Fellini, el gran Federico Fellini, de seguro estaría de muerte. El cineasta italiano —director de clásicos como La dolce vita, Ocho y medio o Amarcord— dio pruebas suficientes de que en materia de mujeres aquello que lo enloquecía era un regazo abundante. Sus musas siempre lucieron un escote generoso. Ahí están Anita Ekberg, sumergida en la Fontana di Trevi, o Giulietta Massina, quien se casaría con el director italiano. La muerte —cuyas medidas antropométricas tienen poco que ver con la abundancia— lo libró de un padecimiento mayor: ser testigo de cómo la moda reivindica un busto modesto y sutil, por encima de la fiebre de siliconas que alcanzó su cénit hace menos de una década.
La exuberancia se bate en retirada. Sobran las evidencias.

Dos de las más grandes compañías de moda —una italiana y otra inglesa— acaban de fichar como rostros de la marca a figuras estilizadas que llevan la elegancia en el pecho, las actrices Sienna Miller y Cate Blanchett.

Además, las que ayer pagaron por llenar el vacío que tenían en el escote hoy van en reversa, sin importarles volver a pasar por el bisturí. Actrices como Demi Moore, Salma Hayek y Heather Morris ya redujeron su volumen mamario. Sin duda, el caso más emblemático es el de Victoria Beckham. La modelo ya se había operado dos veces para aumentar su busto —en 1999 y 2001—, cuadriplicando el tamaño original, cuando decidió que ya era suficiente, que había que volver atrás porque su condición de madre y su nueva carrera como diseñadora lo exigían. Así, en 2009, Beckham sepultó su imagen de mujer de futbolista para adquirir, mamoplastía reductiva mediante, un look más sofisticado.

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La moda va y viene a lo largo de la historia. En la Edad Media, por ejemplo, los pechos pequeños copaban el imaginario. Las mujeres se casaban y eran madres alrededor de los trece años —con un desarrollo mamario mínimo— y morían, probablemente, alrededor de los 25. Con la llegada del Renacimiento y la extensión de la expectativa de vida, la tendencia varía y un busto más rebosante pasa a ser el canon estético.

Es interesante cómo los fenómenos sociológicos condicionan la moda. En la década del ’20 y en los ’60, cuando ellas lucharon por igualarse a los hombres, trataron de ocultar sus pechos, iconos de la maternidad —qué mejor ejemplo que Twiggy, la delgada modelo, referente sesentero—. Como contrapartida, tras la Segunda Guerra Mundial vuelve la moda de los senos abultados: Freud diría que después del horror, el hombre necesitaba volver al pecho materno.

Pero en nuestro país, ¿vuelve el recato y la elegancia bajo el escote?. “Chile suele seguir con cierto rezago las tendencias impuestas en el hemisferio norte. La misma cirugía plástica lo ha demostrado. El aumento de las intervenciones estéticas que en el mundo se dio con gran fuerza hace más de una década acá comenzó un poco después”, dice Patricio Léniz, jefe del servicio de cirugía plástica de Clínica Alemana.
Efectivamente, en los últimos 15 años, este tipo de operaciones ha crecido en el país de manera explosiva. La exigencia de una mejor calidad de vida, el aumento de la obesidad, la mayor seguridad en las clínicas y la disminución del riesgo anestésico, junto con el abaratamiento del costo de las intervenciones, han contribuido a esa explosión. En esa línea, las operaciones más requeridas son: liposucción y aumento mamario; que juntas se llevan poco más del 50 por ciento de la demanda. Mientras, las reducciones mamarias se cifran en cerca de un 10 por ciento del total.

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“La tendencia viene de las naciones del norte, donde se ha impuesto un modelo de mujer más delgada. No como Twiggy, pero sí con volúmenes mamarios correspondientes a una copa B, 300 a 350 cc de promedio. Hay mujeres que han optado por cambiar sus implantes, por reducir el tamaño. Buscan que sigan siendo atractivos pero dentro de una naturalidad”, afirma el cirujano plástico Roy Sotters, quien atiende en Viña del Mar y Santiago.
El fenómeno, en todo caso, no ha alcanzado las dimensiones que ofrece en otros lugares del mundo. “Lo que ocurre es que el boom del aumento mamario que se registró en Chile no tuvo las connotaciones de países como Estados Unidos. Las chilenas optaron en su momento por volúmenes más proporcionados. En relación al mercado norteamericano. Los aumentos acá eran un 40 o 50 por cientos menos que en EE.UU. Si allá las prótesis promedio están por encima de los 350 cc; acá, rondan los 250 cc”, explica Léniz.

Lo evidente es la mayor precocidad de las pacientes al momento de someterse a esta cirugía. Lo dice Léniz, a la luz de lo que ha sido su experiencia en la Alemana: “Las chiquillas ya no esperan. Lo que antes se hacían a los 25, 30 o 40 años, hoy lo hacen en edad escolar”.
Rodrigo Cabello, miembro titular de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica —clínicas Santa María y Lo Arcaya— tiene una vasta experiencia: “A lo largo de mi vida profesional, me he encontrado con pacientes muy jóvenes que llegan a la reducción mamaria porque el problema que sufren afecta su autoestima. No tiene que ver con lo que ocurre en el mundo de la televisión, en donde se exacerba un busto grande. Para las jóvenes es molesto: no se pueden poner cualquier ropa, existe una incomodidad física por el peso, pero sobre todo está el desmedro de su propia imagen”, dice.
Otra condicionante para reducir el pecho tiene que ver con el aumento de la actividad deportiva. Las demandas de salud y estéticas han llevado a la población a realizar más deporte y, en ese plan. el trote, el ciclismo o el fútbol, por poner ejemplos, suelen no ser del todo compatibles con medidas mamarias muy voluminosas.

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Con todo, no es una intervención simple, cuando menos comparada con un aumento mamario. Mientras éste toma en el quirófano entre una hora y hora y media, la reducción se realiza en dos a tres horas y media. “Está también el tema de las cicatrices postoperatorias. En una reducción, las observas alrededor de la areola, verticales en la mama, y a veces horizontales, según la técnica que se ocupe; en cambio, en un aumento, hay una cicatriz de 4,5 cm en la areola o en el surco submamario o en la axila. Es mucho más chica. Y el período de recuperación también es más largo cuando se achica el pecho. Si en el aumento, a la semana y diez días puedes observar el resultado definitivo, en una reducción la evolución toma entre 6 a 8 meses”, explica Léniz.

Como fuere, más allá de las modas, la búsqueda de un pecho perfecto seguirá siendo anhelo de mujeres y obsesión de los hombres. ¿Cuál es la forma ideal? No hay consenso, pero como explica Roy Sotters, en las convenciones de cirujanos han llegado a algunos acuerdos: “Debe ser estéticamente atractiva, en forma de gota, con más volumen abajo que arriba, que sobresalga un poco del tórax, porque eso embellece la cintura y hace que las proporciones con las caderas resulten más atractivas”.