María Paz Díaz (28) llega al hotel Ritz-Carlton de Santiago acompañada de su pololo golfista y su mejor amigo fotógrafo. Con el pelo recién cortado por el mismísimo Sebastián Ferrer, uñas perfectas y en punta y sin una gota de maquillaje, avanza hacia el ascensor que la llevará al spa, donde realizará la primera sesión de fotos profesional para una revista, justo antes de viajar a Polonia para concursar en el Miss wheelchair 2017, un certamen de belleza internacional para mujeres en silla de ruedas.

No está nerviosa. Desde que perdió la movilidad de sus piernas producto de una bala que impactó en su cuerpo y le provocó una lesión medular, Marita —como la llaman— prácticamente perdió el miedo: “A los 18 años solo piensas en tu futuro. Cuando iba en la ambulancia de Constitución camino a Talca lo único que me pedía mi mamá era que no me quedara dormida. Yo no quería morirme, sentía que mi vida todavía no empezaba… No quería irme de este mundo”, recordará durante la entrevista sobre el accidente que protagonizó hace diez años.

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María Paz nunca fue de carretear. Ni siquiera en su adolescencia. Esa noche calurosa de febrero cumplía meses con un pololo. Por eso la noche la sorprendió fuera de la casa. Cuando volvían, una persona disparó a su auto y una de las balas le perforó el colon. Desde entonces no siente las piernas desde un poco más arriba de las rodillas hacia abajo. Sólo un dolor neuropático que está presente todos los días, todo el tiempo “como si se enterraran miles de agujas”.

No hay cura ni remedio, y tuvo que aprender a convivir con él. La ayudó especialmente su mamá, su familia (papá, dos hermanas mayores y un hermano regalón) y la Fundación Teletón, donde además conoció el tenis y se convirtió en deportista paraolímpica: “Nunca las cosas me han salido fácil. Toda la vida me costó el deporte, me arrancaba en educación física porque era incapaz de hacer la voltereta. Por eso mis amigos de siempre me dicen ‘quién te ha visto y quién te ve’. Es súper heavy asumir que ahora soy deportista, y eso es solamente porque me lo propuse. En la Teletón hay talleres de distintos deportes y una vez se me acercó un profesor para invitarme a participar en tenis porque les faltaba gente. Yo jamás en mi vida había agarrado una raqueta y encima tenía que aprender a manejar y a coordinarla con la silla. Empecé a ganar torneos y cuando me di cuenta estaba sentada al lado de Roger Federer, en Australia”, recuerda orgullosa.

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—¿Cómo llega una deportista paraolímpica a competir en un concurso de belleza?

—Mi foco estaba en el tenis, pero a mí de chica me ha gustado la moda, las fotos, el maquillaje. Mido 1,72 de pie y siempre me imaginé caminando por una pasarela. Un día me llegó un mensaje a través de Facebook invitándome a participar del Miss wheelchair. Al principio pensé que no era cierto, y cuando empecé a averiguar y era real me agarró una tranca enorme ¡porque justo me había puesto brackets! Contesté preguntando si eso sería un problema, y por supuesto me respondieron que no, que eran un accesorio, como una joya.

—Imagino que lo que buscan no es precisamente la belleza tradicional…

—En el fondo lo que se quiere demostrar con este concurso no es la belleza sino las diferentes actitudes en una misma persona. Ser femenina, ser positiva más allá de la silla, enfrentar miedos, ser una luchadora, empoderada y mirar siempre para adelante.

—¿Aceptaste enseguida?

—Al principio lo dudé pero ahora entiendo que es una oportunidad, que incluso capaz puede abrirme puertas en el mundo del tenis. Además, a partir del accidente, siento que tengo una misión y una responsabilidad, y creo que finalmente la descubrí, que es llevar el mensaje de que ‘sí se puede’, que estar así no es impedimento para salir adelante. Que no vale la pena encerrarse ni rendirse, y eso es válido para todas las personas que tal vez pueden caminar pero tienen otros limitantes, porque todo el mundo los tiene, y ese es mi propósito. Más que volver con la corona quiero mostrar que uno siempre puede vencer prejuicios y salir adelante.

—¿Y los frenillos?

—Ahora estoy evaluando si me los saco o no. Pero creo que no estoy dispuesta. Esta soy yo, no quiero disfrazarme de algo que no me identifica. Los brackets los quería hace tiempo y como digo siempre, soy como una Barbie de Mattel, ni la silla ni los brackets se venden por separado. Esta soy yo. La actitud positiva y proactiva de María Paz es contagiosa. Llama la atención la seguridad con la que se mueve, y la energía que irradia a su alrededor. Posa con gracia, revisa las imágenes, corrige movimientos.

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—¿Cuáles son los principales aprendizajes que te dejó el accidente?

—Pienso que si uno no está bien internamente, difícilmente pueda estarlo para los demás. Que tu cuerpo, o que tu cabeza cambie, te hace pasar por una crisis enorme. Y ese proceso de aceptarme fue bien fuerte, pero al mismo tiempo hizo que me quiera más y que confíe más en mí. Ahora sé que el foco debe estar en las capacidades que tengo, y no en las que no tengo. Lo más importante es poder valorar la vida. Darme cuenta de que todos somos frágiles y que en cualquier momento todo puede modificarse. El destino, el cuerpo, todo puede cambiar en un minuto. Por último, tener esta vida de deporte, de recorrer el mundo, aprender idiomas y culturas, para mí ha sido genial y es impagable. Si no hubiese tenido el accidente, no podría haberlo logrado. Por eso no cambiaría nada de todo lo que me ha pasado.