese a lo que se dice, no nos tiramos el pelo en bambalinas (ríe).  Además, si sé de otra chica rusa en el circuito, me siento muy orgullosa.

—Y cuando partiste, ¿te inspiraron otras top rusas, como Natalia Vodianova?

—La verdad es que ni sabía de ella. Mi pueblo era tan remoto, que no llegaban revistas de moda. No tenía idea del nombre de ninguna modelo. Supe de Natalia recién en París, porque mi mánager fue quien la descubrió.

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—¿Hay diferencias entre la Rusia que dejaste y la que ahora visitas?

—Amo mi país, con su gente, cultura y comida. Pero ahora me muevo entre Estados Unidos y Europa —me siento muy cercana con esta última—. No veo gran cambio. Mi familia y amigos están como siempre. Pasan los años y hay temas políticos. Pero es mi Rusia, que para mí es el mejor país del mundo porque soy de allí.

—Con un trabajo tan exitoso, ¿alguna organización rusa pro derechos de la comunidad gay ha pedido tu apoyo?

—No he tenido la experiencia. Como modelo me toca trabajar con diversas personas, gente de diferentes preferencias sexuales. Amo a mis amigos gay y no tengo por qué oponerme a ellos.

—Has dicho que una de tus fantasías es ser una espía rusa, ¿ser top model es la perfecta fachada para eso…?

—(Da una gran carcajada) Pero me refería en una película (vuelve a reír). Eso sí, te cuento que mi abuela fue espía en la II Guerra Mundial. ¡Me siento muy orgullosa de eso!

—Tu trabajo es ideal para ser agente, con los viajes y acceso a gente vip.

—No lo he vivido, así que no sé…

—¿Quizá me ocultas información?

—Nunca lo sabrás…

—¿Sigues escribiendo poesía?

—Desde el colegio amo la literatura. Me fascinan Dostoievski y Tolstoi, pero con mi agenda he dejado de lado trabajar en poemas.

—Y en el plano laboral, todo cambia cuando se aparece en la portada de Sports Illustrated. ¿Hacia dónde diriges tu carrera?

—Saltas a otro nivel. Ya no eres anónima y eres una figura en el mundo. De ahí te llaman para fotos de alta moda, desfiles y portadas importantes como Vogue. Ya participé en una película de Hollywood: Hércules.

—¿Quieres ser una marca como Cindy Crawford?

—Por supuesto. Ella es una de mis modelos favoritas y es un ejemplo cómo extendió su nombre más allá del modelaje. Tengo varios proyectos: desarrollar una línea de ropa y otros productos. Es todo un proceso. Va paso a paso.

—¿Y en el plano íntimo, ya empezaste una familia y eres ‘madrastra’ del hijo de Ronaldo?

—No comento mi vida personal… Definitivamente quiero una familia. Crecí en una casa donde mis padres se adoraban. Es algo que deseo, aunque en estos días estoy muy ocupada con mi trabajo: los desfiles, filmaciones y fotos.

—Eres una persona reservada, ¿cómo reaccionaste cuando te propusieron posar con Ronaldo en la portada de Vogue?

Mario Testino tomó las fotografías. El fue una de las tres personas que me descubrió y abrió las puertas en esta industria. Nada puede salir mal con él. No te niegas a Testino.